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Sunday, November 1, 2026

Irarrázaval: el reacomodo en las sombras del orejero presidencial

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El domingo 25, Alejandro Irarrázaval -el hombre de mayor influencia y el principal orejero del Presidente José Antonio Kast- sufrió el peor revés desde que asumió la jefatura de los asesores del Segundo Piso. Y fue ante otro peso pesado: el ministro de Defensa, Fernando Barros.

Presidente Kast encabeza reunión en La Moneda para analizar incorporación a la A3C. msm

Ese día, La Moneda estaba inmersa en un clima de tensión por la crisis que había originado la rebaja de condenas a 56 condenados por violación y abusos sexuales a menores, cuando el mandatario citó a una reunión extraordinaria, en las últimas horas de la tarde, para enfrentar otro asunto de alta complejidad: la incorporación de Chile a la Coalición Americana contra los Carteles (A3C), promovida por Washington.

La discusión no se preveía fácil y, efectivamente, no lo fue. No solo por el contenido, también por una presión adicional: estaban contra el tiempo.

El martes se iniciaba en República Dominicana la tercera cita de los 18 países miembros y debían tomar una determinación.

Fuentes internas confidencian que Irarrázaval -apoyado por Eitan Bloch, asesor de política internacional de la Presidencia- llegó a la cita con una decisión: lograr que Chile firmara sin más dilaciones la incorporación a ese bloque.

La resistencia de Barros fue categórica.

Su argumentación apuntó a que Chile debía mantener -por ahora- su calidad de “observador” y que no podía dar su anuencia en forma precipitada a un texto que recién les había llegado hacía cuatro días y cuyos efectos se debían revisar con acuciosidad.

Es más. De acuerdo a su visión, solo debiera darse luz verde a una iniciativa de esta naturaleza tras un consenso político transversal, por tratarse de un asunto de Estado.

Barros -comentan en su entorno- no estaba dispuesto a cometer errores ni menos a crearles un flanco anexo a Kast y al gobierno.

Ministro Fernando Barros, en reunión en La Moneda por A3C. msm

Menos aún después de recibir desde el mundo militar y político una serie de aprensiones en orden a que la coalición podría avanzar hacia la conformación de fuerzas operativas que terminaran involucrando a las Fuerzas Armadas chilenas.

Irarrázaval -en distintas instancias- esgrimió que no era una buena señal ante Estados Unidos que el país siguiera restándose de un bloque que apunta a enfrentar el crimen organizado y el narcoterrorismo y que tiene -además- a los países limítrofes como miembros plenos.

Pero Barros, un abogado curtido en litigios y dueño de un estilo directo -que le ha jugado también malas pasadas-, no movió posiciones, remarcando el punto de la defensa de la soberanía nacional y los posibles riesgos.

Algo que ya había esgrimido el 7 de julio, en el encuentro de los ministros de Defensa en el Cusco, y el 11 de agosto, en la reunión del A3C en Panamá. En ambas ocasiones puso tres condiciones para ingresar: que cualquier intervención debe hacerse solo con la anuencia del país interesado; que el uso de la fuerza en un tercer país y en aguas o en espacios aéreos internacionales tiene que contar con el acuerdo unánime de toda la coalición, y que toda acción del A3C debe respetar la legislación interna de cada país y enmarcarse en el derecho internacional.

Todo, para prevenir intervenciones complejas que puedan afectar a Chile o a otro país.

En Palacio comentan que el cruce entre Barros e Irarrázaval no tuvo puntos de confluencia. Menos aún cuando el titular de Defensa planteó que -si se optaba por dilatar la respuesta- veía inconducente que él viajara a República Dominicana solo para informar que por ahora Chile no iba a firmar.

La postura de Barros fue avalada por Kast y por la unanimidad del resto de los presentes: el titular de Interior y de la Segegob, Claudio Alvarado; de Relaciones Exteriores, Francisco Pérez Mackenna; de Seguridad, Martín Arrau, y del subsecretario de la Segegob, Gonzalo Arenas.

Pero se buscó una salida alternativa: el envío del subsecretario del Interior, Máximo Pavez, para dar la señal -como lo resumió una fuente- de que “aunque no estamos, estamos”.

Subsecretario Máximo Pavez, difunde foto en avión ejecitivo de la FACh.

