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Wednesday, October 21, 2026

Daisy Edgar-Jones, actriz de 'Sentido y sensibilidad': "No siempre consigues sentirte orgullosa de la película terminada. Cuando sucede, es un regalo"

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Es una verdad universalmente reconocida que las novelas de Jane Austen nunca pasan de moda. Desde las adaptaciones homónimas de ’Emma’, ’Persuasión’ u ’Orgullo y prejuicio’, hasta reinterpretaciones pop como ’Clueless (Fuera de onda)’ (A. Heckerling, 1995) o ’El diario de Bridget Jones’ (S. Maguire, 2001), el cine y la televisión han hecho del universo de Austen un filón inagotable. Prueba de ello ha sido el éxito de la reciente serie de la BBC ’La otra hermana Bennet’ o la próxima ’Orgullo y prejuicio’ encabezada por Emma Corrin para Netflix. Ahora, una nueva lectura toma el relevo de la célebre versión de ’Sentido y sensibilidad’ que Ang Lee dirigió en 1995, con Kate Winslet y Emma Thompson –también autora del libreto ganador del Oscar a Mejor Guion Adaptado– al frente del reparto.

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Reservado magnetismo

Cuando me llamaron para ofrecerme el papel de Elinor, no me lo creía, nos cuenta Daisy Edgar-Jones (Londres, 1998) por videollamada desde un coqueto estudio londinense. Me encantan las historias con heroínas fuertes como ella. El personaje, tan complejo como contenido, abre un nuevo capítulo para la actriz, consolidando su lugar en el olimpo de las protagonistas austenianas donde ya figuran Gwyneth Paltrow, Keira Knightley o Anya Taylor-Joy. Aunque creció con la interpretación muy presente –su padre, Phil Edgar-Jones, es director de Sky Arts–, no tuvo claro que quería dedicarse a ello hasta que ingresó en el prestigioso National Youth Theatre of Great Britain, cantera de intérpretes como Helen Mirren o Kate Winslet.

Con solo 17 años debutó en la serie ’Outnumbered’, pero fue ’Normal People’, durante aquel pandémico 2020, la que la puso en el mapa. Su reservada interpretación frente a Paul Mescal en la adaptación de la novela de Sally Rooney le valió una nominación al Globo de Oro y, en los seis años transcurridos desde entonces, se ha confirmado como una de las actrices más prometedoras de su generación, desplegando su magnetismo junto a Sebastian Stan en la ácida ’Fresh’ (M. Cave, 2022), Glen Powell en ’Twisters’ (L. I. Chung, 2024) o Jacob Elordi en ’Indomables’ (D. Minahan, 2024). Ahora, vuelve a un lugar donde parece sentirse especialmente cómoda: el de una heroína que tiene mucho que callar y todavía más que decir.

Pese a ser una de las novelas más populares de Jane Austen, ’Sentido y sensibilidad’ no es la que más veces se ha adaptado al cine.

Sí, es curioso. Y eso que se presta a la adaptación porque, aunque se escribió hace más de 200 años, explora cosas muy atemporales: la hermandad, el desamor, la presión social… Me alegré mucho cuando supe que querían volver a explorarla. Al crecer en Londres, Jane Austen siempre ha formado parte de mi cultura y la película de Ang Lee es una de mis favoritas. Tenía mucha curiosidad por descubrir qué podíamos aportar ahora, y la visión de Georgia (Oakley) me cautivó. Para mí es, ante todo, una historia de amor entre dos hermanas, y estoy especialmente orgullosa de que lo hayamos capturado así. Esmé Creed-Miles y yo, además, nos conocemos desde hace muchos años: trabajamos juntas por primera vez en ’Pond Life’ (2018), cuando yo tenía 19 y ella 17, así que esa sensación de hermandad estaba ahí desde el principio.

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¿Asumir un personaje tan memorablemente interpretado por Emma Thompson le generó una presión adicional o prefirió verlo como una inspiración?

