El nuevo swing: la rebelión de las "viudas del golf"

Las mujeres copan los campos de golf: el cupo femenino dentro del deporte que históricamente se consideró “de hombres” alcanzó, este año, la cifra más alta de la historia. Las mujeres en el golf representan el 34 por ciento del total de golfistas adultos del mundo, frente al 31 por ciento registrado en 2025, según el último informe de R&A, una de las organizaciones rectoras del golf a nivel mundial.
Y en Argentina la tendencia es aún más pronunciada: el 36 por ciento de quienes juegan al golf son mujeres. “Cada vez más mujeres de cincuenta años en adelante se animan al golf”, dice la comentarista de golf Nora Ventureira, de 64 años, que organiza un torneo femenino junto a María Olivero, otra destacada golfista del país de 52 años, que además preside la comisión de damas de la Asociación Argentina de Golf. “Se anotan muchos grupos de amigas mujeres que cuando eran más jóvenes jugaban al hockey, o al tenis, y ahora encuentran en el golf un deporte menos exigente pero igual de interesante para tomar clases grupales”.
En la familia de Nora Ventureira todos jugaban al tenis. Hasta que un día, su padre, empresario, se dio cuenta que el mejor lugar para hacer negocios no era el polvo de ladrillo sino el campo de golf. “Pasás muchas horas jugando con otra persona, charlando, caminando, y se dan oportunidades de negocio únicas”, explica Nora, que comenzó a jugar al golf cuando tenía diez años, junto a su hermana, en el San Isidro Golf Club.
A los 18, se anotó en la carrera de Traductorado de Inglés y, en paralelo, siguió jugando. Tuvo que abandonar los palos de golf cuando fue madre. No jugó durante una década.

“No tenía con quién dejar a los chicos, mi marido es médico pediatra y en ese momento hacía tres guardias por semana. No era compatible con mi vida. Recién cuando los chicos se hicieron más grandes y mi marido acomodó algunos horarios, pude volver”, dice.
El regreso fue con gloria: comenzó a competir, llegó a representar a Argentina en once mundiales de golf y ganó el Campeonato Argentino de Aficionados. Ahora sigue compitiendo en la categoría Senior.
El impass que tuvo Nora después de la maternidad es un denominador común dentro del golf. Existe incluso un concepto dentro del ambiente del golf que marca la histórica diferencia de género que caracteriza a este deporte: las llamadas “viudas del golf”.
“Ese concepto se usó hasta hace poco para referirse a las mujeres que se quedaban en casa los fines de semana mientras el hombre se iba a jugar -dice Nora-. Los hombres trabajaban durante la semana, llegaban a cualquier hora y los fines de semana se iban a jugar al golf y las mujeres no les decían nada, porque después de una semana extenuante, era su momento de placer. Hasta que en un momento las mujeres decidieron que también ellas querían jugar”, dice Nora.
María Olivero amplía: “Por suerte muy buenas jugadoras que por ahí habían jugado de chicas y habían abandonado por la maternidad, el trabajo u otras obligaciones están volviendo a las canchas”.
Olivero nunca tuvo que volver al golf, porque nunca se fue de la cancha. Conoció el deporte casi por una cuestión genética: su padre, su abuelo, sus tíos y su hermano jugaban al golf.
Oriunda de Bahía Blanca, a los diez años ella jugaba en el Club de Golf Palihue. “A los 13 años recibí un llamado de la Asociación Argentina de Golf para participar de la preselección para un campeonato sudamericano prejuvenil que se jugaba en Lima, Perú. Eso fue un antes y un después en mi vida. Ver que había otra cosa más allá de mi club hizo que ´me picara el bichito´ y empezara a competir”.
A partir de ahí viajó a jugar a México, Estados Unidos, Canadá, Londres, Filipinas, Malasia, Nueva Zelanda, Australia. En total disputó once mundiales.