Un viaje de urgencia que terminó abriendo sorpresivamente otro conflicto por la publicación de Pavez de una fotografía en un avión ejecutivo de la Fuerza Aérea, que rompía abiertamente el relato de austeridad promovido por Kast. Tanto, que el propio jefe del gabinete calificó el alarde, en privado y en público, como “un profundo error”.

Las luces de preocupación en el oficialismo -donde persisten opiniones contrapuestas- se encendieron en los días siguientes por un hecho: justo el martes 27, cuando todos los países miembros de la A3C estaban reunidos en República Dominicana, la dirección del Comando Sur de Estados Unidos (Southcom) informó sobre el ataque de la Fuerza de Tarea Conjunta -el segundo en este mes- a una lancha rápida en el Pacífico Oriental, en la que resultaron muertos cinco supuestos narcoterroristas.

Un operativo militar que justificó la cautela de Barros frente a la celeridad empujada por Irarrázaval.

El factótum

Quienes conocen al jefe de los asesores lo describen como uno de los hombres de mayor influencia en Kast; de carácter fuerte, hermético, que impone posturas y que se comporta como “gerente general”, en línea con el apelativo que se granjeó durante la campaña como coordinador. Un sitial desde el que definió las planillas de los funcionarios de la nueva administración, con fuerte conformación de independientes, que dejó en el camino a varios heridos. Parte de ello se explica por su concepción crítica de que la política es una mera transacción.

Alejandro Irarrázaval, jefe de los aseores del Segundo Piso. DIEGO MARTIN/ATON CHILE

El vínculo entre ambos data de la década de los 80, en la Universidad Católica, cuando integraron el movimiento gremial impulsado por Jaime Guzmán. Desde esa fecha, el ingeniero lo ha acompañado en gran parte de sus incursiones políticas, con excepción del breve tiempo que militó en RN. Los dos ficharon por la UDI; se fueron juntos en 2016 y lo acompañó en la conformación de Acción Republicana, en la creación del Partido Republicano y en las tres campañas a la Presidencia.

“Hoy es el poder en las sombras; el factótum de Kast”, resume un parlamentario de Renovación Nacional, al afirmar que él y el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz -con quien ha logrado una estrecha sintonía- conforman la dupla que realmente ronca en el gobierno.

Irarrázaval no ha dudado en apoyar decisiones complejas para el gobierno y para Kast, como lo es actualmente el respaldo a la permanencia del ministro de Justicia, Fernando Rabat, en su cargo. Y de recibir en ese espacio a figuras que han sido apartadas de sus funciones, como la exministra del Deporte Natalia Duco, el exsubsecretario de Seguridad Pública, Andrés Jouannet y el exsubsecretario de la Segegob José Francisco Lagos. Tanto, que algunos lo llaman el “cuartel de los caídos” y, en broma, sostienen que si sigue el reclutamiento, el Segundo Piso va a ceder y terminar en el primero.

Hace gala de una relación horizontal con el presidente y le acomoda el bajo perfil. Aunque en sus primeros meses en Palacio optó por marcar territorio y ejercer un rol de articulación política desde el Segundo Piso. Una puesta en escena que resintieron los integrantes del gabinete, quienes no veían con buenos ojos que Irarrázaval se sentara, incluso, al lado del presidente. Y que -además- los llenara de demandas y los sometiera a rendiciones de cuentas.

Ese estilo -demasiado frontal para muchos- terminó por granjearle enemigos y conflictos. Aparte de la soterrada disputa de poder con el jefe de Comunicaciones y Contenidos de La Moneda, Cristián Valenzuela, el impasse más fuerte y decisivo para un cambio de conducta lo tuvo con el presidente del Partido Republicano, Arturo Squella.

Arturo Squella, presidente del Partido Republicano. Dedvi Missene

Avalado por ser el timonel del partido del presidente y molesto con los errores y con el esquema impuesto -que dejaba al jefe del gabinete en un rol secundario-, no dudó en responsabilizarlo por las constantes descoordinaciones del gobierno. E incluso -en un comité político ampliado- lo encaró diciendo que “quien concluya que es parte del problema tiene que dar un paso al costado”, lo que fue evaluado como un directo emplazamiento a que dejara el cargo.

Ese golpe al mentón, apoyado en silencio por la mayoría de los presentes, que en ese tiempo no se atrevían a encararlo, terminó replegando al asesor.

