¿Ballenas o gas? Dónde ver el cortometraje narrado por Ximena Sariñana que denuncia el daño ambiental del gas licuado al Golfo de California

La asociación ambiental ¿Ballenas o gas? ha dado a conocer el cortometraje que tiene por título el mismo nombre de la organización.
La producción busca generar conciencia sobre el grave impacto ambiental que representa la actividad de transportación de gas licuado no solo para las ballenas, sino también para el ecosistema loca, el cual incluye a los habitantes de la zona, y para el planeta en general.
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El cortometraje, dirigido por Pearson y narrado la cantante Ximena Sariñana en español y por Jane Fonda en inglés, expone los riesgos que organizaciones y comunidades atribuyen a los proyectos de gas natural licuado previstos en la costa del Golfo de California, donde la instalación de plantas, gasoductos y buques metaneros podría afectar a las ballenas y a miles de familias que dependen del mar.
La producción dura 7 minutos y fue realizada por el director británico Hugh Pearson, quien ha participado en proyectos cinematográficos de la BBC y junto al naturalista David Attenborough.
La versión en inglés cuenta con la narración de la actriz Jane Fonda, quien ha sido una importante activista ambiental en los últimos años.
Fonda acompañó su participación con un video en el que manifestó su respaldo a la protección de las ballenas y llamó a poner la vida por encima de los intereses de la industria gasera.
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La actriz Jane Fonda emite un mensaje en apoyo a la campaña ambiental en contra de proyectos de gas en aguas de México. El video combina declaraciones de la actriz con imágenes de cetáceos en su hábitat natural y registros de manifestaciones ciudadanas con carteles y dibujos alusivos a la iniciativa de protección marina en Baja California Sur. (Conexiones Climáticas)
La cinta se centra en las plantas de licuefacción de gas natural licuado que se pretenden construir en el Golfo de California. La campaña homónima ¿Ballenas o Gas? lleva dos años denunciando estos planes e intentando frenarlos en las costas de Sonora y Sinaloa.
Entre los proyectos señalados están AMIGO GNL, en Guaymas, y Saguaro, en Puerto Libertad. Las organizaciones y comunidades que integran la campaña sostienen que la operación de esas instalaciones, sus gasoductos y el tránsito de embarcaciones pondrían en riesgo la vida marina y el sustento económico y alimentario de habitantes de la región.
Los buques metaneros que transportarían el combustible superarían los 300 m de largo. Según los promotores de la campaña, la infraestructura serviría a la industria de gas de Estados Unidos, que busca enviar ese recurso al mercado asiático.
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La campaña ya consiguió la cancelación de una de las tres plantas propuestas para la zona. El cortometraje formó parte de la selección oficial del Festival de Cine Documental Ambulante y recibió un premio en el Festival Tierra Filme.
El cortometraje puede verse de manera gratuita en internet con la intención de que más personas conozcan esta situación y se unan a las acciones para frenar estos proyectos de elevado costo ambiental.

El principal efecto no sería el gas dentro de los buques, sino el aumento del tráfico de metaneros y de infraestructura portuaria en un ecosistema donde coinciden rutas marítimas y hábitats de cetáceos.
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El riesgo depende de la cantidad de viajes, las rutas, velocidad, temporada y medidas obligatorias de mitigación.
- Colisiones. Los buques metaneros son embarcaciones de gran tamaño. Si transitan por zonas de alimentación, reproducción o migración, aumenta la probabilidad de que golpeen a ballenas que salen a la superficie. Las lesiones pueden incluir traumatismos internos, fracturas y cortes de hélice; algunas colisiones ni siquiera son detectadas por la tripulación. El riesgo crece donde se cruzan alta densidad de barcos y cetáceos.
- Ruido submarino. Motores, hélices y navegación continua generan ruido de baja frecuencia. Éste puede interferir con la comunicación, orientación, búsqueda de alimento y detección de riesgos de los cetáceos. Para especies que usan sonidos para mantener contacto o localizar presas, el problema no es sólo auditivo: puede modificar su conducta y alejarlas de sitios importantes.
- Presión acumulativa. El Golfo de California ya enfrenta pesca, contaminación, especies invasoras y cambio climático. Añadir tráfico industrial puede amplificar esos factores, aun si cada barco cumple normas por separado. El área alberga aproximadamente un tercio de las especies de cetáceos del mundo, incluidas ballena azul, jorobada, cachalote y una población residente de ballena de aleta.

- Especies invasoras. Los barcos pueden transportar organismos en el agua de lastre o adheridos al casco. Si sobreviven y se establecen, pueden competir con especies nativas, alterar cadenas alimentarias y afectar pesquerías. La Organización Marítima Internacional identifica al transporte marítimo como una vía relevante de introducción de especies acuáticas invasoras.
- Dragado, obras y alteración costera. Una terminal puede requerir dragados, rellenos, muelles, zonas de maniobra y mantenimiento. Estas actividades remueven sedimentos, afectan calidad del agua y alteran hábitats de peces, invertebrados y otras especies que sostienen la red alimentaria marina.
- Emisiones y fugas. La cadena de GNL —extracción, transporte por gasoducto, licuefacción, almacenamiento y envío— implica emisiones de gases de efecto invernadero y el riesgo de fugas de metano. El cambio climático también modifica la disponibilidad de presas y las rutas de los cetáceos.
- Afectación a pesca y turismo de naturaleza. La degradación de hábitats, el ruido y la alteración de rutas de fauna podrían repercutir en actividades pesqueras y de avistamiento de ballenas, además de elevar los riesgos operativos para embarcaciones locales.
En el proyecto Amigo LNG, planteado en Guaymas, el Gobierno federal sostiene que habría un máximo de 60 buques al año, equivalente a un incremento de 4% sobre el tránsito existente, por rutas ya utilizadas y en una zona industrial. También asegura que el proyecto permanece bajo revisión ambiental y judicial.
Organizaciones ambientales y más de 100 científicos cuestionan que ese aumento sea inocuo. Alertan por colisiones, ruido submarino, descarga de lastre, dragados y efectos acumulativos de varios proyectos de GNL en el Golfo.
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La diferencia central es ésta: 60 viajes anuales no prueban por sí mismos un daño inevitable, pero sí añaden un riesgo medible en una región de alta biodiversidad.
Para valorar si el impacto sería aceptable harían falta rutas precisas, velocidad de navegación, calendario de viajes, registros de presencia de ballenas y un monitoreo independiente que permita detener o desviar barcos cuando haya cetáceos en la zona.
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