Una inspiración, definitivamente. La interpretación de Emma siempre ha sido una de mis favoritas. Un gran mérito del trabajo de Austen es que sus historias puedan explorarse una y otra vez, sin repetirse. Personalmente, nunca me canso de descubrir nuevas versiones. ¡Dadme todos los ’Orgullo y prejuicio’ posibles! (risas). Creo que, además, en un momento en el que estamos tan rodeados de una realidad digital tan pulida y aparentemente perfecta, resulta maravilloso escapar a una época más sencilla en muchos sentidos y reencontrarse con unas protagonistas tremendamente fuertes, que tuvieron que valerse por sí mismas tras perder su fortuna.

Hay un dicho que sostiene que toda película de época habla más del presente que del pasado que retrata. Aunque las reglas del amor en la Regencia eran muy distintas a las de hoy, su esencia sigue siendo sorprendentemente actual.

Me encanta ese dicho. Soy una gran romántica, así que las historias de amor siempre son algo que disfruto viendo, leyendo y escuchando. Lo maravilloso del arco de Elinor es que solemos reducirla al sentido, frente a la sensibilidad de Marianne, cuando en realidad está llena de pasión y emoción. Hay una cita de la novela que se me quedó grabada y que expresa precisamente eso: Elinor rebosa sensibilidad, pero sabe mantener ese sentimiento a raya. Interpretar a un personaje tan contenido, que está perdidamente enamorada pero no puede decirlo, da mucho juego, porque creo que el cine es uno de los pocos medios que nos permite acercarnos tanto a personajes así, capaces de decir mucho más con los ojos que con las palabras. También es el paisaje perfecto para el anhelo, sobre todo las películas de época, cuando no existían los mensajes de texto y solo podías esperar una carta mientras te preguntabas qué sentía la otra persona. Esa espera, esa incertidumbre, te consumía por dentro, pero también era parte del romance.

Hija única, pero bien acompañada

Sus próximos proyectos no podrían ser más diferentes: un thriller con Michelle Williams, una serie de comedia junto a Nicholas Hoult, una película de atracos con Denzel Washington… ¿Hasta qué punto busca el desafío a la hora de elegir un nuevo papel?

Rodé ’A Place in Hell’, de Chloe Domont, antes que ’Sentido y sensibilidad’ y fueron experiencias muy distintas. Fue muy divertido porque mi personaje es bastante extremo (risas). Disfruté muchísimo el reto de pasar de eso a Elinor Dashwood. Ahora que me acerco a la treintena, pienso cada vez más en los papeles que quiero interpretar. Me interesa que sean sorprendentes, que supongan un desafío y, sobre todo, que me permitan salir de mi zona de confort, mostrando facetas que todavía no he explorado.

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Menciona que el corazón de esta historia no es el romance, sino el vínculo entre las hermanas. Me sorprendió descubrir que usted es hija única.

Es muy interesante porque, como hija única, eres a la vez la mayor, la mediana y la pequeña. Al no tener hermanos de tu edad mientras creces, tus amigos pueden acabar convirtiéndose en tu familia. Sé que suena un poco cliché, pero yo he sentido eso en algunos trabajos, donde he encontrado personas que realmente considero parte de mi familia. También dicen que los hijos únicos somos peores negociando porque nunca tuvimos hermanos con los que aprender a hacerlo, y me identifico bastante con eso. Quizá, de forma inconsciente, pude trasladárselo a Elinor: aunque es la mayor, es quien intenta facilitar las cosas y mantener la armonía entre sus hermanas.

Es curioso cómo a muchas hijas únicas siempre nos han fascinado historias como esta, quizá porque nos permiten imaginar un vínculo que nunca tuvimos de pequeñas. ¿También lo siente así?

Absolutamente. La hermandad es algo que siempre me ha fascinado y acompañado en la pantalla, desde ’Mujercitas’ hasta ’Sentido y sensibilidad’. Lo interesante de estas hermanas es cómo se han encasillado mutuamente: Elinor ve a Marianne como demasiado sensible y ella percibe a Elinor como fría. Lo bonito es ver cómo, poco a poco, se permiten aceptarse tal y como son. Creo que, en el fondo, es una historia sobre encontrar el equilibrio, cosa que también intento hacer en cada trabajo que empiezo.