El único momento de su vida en el que dejó de jugar fue durante los meses posteriores a los partos de sus hijos -tiene una hija de 22 años y un hijo de 16-. “Como tuve dos cesáreas tuve que estar parada unos tres meses, pero apenas pude volví. Ahora estoy contenta porque la semana que viene me voy al U.S. Senior Amateur Golf Championship, que es el campeonato americano para seniors. O sea que en mi categoría, para mi edad, sigo en un nivel re competitivo”.
A Mónica Selent, una marplatense de 63 años profesora de cerámica jubilada, no le interesa para nada el golf competitivo. Para ella, lo más importante en el golf es "divertirse, pasar el rato y hacer una actividad física al aire libre".

Ella siempre había sido muy deportista. Toda su vida jugó al pádel hasta que se lesionó. Cinco años atrás, buscando un deporte al aire libre para retomar el ejercicio físico, conoció el golf. Fue durante la pandemia, cuando se mudó a Costa Esmeralda, un exclusivo barrio privado ubicado frente al mar, a ciento sesenta kilómetros de Mar del Plata, con inmensos campos de golf emplazados entre los médanos. Con el tiempo, el golf se convirtió en una actividad central en su vida. “Lo mejor -dice- es que me permitió conocer gente muy interesante y armar un nuevo grupo de amigas”.
Esperando el hoyo 19
El golf surgió durante la Edad Media en Escocia. Esos orígenes, para Nora Ventureira, son los que hicieron que históricamente haya sido un deporte “de hombres”. “Era un clima hostil. Había que tener mucho coraje para meterse a jugar en una cancha al aire libre”, dice, “más allá de la idiosincrasia de la época, porque en esa época la mujer se quedaba en la casa cuidando a los chicos mientras el hombre hacía lo que se le daba la gana”.
Los tiempos cambiaron y las mujeres comenzaron a incursionar en los campos de golf. Tanto Nora como María Olivero señalan que la edad bisagra para las mujeres en el golf hoy son los 40 años, donde suele ocurrir que los hijos crecen y se recupera el tiempo libre. Porque tener tiempo es fundamental: una ronda -que consiste en introducir la bola en dieciocho hoyos distribuidos por el campo, en el menor número de golpes posibles-, puede tomar entre cuatro y seis horas en total.
“Lo que tiene de malo el golf es lo mismo que tiene de bueno: te requiere mucho tiempo -dice Nora Ventureira-. Mientras estás en plena edad productiva, cuando tus chicos son chicos o estás recién casada es difícil tener seis u ocho horas para irte de casa. Y eso mismo es lo que después tiene el golf de atractivo. Porque cuando tus hijos ya son grandes y volvés a tener tiempo, el golf te llena un espacio enorme. Por eso, cuando los futbolistas y los atletas en general dejan de entrenar y de competir, encuentran en el golf un espacio para llenar el tiempo que antes cubrían compitiendo y entrenando en su profesión. En el caso de las mujeres, el golf te cubre muchas horas, vas con tus amigas, y cuando salís te quedás tomando algo con ellas”.
Es el famoso “hoyo diecinueve”: el después del partido. “Es el momento del bar -explica Mónica Selent-. Cuando, después de jugar al golf entre cuatro y seis horas, nos juntamos todas y charlamos de nuestras vidas, nos ponemos al día, y también de los momentos en los que le pegamos bien y los momentos en los que le pegamos más o menos. Porque el golf no es un deporte común, es un deporte muy complejo. Podés estar en lo alto del podio un día y al otro día parece que nunca hubieras agarrado un palo o que te sale todo mal. En ese sentido te entrena en la tenacidad, la resiliencia, el amor propio, la concentración, la flexibilidad”, dice.
Hacia rutas salvajes
Mientras la ciencia dice que la práctica del golf “mejora diversos aspectos de la salud, incluyendo la salud fisiológica, la autoestima y el rendimiento cognitivo”, según un estudio científico publicado en la Revista Alemana de Investigación sobre Ejercicio y Deporte, y que incluso se encontró, en un estudio sobre más de trescientos mil golfistas suecos, una mortalidad cuarenta por ciento menor entre quienes practicaban golf que entre quienes no practicaban, lo que podría llevar a pensar que el golf podría prolongar la vida cinco años más por su combinación de actividad física, interacción social y estimulación mental, para Nora Ventureira “en el golf es todo positivo".
