Evelyn Matthei: “Al final, republicanos trabajan nomás con republicanos”

Filodendros, camelias, rosas, azaleas, un ciruelo en flor y un kumquat cargado de frutos naranjas -regalo de Sebastián Piñera- forman parte del jardín que Evelyn Matthei (72) cuida en su casa de Los Dominicos, la misma que construyeron sus padres a mediados de los años 70 y que ella no está dispuesta a dejar, pese a la construcción en altura que se levanta en el sitio vecino.
La experimentada dirigenta de la derecha tampoco piensa abandonar la política, como algunos pudieron suponer después de su dura derrota en las últimas elecciones presidenciales, donde llegó quinta en la carrera que dominó José Antonio Kast. Desde esa posición, la también exalcaldesa, exsenadora y exministra observa con distancia crítica el arranque de su gobierno y cuestiona lo que considera un desempeño deficitario en sus primeros meses.
“Tengo una trayectoria que me ha dado voz y la voy a usar”, afirma.
El Presidente Kast está entrando en su séptimo mes con una caída importante de aprobación. A su juicio, ¿hay un problema de gestión o de diseño político?
De ambos, pero creo que lo más grave es el diseño político del gobierno. Gobernar es muy complejo, son muchas carteras (25), casi la misma cantidad de ministros con distintas prioridades y diferentes partidos. Están los intereses de la oposición, de los grupos de presión y, obviamente, en el centro de todo, están los problemas que más complican a la ciudadanía. Manejar todo eso en forma armónica, sistemática, coordinada, es muy difícil. Se hace más difícil todavía cuando hay una doble estructura de poder, una formal y otra en las sombras, que es la que está primando, la que hoy manda.
¿Cuál es la estructura en las sombras que hoy manda en el gobierno?
El quinteto integrado por el Presidente, sus asesores Alejandro Irarrázaval y Cristián Valenzuela, y los ministros (Jorge) Quiroz y (Martín) Arrau. El problema es que existe un ministro del Interior (Claudio Alvarado) que debiese ser el jefe político y el que ordene al gabinete, y uno nota que lo baipasean, al punto de reconocer que no estaba enterado de que varios de sus pares habían presentado ante el Tribunal Constitucional un requerimiento importante contra un artículo de la Ley de Reconstrucción. Uno ve, además, a estos ministros que casi mandan a callar en público a compañeros del gabinete.
¿A qué episodios se refiere?
El ministro Tomás Rau (Trabajo y Previsión Social), quien es un economista muy bien considerado y querido, y quien ha convocado a profesionales de peso para ver cómo enfrentar la emergencia laboral, planteó que era muy difícil, casi imposible, reducir al 6,5% la tasa de desempleo (hacia el final del mandato de Kast). El ministro Quiroz le respondió por la prensa que el gobierno mantenía esa meta. Lo mismo pasó con Arrau y May Chomalí, con Quiroz y Poduje. Es decir, suele pasar que alguien de estas cinco personas que están en la estructura del poder real, pero en las sombras, pasan a llevar a sus compañeros, que debieran estar empoderados para realizar bien su trabajo. Eso aquí y en la quebrada del ají causa problemas graves.
En todos los gobiernos, y de todos los signos, han existido diferencias al interior de los gabinetes. Es parte de…
Pero aquí existe un problema estructural. Un gobierno no puede tener dos organizaciones paralelas de poder, una con ministros fuertes y otra con ministros débiles y algunos que ni siquiera se sabe que existen. En este esquema se producen diferencias, y lo que uno también echa de menos es que no hay una instancia de solución de conflictos, de controversias, de distintas opiniones. No se ve a alguien que controle el progreso del programa, que coordine y que prenda la alarma cuando algo se está haciendo mal.
“El hecho de no tener ningún cargo ni responsabilidad legislativa o ejecutiva me da la libertad para decir las cosas buenas y las malas. Si muchas veces ese análisis molesta, es porque está apuntando a problemas reales”.
Aparte del presidente, ¿debería haber un director de orquesta que ordene al gobierno desde el Segundo Piso?
El director de orquesta es el presidente y no puede ser reemplazado, salvo por el ministro del Interior. Lo que ocurre en los gobiernos es que cuando un ministro dice una cosa y otro dice otra, se le pide una reunión al presidente, se exponen las dos visiones, se hacen los estudios necesarios y finalmente el presidente corta el queque. Eso acá no se ve. Entonces, da una sensación de desorden. Y como si eso fuera poco, también hay un problema con los partidos que no se sienten representados, y al final del día son ellos los que le dan el sustento al gobierno en el Congreso.
¿Falta más política, ministros más experimentados, como ocurrió en el comienzo del primer gobierno de Piñera?
