Reconstruyen la Australia que encontraron los británicos en 1788 y el resultado cambia por completo la imagen que teníamos
Una investigación calcula que 2,22 millones de indígenas habitaban Australia en 1788 y que apenas siete décadas después había desaparecido alrededor del 93 % de aquella población.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
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Durante casi un siglo, una cifra ha condicionado nuestra imagen de Australia antes de la llegada de los británicos. Se calculaba que unos 250.000 o 300.000 indígenas habitaban el continente a finales del siglo XVIII. Ahora, una investigación publicada plantea un escenario muy diferente: la población podría haber rondado los 2,22 millones de personas en 1788.
No se trata de una pequeña corrección estadística. La nueva estimación multiplica varias veces algunas de las cifras históricas más utilizadas y obliga a reconsiderar tanto la Australia anterior a la colonización como la magnitud del desplome demográfico posterior. Según el modelo desarrollado por los investigadores, hacia 1861 apenas permanecía alrededor del 7 % de aquella población estimada.
Para alcanzar estas conclusiones, el equipo dirigido por Alan Williams reunió métodos que permiten mirar más allá de los recuentos coloniales. Los investigadores recurrieron a evidencias arqueológicas, reconstrucciones genéticas y modelos sobre la capacidad de los distintos ambientes australianos para mantener poblaciones humanas.
El resultado central es una mediana de 2,22 millones de habitantes antes de la colonización europea, equivalente aproximadamente a 0,29 personas por kilómetro cuadrado. Los autores reconocen un margen amplio de incertidumbre —el intervalo plausible se mueve aproximadamente entre uno y cuatro millones—, pero incluso esa cautela sitúa el debate muy lejos de algunas de las estimaciones tradicionales.
El problema escondido detrás de una cifra de hace casi un siglo
Buena parte de la interpretación demográfica de la Australia precolonial estuvo marcada por los cálculos realizados por el antropólogo Alfred Radcliffe-Brown durante la primera mitad del siglo XX. Sus estimaciones se convirtieron en una referencia inevitable, aunque existía un problema difícil de solucionar: los europeos comenzaron a contar a unas comunidades que ya habían sufrido profundas transformaciones.
Australia no dispuso hasta 1971 de un censo nacional que incluyera de forma completa a los pueblos aborígenes y del estrecho de Torres. Los registros anteriores podían depender de misiones, reservas, estaciones ganaderas, repartos de alimentos y otras fuentes administrativas que únicamente reflejaban determinadas partes de la población.

A ello se suma una cuestión cronológica decisiva. Los efectos de la colonización comenzaron muy pronto. La viruela golpeó la región de Sídney en 1789, apenas unos meses después del establecimiento británico. Después llegaron otros brotes epidémicos y enfermedades introducidas como el sarampión, la gripe y la tuberculosis.
La expansión colonial también significó pérdida de territorios, alteración del acceso a alimentos, separación de familias, explotación laboral y violencia en las fronteras. Por ello, utilizar observaciones realizadas décadas después de 1788 para reconstruir cómo era la población anterior podía conducir a una imagen considerablemente reducida.
La nueva estimación sitúa en 2,22 millones el número de indígenas que podían habitar Australia en 1788.
Más de 5.000 dataciones para mirar hacia 1788
La investigación intenta sortear precisamente esa dificultad. Uno de sus pilares es un conjunto de más de 5.000 dataciones arqueológicas por radiocarbono, utilizadas para reconstruir cambios de población a largo plazo. Otro procede de la genética, capaz de ofrecer indicios sobre la evolución del tamaño de las poblaciones. El tercero estudia la productividad ambiental y calcula cuántas personas podían sostener los ecosistemas australianos sin agricultura.
Los tres caminos parten de supuestos distintos y ninguno ofrece por sí mismo una especie de censo del año 1788. Su importancia reside en que proporcionan aproximaciones independientes que, al compararse, apuntan hacia un escenario demográfico compatible con una población mucho mayor de la aceptada durante buena parte del siglo XX.
Una Australia habitada por alrededor de dos millones de indígenas también modifica nuestra percepción del paisaje. No estaríamos ante pequeñas comunidades aisladas dispersas casi testimonialmente por un continente enorme, sino ante sociedades que mantenían extensas redes culturales, sociales y de conocimiento.
Esto resulta especialmente importante para comprender la gestión indígena del territorio. Prácticas como las quemas culturales y el manejo de determinados recursos se desarrollaron durante miles de años. Una población mayor implica que estas actividades pudieron influir en el paisaje a una escala igualmente mayor.