Desde ahí no fue más a los comités políticos ampliados, sí a los ministeriales. Tampoco tiene reuniones con los presidentes de los partidos del oficialismo ni con parlamentarios, salvo algunos contactos puntuales a solicitud de los interesados o para resolver ciertos líos a petición directa del presidente. Ese rol lo han asumido casi en plenitud Alvarado y el titular de la Segpres, José García Ruminot.

También, a diferencia de los primeros días, se le ve poco en los patios de La Moneda. Apareció el 20 de agosto para la evacuación del simulacro de incendio en la sede de gobierno hacia la Plaza de la Ciudadanía, donde solo habló por algunos minutos con el director administrativo, Julio Feres, y con el director de la Secom, Felipe Costabal. Expuso el 7 de septiembre ante la comisión investigadora de la Cámara -en la sede del Congreso en Santiago- por el caso de la exministra Trinidad Steinert. Y departió por algunos momentos con funcionarios de Palacio en la celebración de las Fiestas Patrias, oportunidad en que se le escuchó decir que no le acomoda la exposición pública y que está ahí por un compromiso con el presidente.

Su repliegue -para el oficialismo- es solo estratégico, pues lo siguen viendo como una de las figuras con más incidencia en la toma de decisiones del jefe de Estado.

Las quejas del gabinete

Ese rol articulador encontró, además, las resistencias de algunos ministros.

En privado, algunos en el gabinete sostienen que, por lo general, los llamados son para imponer temas que deben levantar, dejando incluso de lado algunas materias que consideran relevantes, y también para llamarles la atención, cosa que consideran improcedente.

Jefe de Segundo piso de La Moneda, Alejandro Irarrázaval, en la comisión de la Cámara que investiga la gestión de la exministra Trinidad Steinert. DIEGO MARTIN/ATON CHILE

Una de las afectadas fue la ministra de Salud, May Chomali, quien en mayo presentó una queja formal a La Moneda debido a la interferencia del Segundo Piso en determinaciones internas e institucionales de su cartera. Algo que no estaba dispuesta a aceptar y que terminó con la reestructuración de la Unidad de Seguimiento de Compromisos, liderada por Álvaro Bellolio, antes de la primera cuenta pública del 1 de junio.

Al igual que Chomali, se comenta que algunos ministros -con mayores espaldas políticas- simplemente no aceptan sus indicaciones ni menos sus reclamos. Es el caso -entre otros- de Barros, del titular de Vivienda, Iván Poduje, y de la ministra de Ciencia, Ximena Lincolao. Algunos se han quejado por aquello con el ministro Alvarado y hasta con Kast.

Las pistas más gráficas de cómo funcionaba el aparataje las expuso la exministra Mara Sedini, quien al ser apartada del gabinete criticó el esquema de poder centralizado y denunció que las decisiones de los ministerios quedaban supeditadas al Segundo Piso. Culpó directamente a Irarrázaval -con quien claramente no se llevaba bien y que habría pedido que le dijeran a esa “niñita que dejara de hablar hueás”- como el principal responsable de esas prácticas.

Por estos días, sin embargo, observan al jefe de los asesores más interesado en Defensa y en Relaciones Exteriores. Incluso, se confidencia que ambos secretarios de Estado han tenido que ponerle límites en varias oportunidades, tal como el enfrentamiento que acaba de tener con Barros por el A3C. Y que cuando estaban en La Moneda chica, de calle La Gloria, después de la segunda vuelta, Irarrázaval ya contaba con un listado de las materias a las que tenían que dar curso apenas asumieran sus carteras, lo que habría generado molestia en esos equipos.

En el oficialismo hay quienes -además- tienen reservas con los viajes del jefe de los asesores. En mayo estuvo en Londres participando en un seminario sobre inteligencia artificial (IA) y también -en esa misma fecha- en Estonia, para conocer tecnologías enfocadas en la modernización del Estado.

Pero lo que más ha llamado la atención es que antes del 11 de octubre viajara como “avanzada” a Japón, para analizar temas relativos a telecomunicaciones, en la antesala de la gira asiática que llevará al mandatario a ese país, a Vietnam y China, donde en la ciudad de Shenzhem se realizará la Apec el 18 y 19 de noviembre.

Si bien en las filas de los partidos base de Kast hay quienes defienden la labor de Irarrázaval, otros sostienen que las áreas más complejas debieran estar bajo el control exclusivo de los ministros a cargo y no del Segundo Piso.

Alejandro Irarrázaval, jefe de los aseores del Segundo Piso. DRAGOMIR YANKOVIC/ATON CHILE
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