Falta entender cómo se ejerce el mando. La falta de política y de administración son consecuencias, son un síntoma, porque no existe un equipo cohesionado con un mando y un diseño claro. Entonces, no sabemos bien hacia dónde vamos caminando y por qué, y cuáles son las principales tareas de cada uno de los ministerios.
¿Cree que Kast se farreó el 62% del Rechazo, que buscó representar en el gabinete?
Bueno, es evidente que no lo ha logrado congregar, que no ha podido crear una mística, que no ha logrado que esa gente y los sectores (que apoyaron el Rechazo) se sientan parte de un mismo proyecto. Eso no existe.
De sus palabras desprendo que comparte lo que dijo recientemente la senadora Paulina Núñez (RN), en cuanto a que se requería una cirugía mayor en el gabinete.
Paulina Núñez dijo en público lo que todo el mundo dice en privado, que es obvio. Ahora, usted puede cambiar algunos ministros por otros más avezados, pero si mantiene este diseño con una doble estructura de poder, los problemas van a seguir. O sea, esto no pasa meramente por un cambio de personas.

“La centroderecha tiene todo por delante”
¿Por qué persisten las diferencias entre los partidos de gobierno, particularmente entre republicanos y RN? Ello, además, de las diferencias de diagnóstico.
Porque son estilos muy distintos de hacer política. Básicamente, lo que uno no ve es una decisión central de generar confianzas. Confianza en el día a día, que se construye con pequeños actos todos los días, donde siempre va a haber problemas y debe haber la voluntad férrea de solucionarlos y llegar a acuerdos. También confianzas hacia el futuro, en el largo plazo.
¿Sigue existiendo una pugna entre la derecha republicana y Chile Vamos al interior del gobierno?
Lo que uno ve es que republicanos quiere seguir con el camino propio, ahora y en las próximas elecciones, y eso impide generar confianzas. Entonces, este ya no es un problema que un ministro dijo una cosa y un senador dijo otra. No. Este es un problema de desconfianza básica, de falta de equipo cohesionado y de falta de un norte común. Eso no pasa por un cambio de ministros.
¿Ve poco posible que se cree una coalición, desde republicanos a Evópoli, para institucionalizar la relación de los partidos con el gobierno?
Tal cual están hoy día las cosas, es obvio que las cosas no van para allá. No sé lo que irá a pasar en el futuro.
¿Cómo ve el proyecto de Chile Vamos, o de los partidos que apoyaron su candidatura, ahora con Kast? ¿Se ha diluido?
La centroderecha tiene todo por delante.
¿La UDI ha sido fagocitada por los republicanos?
Hay que verlo. No sabemos todavía qué es lo que viene en la UDI, si va a haber elecciones internas o no. Yo entiendo que cuando uno está en el Congreso y está partiendo un gobierno, el deber es apoyarlo. Lo que no se sabe es cuánto va a durar este apoyo. En la UDI eso va a depender mucho de sus futuras autoridades.
“Se cortó el gasto, pero la consecuencia es cesantía”
La última encuesta Criteria arrojó que usted, según los consultados, habría manejado mejor la crisis económica y de seguridad.
No me cabe duda.
¿Qué le faltó al gobierno para encarar mejor esta crisis económica y de desempleo?
Le falta equipo y le sobra soberbia. (“Es una respuesta muy dura”, comenta Matthei). Le falta haberse caído, tú sabes que el haberse caído, en general, trae un poquito de humildad.
Pero Kast se cayó varias veces antes de llegar a ser presidente.
Yo estoy hablando de economía.
¿Cree que la dirección del ministro Quiroz es la correcta?
Me parece que, en general, el proyecto de reconstrucción era indispensable. Va a aumentar la inversión y el crecimiento, y cualquier economista razonable hubiera hecho eso. Yo tuve dos grandes discrepancias: el crédito tributario a las empresas por su contratación de trabajadores, que costaba US$ 1.400 millones anuales, que finalmente se cayó. Y lo que se anunció esta semana con el plan de emergencia de empleo son US$ 91 millones para este año y el próximo (piensa y dice “no quiero decir otra pesadez”). La otra medida que no comparto es el haber dejado sin pago de contribuciones a personas con más recursos del país y en algunos casos por casas que cuestan millones de dólares.
Aparte de la megarreforma, ¿qué le parece la gestión del ministro de Hacienda?
Todo lo que es recorte presupuestario fue hecho en forma muy tosca. Cortar el gasto y, por ende, las inversiones es lo más fácil de hacer, pero hoy estamos pagando las consecuencias. Ahora nos enteramos que, a julio, Obras Públicas había ejecutado no más del 40% del gasto que tenía en el presupuesto. Vivienda, en tanto, alrededor del 33%. Claro, se cortaron los gastos, pero la consecuencia es cesantía.
