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Saturday, October 31, 2026

Mentes sospechosas

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Ignacio OlivaresPor 

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Casi medio siglo después de su muerte, la memoria de Elvis Presley comparecerá en tribunales a través de las entidades que custodian sus derechos. El colectivo, encabezado por ABG, demandó a Anthropic —dueña de Claude— por usar las letras de 274 canciones para entrenar sus modelos de inteligencia artificial sin autorización. El monto solicitado asciende a unos 41 millones de dólares y el abogado es Richard Busch, el mismo que representó a la familia de Marvin Gaye en el caso “Blurred Lines”. La historia es cíclica: el mayor ídolo pop de todos los tiempos, que convirtió canciones ajenas en oro, hoy protagoniza una disputa sobre quién es dueño de la creatividad.

Elvis no inventó el rock and roll ni compuso buena parte de sus éxitos. Su talento fue llenar una marmita de blues, góspel, country y rhythm and blues, y aportarle un estilo, una voz inmensa y también algo de escándalo con sus convulsiones pélvicas. Para algunos, su legado está salpicado por la apropiación cultural. El caso de “Hound Dog” es elocuente: en 1953, Big Mama Thornton la llevó al primer lugar de las listas de rhythm and blues, pero su nombre se evaporó tres años después cuando Elvis la convirtió en un éxito planetario. En 2004, el criterio acomodaticio de Rolling Stone la ubicó entre las veinte mejores canciones de todos los tiempos y menos de dos décadas después la defenestró de un plumazo: en su lugar entró la relegada versión de Thornton. El canon pop se mueve de formas misteriosas.

Elvis Presley

Elvis también se habría disipado en el tiempo y el espacio si no hubiera aparecido el coronel Tom Parker, dueño de un olfato comercial implacable. Parker, arquetipo del mánager oscuro y manipulador, coronó al rey del rock and roll, pero lo mangoneó en todas las formas posibles. Cuando la música cambiaba de signo en los sesenta, Elvis siguió grabando serenatas para quinceañeras y rodando películas irrelevantes elegidas a dedo por el coronel. Parker supo antes que muchos que la gallina de los huevos de oro estaba en los derechos editoriales y presionó a los autores para que cedieran parte de sus regalías a cambio de aparecer en los discos de Elvis. Otis Blackwell tuvo que compartir créditos en “Don’t Be Cruel”, uno de los temas que hoy figuran en la demanda. En 1974, Dolly Parton se negó a entregar la mitad de “I Will Always Love You” y Presley se quedó sin grabarla. Punto para Dolly.

No es difícil imaginar al coronel en nuestra época, donde la industria del entretenimiento sigue pasando la factura. Él habría visto una oportunidad para cobrar por licencias masivas de entrenamiento de IA, siempre que pudiera controlar los contratos. De lo contrario, reaccionaría con la misma agresividad que los actuales demandantes contra Anthropic. Parker también pondría un holograma de Elvis Presley para emular los más de 600 conciertos que ofreció en el Hotel International de Las Vegas, pero sin estimulantes ni somníferos. En la película EPiC, de Baz Luhrmann, Elvis parece transportarse a los conflictos actuales de la industria. En medio de una conferencia de prensa de 1972, una periodista le pregunta por Vietnam y Elvis replica: “Cariño, prefiero guardarme mis opiniones, porque sólo soy un entretenedor”. Esa respuesta habría implicado una funa despiadada en estos días en que no valen los matices. Quizás esa fue la gran prerrogativa de Elvis Presley: ser un rey contradictorio, un revolucionario de mansión, un talento exprimido por la maquinaria y un artefacto pop que hoy corre el riesgo de ser engullido por un algoritmo.

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