'Reconstruir no es solo levantar paredes': el llamado a no invisibilizar el trabajo de cuidado en los hogares tras el devastador terremoto en Cali
La Fundación WWB Colombia enfatiza en que el colapso y los daños obligan a las mujeres a duplicar jornadas domésticas.
Las labores en el hogar tras el terremoto. Foto: Fundación WWB Colombia y Policía Valle

PERIODISTAActualizado:
El terremoto que sacudió al suroccidente colombiano el pasado 10 de agosto dejó daños visibles en viviendas, infraestructura y servicios públicos; pero también profundizó una carga que suele quedar fuera de las cifras de una emergencia: el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado que realizan principalmente las mujeres.
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Las labores en el hogar tras el terremoto. Foto:Fundación WWB Colombia
El informe El peso invisible del cuidado, de la Fundación WWB Colombia, advierte que, cuando se interrumpen servicios esenciales como la educación y la atención en salud, muchas de las tareas que antes se resolvían a través de estas redes recaen sobre los hogares y, de manera desproporcionada, sobre las mujeres.
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La atención de personas dependientes, la preparación de alimentos, la gestión de ayudas y el acompañamiento a familiares afectados se suman a las responsabilidades cotidianas y reducen el tiempo disponible para descansar, atender la propia salud o recuperar los ingresos.
Esta desigualdad ya existía antes del terremoto. Según la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT) del Dane, el 89,8 % de las mujeres realiza trabajo no remunerado y dedica, en promedio, 7 horas y 35 minutos diarios a estas labores, frente a 3 horas y 14 minutos de los hombres. En las zonas rurales y centros poblados, el tiempo destinado por las mujeres al cuidado asciende a 8 horas y 35 minutos al día.
Terremoto en Cali, el 10 de agosto. Foto:Redes Sociales
La emergencia también puso en evidencia la vulnerabilidad de las mujeres en sus propios hogares. De acuerdo con datos del Observatorio para la Equidad de las Mujeres (OEM), el 57 % de las víctimas fatales del sismo en el suroccidente colombiano fueron mujeres. En Cali, la proporción ascendió al 63 %, y el 70 % de los fallecimientos se concentró en la población de mujeres de 60 años o más.
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“Cuidar abarca el sostenimiento de la vida diaria: desde la preparación de alimentos y el aseo, hasta el acompañamiento emocional y la atención de personas enfermas o dependientes. En momentos de emergencia, esta labor sostiene la respuesta comunitaria, pero también expone a las mujeres a un mayor riesgo”, señala Soraya Husain Talero, directora de Investigación de la Fundación WWB Colombia.
Rescate de víctimas del terremoto en el edificio Vanessa, en Cali. Foto:Jaiver Nieto. EL TIEMPO
“Reconocer el significado del cuidado implica entenderlo como un pilar fundamental que debe ser protegido y redistribuido. Reconstruir no es solo levantar paredes. Es devolverles el tiempo a quienes sostienen la vida”, agrega.
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La sobrecarga tiene consecuencias directas en la autonomía económica de las mujeres. Según cifras del Dane, el 52 % de los micronegocios de mujeres funciona desde la propia vivienda. Cuando una casa resulta afectada, se puede perder al mismo tiempo el hogar, el espacio de trabajo y una fuente de ingresos.
La falta de tiempo para realizar trámites, buscar financiación, conseguir insumos o retomar la producción se convierte en una barrera adicional para la recuperación. Esta situación se conoce como pobreza de tiempo: la acumulación de tareas de cuidado y sostenimiento de la vida reduce las posibilidades de descanso, autocuidado y generación de ingresos.
Imagen aérea terremoto Cali. Foto:AFP
Jakeline Adarve es la creadora de la empresa Oruma, que se dedica a sensibilizar a las mujeres sobre el cáncer de mama y a acompañar a las pacientes posmastectomía en su recuperación. Su testimonio refleja la sacudida emocional y operativa que significó la emergencia: “El terremoto nos tocó de cerca; a una persona de nuestro equipo de trabajo se le dañó la casa y, obviamente, esto nos afectó mucho. En mi caso, la carga aumentó porque ya no era solo estar pendiente de mi familia, de mi hijo y del negocio, sino también acompañar a quienes lo estaban pasando mal. Como Oruma tiene una causa tan humana, no podía hacerme la loca y seguir vendiendo como si nada, así que ayudamos en lo que pudimos, buscamos recursos y estamos ahí para nuestra gente”.