Cuando usted fue ministra del Trabajo, entre enero de 2011 y julio de 2013, se generaron miles de empleos, ¿por qué esta administración no ha podido hacerlo?
Había condiciones de crecimiento muy distintas. Las modificaciones políticas y económicas hechas durante Bachelet 2 hicieron un daño feroz a nuestro país, desde el cambio al sistema electoral, que fragmentó la política, a la reforma tributaria, que fue un golpe feroz a la economía.
Muchos economistas, la mayoría de derecha, culpan al conjunto de reformas del gobierno de Boric por la pérdida de más de 80 mil puestos de trabajo.
Las cosas han ido de mal en peor. En un momento en que el desempleo estaba por sobre el 8% hubo cuatro leyes que encarecieron fuertemente la contratación: la reforma previsional, que aumentó la cotización, la Ley 40 horas y el aumento sustantivo del salario mínimo, que ha dejado a mucha gente en el sistema informal. Y bueno, la Ley Karin, que ha sido un desastre.
El exministro del Trabajo Giorgio Boccardo dijo esta semana que no hay un estudio serio que asocie estas reformas con la situación actual del empleo.
El señor Boccardo creerá que el Banco Central hace estudios poco serios, porque ellos han planteado que el salario mínimo ha impactado fuerte en el empleo.

“Si mi análisis molesta, es porque está apuntando a problemas reales”
¿El gobierno ha logrado cumplir la promesa de mejorar la seguridad o es muy poco tiempo para un balance?
¿Ha habido una disminución en el ingreso de migrantes ilegales? Sí. Eso es por las medidas que ha adoptado el gobierno o porque la situación en Venezuela es menos grave. Probablemente, una mezcla. ¿Ha habido más expulsiones? Sí. Llevan alrededor de las 3.000, bien lejos de las 300 mil (que prometió Kast en su campaña). En todo caso, estoy segura de que Frank Sauerbaum, que está a cargo de eso, está haciendo su mejor esfuerzo. ¿Han disminuido los homicidios? Sí, aunque venían disminuyendo desde antes. Ahora, cuidado. Las disminuciones de homicidios pueden deberse a dos cosas muy distintas. Una, es por el aumento del control estatal, y dos, porque las bandas criminales ya conquistaron su terreno y ya no necesitan seguir matando para eso.
“Todo lo que es recorte presupuestario fue hecho en forma muy tosca. Cortar el gasto y, por ende, las inversiones es lo más fácil de hacer, pero hoy estamos pagando las consecuencias”.
¿Hay una diferencia entre la estrategia de seguridad que usted habría implementado y la que está aplicando Kast?
Total. Era otra cosa. Nuestro programa de seguridad tenía 12 puntos, liderados, cada uno de ellos, por una persona con una trayectoria profesional importante. Uno de ellas era el mejoramiento sustantivo de escáner e inteligencia artificial en los aeropuertos y puertos para hacer más difícil la exportación o importación de drogas. Teníamos decidido tener una unidad que identificara los bienes mal habidos de los grupos criminales, en la que podría haber estado la exsenadora Luz Ebensperger. En el control de la corrupción al interior de Aduanas, Gendarmería, PDI, Carabineros, jueces, uno podría tener a Juan Manuel Santa Cruz, en vez de estar de embajador, o un Cristián Alveal, quien viene hablando desde hace tiempo de la corrupción en Gendarmería. Otra de las áreas era la Prevención, donde teníamos muy buena gente con experiencia.
¿Ve mezquindad política en que no hayan llamado a expertos que trabajaron en su programa?
Lo que yo veo es que, al final, republicanos trabajan nomás con republicanos. Confían en ellos. No veo que tiendan lazos de confianza verdadera con personas que no son republicanos. Nombraron a un ministro por acá, otro por allá, pero los que toman las decisiones son esos cinco que le nombré anteriormente y no delegan. Uno ve que en diversos ministerios está lleno de gente muy joven, todos republicanos, pero sin experiencia política ni laboral. En ellos son en los que confían, y perdón, pero todavía no tienen la capacidad de hacer este tipo de trabajo del que estoy hablando. Para eso se requiere más edad y mayor trayectoria.
¿Cómo vislumbra su futuro político?
No lo sé todavía. Me han ofrecido senadurías, gobernaciones... Sale en la prensa, pero no he dicho nada y no voy a decir nada. Lo que estoy haciendo ahora es, básicamente, análisis en tres áreas: política, economía y seguridad, que son los ámbitos en los que siento que sé y puedo aportar. Es un análisis que hago para mí y también para otros. Y, obviamente, el hecho de no tener ningún cargo ni responsabilidad legislativa o ejecutiva me da la libertad para decir las cosas buenas y las malas. Si muchas veces ese análisis molesta, es porque está apuntando a problemas reales.
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