Aprender a soltar

La película muestra que los vínculos más fuertes sobreviven al paso del tiempo y usted ha mantenido amistades con varios compañeros de reparto a lo largo de los años, desde Paul Mescal hasta Esmé Creed-Miles. ¿Cuán difícil es conservar esas relaciones en una industria tan cambiante?

He tenido mucha suerte porque en cada trabajo he encontrado alguna gran amistad. De hecho, hace poco fui dama de honor de una amiga que interpretó a mi gemela en mi primera serie de televisión y a la que conozco desde los 17 años. Creo que, como actores, a veces olvidamos que también somos un equipo, al igual que el departamento de arte o de sonido, y es maravilloso cuando todos nos sentimos parte de un mismo grupo que se cuida y se apoya. Siempre intento cultivar eso en mis trabajos, porque cuando existe confianza y familiaridad, todo resulta mucho más divertido.

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Rodar en 35 mm tiene una magia especial, pero también exige limitar el número de tomas. ¿Qué supone ser perfeccionista en una profesión donde hay tantas cosas que escapan a su control?

¡Gracias por esta pregunta! (risas). Es complicado y, de hecho, probablemente sea una de las partes más desafiantes de mi trabajo. Soy una persona que vive mucho en su cabeza, así que aprender a soltar el control puede resultar muy liberador. Creo que ser actor consiste, en parte, en ofrecer diferentes colores y texturas para que el cineasta pinte después su propio retrato. A veces ves la película terminada y piensas: Bueno, yo habría utilizado azul, pero han elegido morado. Ahí está la magia de trabajar con alguien que tiene una visión. Por eso, cuanto más trabajo, más valoro colaborar con cineastas que realmente me inspiren, como Georgia Oakley. No siempre consigues sentirte orgullosa de la película terminada. Cuando sucede, es un regalo.

¿Qué tal se lleva Daisy, la actriz, con Daisy, la espectadora? ¿Le cuesta verse en pantalla?

Es un poco aterrador. Me lleva un segundo acostumbrarme a ver mi cara de perfil (risas). Creo que no es muy natural observarse a uno mismo y cuesta desprenderse de los nervios o las expectativas. Pero es maravilloso cuando una película consigue atraparte lo suficiente como para olvidarte de que estás ahí. No siempre veo mis proyectos, porque siento que para entonces mi parte ya está hecha. Me gusta hacerlo para ver cómo las distintas piezas encajan en la visión del cineasta, para celebrar el trabajo de todo el equipo y poder decir: ¡Bien hecho, compañeros!

Sin filtros ni maquillaje

Uno de los lemas de la película dice: Ser complaciente nunca fue bueno para una mujer. En una industria tan basada en la colaboración, ¿cómo encuentra el equilibrio entre ser una buena compañera sin caer en la complacencia?

Es un equilibrio que todavía estoy aprendiendo a manejar: trabajar de forma constructiva y compasiva sin olvidar que también tengo que cuidar de mí misma. Creo que Elinor es el personaje con el que más me identifico, porque a veces tiende a dejarse a sí misma en segundo plano. Me gusta mucho el concepto de ser compasivamente directa: poder ser clara y profesional sin perder la amabilidad. Rodar puede ser un entorno muy estresante porque dependes de tus compañeros, del clima o del presupuesto, así que creo que actuar siempre desde la empatía es fundamental.

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Según palabras de la propia directora, evitar la fetichización de la época permitió centrarse en la verdad emocional de los personajes.

Eso es lo que me fascinó de esta versión: lo vivida y real que se siente. Reutilizábamos, compartíamos y rompíamos la ropa, no llevábamos maquillaje y hasta los vestidos estaban teñidos de forma natural. Todo contribuía a que estas mujeres parecieran reales, no personajes sacados de una revista. De hecho, Georgia quería que no tuviéramos ni una gota de maquillaje. Alguna vez le pedía un rizador de pestañas y me decía: No (risas). Eso generó una sensación de despreocupación real en los personajes, lo cual es emocionante de ver en pantalla porque es algo a lo que no estamos acostumbrados. De ahora en adelante, solo quiero trabajar con cineastas que tengan una mirada propia y reconocible.

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