Terremoto en Colombia. Cali fue una de las ciudades más afectadas. Foto:Samir Rojas
Esta emprendedora cuenta, además, que todo esto pasó cuando Oruma estaba muy apretada económicamente, por lo que le ha tocado sostener muchas cosas a la vez: la familia, el equipo, el negocio y a quienes necesitaban apoyo. “Esto me ha enseñado que cuidar no es solo dar y dar. Una también tiene que aprender a cuidarse, a pedir ayuda y aceptar que no puede con todo, porque si quiero seguir cuidando a otros y construyendo Oruma, primero tengo que estar bien yo”, relata.
El cuidado también depende del territorio
De acuerdo con el informe El peso invisible del cuidado, la emergencia también evidencia la necesidad de incorporar una perspectiva que reconozca las diferencias entre territorios y comunidades. Según el balance oficial de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), el terremoto impactó 15 departamentos y 476 municipios.
Terremoto en Colombia. Cali fue una de las ciudades más afectadas. Foto:Samir Rojas
En regiones como Chocó, Valle del Cauca y Cauca, las condiciones geográficas, las distancias y las dificultades de acceso a servicios pueden aumentar las barreras que enfrentan las mujeres para sostener la vida cotidiana y atender a sus familias.
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Terremoto y afectación en Cali y Pereira Foto:tomada del video de redes
El cuidado adquiere distintas formas en una cabecera urbana, una vereda rural o una comunidad a orillas de un río. En muchos territorios del Pacífico, esta labor también se sostiene mediante redes comunitarias de solidaridad y saberes tradicionales transmitidos entre generaciones, que permiten organizar la atención y el acompañamiento durante las crisis. Reconocer estas diferencias es fundamental para que la respuesta humanitaria tenga en cuenta las necesidades de cada comunidad y fortalezca las redes de apoyo.
Seis acciones para incorporar el cuidado en la reconstrucción
A partir de la evidencia recogida, la Fundación WWB Colombia propone seis líneas de acción para integrar la perspectiva de género y de cuidado en la respuesta humanitaria.
Espacios seguros para la niñez
Habilitar guarderías comunitarias y ludotecas temporales que permitan a madres y cuidadoras disponer de tiempo para descansar, atender su salud, realizar trámites o reactivar sus emprendimientos.
Redes de apoyo y relevo comunitario
Facilitar insumos y apoyos para el cuidado de personas mayores, enfermas o con discapacidad, de manera que las cuidadoras puedan recuperar tiempo de descanso y bienestar.
Tecnologías e infraestructura que alivien las tareas cotidianas
Incorporar soluciones como filtros de agua, estufas eficientes y divisiones en alojamientos temporales que contribuyan a reducir el esfuerzo doméstico y proteger la privacidad y la dignidad.
Espacios de respiro y atención psicosocial
Promover círculos de escucha, estrategias de sanación colectiva y primeros auxilios psicológicos para personas cuidadoras, voluntarias y quienes participan en las labores de respuesta.
Entornos seguros y prevención de las violencias basadas en género
Integrar medidas de protección en los puntos de asistencia, alimentación, higiene y cuidado, con espacios seguros y acceso a servicios especializados.
Medición del tiempo y recursos para el cuidado
Incorporar indicadores de uso del tiempo y destinar recursos específicos a los servicios comunitarios de cuidado, para evaluar si la ayuda contribuye a recuperar la autonomía de las mujeres.
La Fundación también plantea que los servicios de cuidado deben tener continuidad durante la reconstrucción, con recursos y responsabilidades compartidas entre el Estado, las empresas, las comunidades y las familias. Esto implica fortalecer las redes locales y articular las soluciones temporales con la oferta pública de los territorios.
La recuperación debe contemplar tanto la reparación de viviendas e infraestructura como las condiciones que permiten a las personas sostener su vida cotidiana, recuperar sus ingresos y participar en las decisiones sobre el futuro de sus comunidades.
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Santa Marta permanece bajo fuertes operativos. Foto:
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