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Friday, October 2, 2026

TSMC quiere repartir su apuesta estadounidense entre Arizona y Texas. Y Europa se queda mirando

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El complejo de fábricas que está construyendo TSMC en Arizona (EEUU) es titánico. Su primera planta de producción de semiconductores de este campus inició la operación hace dos años, aunque no alcanzó la fabricación a gran escala en el nodo N4 (4 nm) hasta el año pasado. No obstante, este es solo el primer eslabón de la cadena. La segunda planta estará operativa en 2028 y fabricará circuitos integrados en los nodos N3 (3 nm) y N2 (2 nm).

Y, por último, la tercera fábrica no estará lista del todo hasta finales de esta década y producirá chips en el nodo N2 (2 nm) o, incluso, en un nodo todavía más avanzado. Estas instalaciones son cruciales para que EEUU reduzca su dependencia de los chips que proceden de Asia, por lo que es razonable prever que los problemas que están lastrando la construcción de estas fábricas se terminarán subsanando.

Este proyecto no solo es importante para EEUU; también es crucial para TSMC. Su campus de Phoenix permitirá a medio plazo a esta compañía responder con más eficacia a la enorme demanda de circuitos integrados para aplicaciones de inteligencia artificial (IA). Y, además, reforzar su infraestructura fuera de Taiwán es una medida de cautela frente a un posible conflicto futuro con China. Este escenario, de hecho, ha propiciado que TSMC esté sopesando la posibilidad de construir un segundo gran polo de fabricación de chips en EEUU.

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Texas es un candidato idóneo

El estado de Texas tiene un ecosistema de fabricación de semiconductores maduro. Samsung y Texas Instruments tienen fábricas de chips muy importantes en Austin, Taylor, Dallas, Richardson y Sherman. Además, el proyecto Terafab de Elon Musk residirá probablemente en Austin y proyecta la construcción de dos grandes líneas de fabricación de chips. Una abastecerá a Tesla, y la otra a SpaceX. Las plantas de Samsung, Texas Instruments y otras compañías más pequeñas han propiciado, además, que la cadena de suministro sea muy robusta.

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Estos ingredientes son muy atractivos para TSMC. Tanto, de hecho, que según Bloomberg y DigiTimes está planeando construir en Texas un campus tan ambicioso como el que está desplegando actualmente en Arizona. Por el momento este proyecto está tomando forma y no hay nada confirmado oficialmente, pero estos medios han anticipado que probablemente incluirá varias fábricas de circuitos integrados y requerirá decenas de miles de millones de dólares de inversión. Cada fábrica podría costar al menos 20.000 millones de dólares, que es lo que suele exigir una planta de vanguardia.

Cada fábrica podría costar al menos 20.000 millones de dólares, que es lo que suele exigir una planta de vanguardia

Que este proyecto salga adelante no depende solo de TSMC. En gran medida está en las manos del Gobierno de EEUU porque sin incentivos fiscales jugosos difícilmente se llevará a cabo. Esta compañía taiwanesa asume una parte importante del coste que conlleva la puesta en marcha de sus nuevas plantas, pero no todo. De hecho, el crédito fiscal del 35% aprobado en 2025 por el Congreso es uno de los principales mecanismos con los que EEUU está intentando atraer a su territorio la fabricación de chips avanzados.

Sea como sea, esta moneda tiene otra cara: Europa. La fábrica de chips que TSMC está construyendo en Dresde (Alemania) costará algo más de 10.000 millones de euros, más o menos la mitad que una sola de las plantas de Arizona. Además, esta instalación no pertenece solo a TSMC; estará gestionada por una empresa conjunta en la que también participan Bosch, Infineon y NXP Semiconductors, que cuentan con una participación del 10% cada una, mientras que TSMC controla el 70% restante.

No obstante, por el momento no hay ningún indicio que nos invite a prever que esta última compañía planea expandir más su infraestructura europea.

Imagen | TSMC

Más información | Bloomberg | DigiTimes

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