Durante décadas, algunas reconstrucciones situaron la población indígena de Australia entre 250.000 y un millón de personas.
El dato más estremecedor aparece después de 1788
La nueva reconstrucción permite realizar otro cálculo. Si alrededor de 2,22 millones de personas vivían en Australia al comienzo de la colonización y hacia 1861 los registros apuntaban a una población indígena de entre 177.000 y 193.000 habitantes, ¿qué ocurrió durante aquellas siete décadas?
El modelo demográfico estima aproximadamente 2,06 millones de muertes en exceso entre 1788 y 1861, una media cercana a 28.200 cada año. El concepto de “muertes en exceso” es importante: representa las defunciones adicionales respecto a las que cabría esperar en una población estable, no una atribución individual de cada fallecimiento a una causa concreta.
Los propios investigadores advierten de que no es posible repartir con precisión esa mortalidad entre epidemias, violencia directa y las múltiples consecuencias estructurales de la colonización. Tampoco presentan los 2,06 millones como un recuento exacto de cadáveres. Dependiendo de las incertidumbres incorporadas al modelo, el total podría situarse aproximadamente entre 700.000 y 4,2 millones.
Con la estimación mediana, el descenso habría alcanzado alrededor del 93 % en poco más de siete décadas. Es probablemente el dato que mejor permite comprender la dimensión del cambio: hacia 1861 sobrevivía aproximadamente una de cada catorce personas respecto al tamaño poblacional calculado para 1788.

La pérdida demográfica estimada alcanzó aproximadamente el 93 % en poco más de siete décadas.
Una historia que también obliga a mirar lo que sobrevivió
El estudio no termina, sin embargo, en el siglo XIX. El censo australiano de 2021 registró 812.728 personas identificadas como aborígenes y/o isleñas del estrecho de Torres. Esa cifra representa aproximadamente el 37 % de la estimación mediana propuesta para la población anterior a la colonización.
Desde mediados del siglo XX se ha producido una recuperación demográfica considerable. Los investigadores calculan que, si las tendencias actuales continuaran, el tamaño estimado para 1788 podría volver a alcanzarse aproximadamente en 2047. Es una comparación puramente demográfica, pero ayuda a visualizar cuánto tiempo puede proyectarse la huella de un colapso ocurrido hace más de siglo y medio.
La relevancia del trabajo está precisamente en cambiar el punto desde el que se observa la historia australiana. Si sus cálculos resisten nuevas investigaciones, el continente que encontraron los británicos en 1788 estaba mucho más poblado de lo que sugería la imagen heredada durante décadas.
Y detrás de la revisión de una cifra aparece una transformación histórica de enorme escala: en apenas unas generaciones, una población calculada en millones quedó reducida a una pequeña fracción de su tamaño anterior. Al mismo tiempo, las comunidades sobrevivieron, conservaron conocimientos, vínculos familiares, culturas y responsabilidades sobre sus territorios. La nueva investigación intenta medir una pérdida gigantesca, pero sus números también hacen visible la magnitud de esa supervivencia.
Referencias
- Large size of the Australian Indigenous population prior to its massive decline following colonial invasion, Nature Human Behaviour (2026). DOI: 10.1038/s41562-026-02571-9
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