La golfista señala que además de que es "un buen ejercicio, porque cuando jugás al golf caminás entre cinco y seis kilómetros, que es bastante, y te oxigenás bien porque estás al aire libre, para hacer el swing (el movimiento rotatorio y coordinado de todo el cuerpo que hace el jugador para golpear la pelota con el palo) necesitás ir también al gimnasio, porque sino te podés lesionar, necesitás agregarle fuerza al cuerpo para que no te afecte los hombros, los codos, las muñecas, las rodillas. Entonces te obliga a mantenerte entrenada”.
María Olivero destaca, además de lo físico, la filosofía detrás del deporte. "El golf te educa muchísimo porque vos sos tu propio árbitro, no podés hacer trampa, te tenés que exigir, tenés que trabajar sola”. Mónica Selent también destaca el aspecto mental. “El golf es muy mental, y eso lo hace aún más apasionante -asegura-. Te obliga a estar en el aquí y en el ahora, a tratarte bien, a mimarte, porque cuando empezás a pensar que no te salen las cosas porque sos malo jugando, eso te juega en contra”.
Más allá de sus beneficios, una característica que toma fuerza a partir de la incursión de las mujeres en los campos de golf es el aspecto social y la posibilidad que se abre con el deporte de viajar en grupo. “En el tenis todas las canchas son de polvo de ladrillo, pero en el golf cada cancha es distinta. Hay canchas de golf que son un espectáculo, que quedan junto al mar, en España, en Estados Unidos, en Punta Cana, que ofrecen otros desafíos, entonces vas buscando esos desafíos y vas en grupo”, explica Nora.
Mónica Selent lo hizo con sus amigas: “En estos cinco años de jugar al golf me largué a la aventura y tuve la suerte de viajar a distintas canchas”, dice, y enumera las que conoció en Córdoba, Sierra de la Ventana, Tandil, Necochea, Termas de Río Hondo, Bariloche, San Martín de los Andes y la Costa Atlátnica. En el caso de Nora Ventureira, ella recuerda especialmente el viaje que hizo a la cancha de golf de Potrerillo de Larreta. Un inmenso campo de golf con vistas a las sierras de Córdoba, con arroyos y morros en su interior y una casona colonial en el medio que funciona como hospedaje.
“Estás alejado de todo, no se escucha ruido de tránsito, es un lugar muy especial y la cancha en sí tiene un diseño muy lindo. Córdoba es un polo golfístico importante, tiene unas canchas nuevas, de buenos diseñadores, que dan ganas de ir a jugarlas. Viajar y jugar es un plus que te da este deporte que es único. Conocés canchas nuevas y después de jugar te vas con tus amigas a pasear, a un shopping o a un spa”, concluye.
Hándicap: diversión asegurada
¿Se puede empezar a jugar al golf después de los 50? “Mientras se tenga salud, el golf se puede jugar en cualquier momento de la vida”, dice la golfista María Olivero. Lo que recomienda, para quienes comiencen en este camino, es tomar clases, entrenar, buscar mejorar la técnica, buscar formas de concentrarse.
“Es un deporte bastante difícil, pero no hay nada que entrenando no puedas mejorar”, asegura. “Yo no me considero una persona especialmente habilidosa. Sin embargo, el entrenamiento me dio lo que no me daba la habilidad”.
Olivero destaca además que una oportunidad única que da el golf es la posibilidad de poder competir contra cualquier contrincante. “En el tenis por ejemplo, si sos bueno y jugás contra un novato, te aburrís. En el golf no, porque existe el hándicap”.
El hándicap es el número que mide la habilidad de un jugador de golf, y permite que personas de distintos niveles compitan en igualdad de condiciones. Por ejemplo: si un jugador con un hándicap diez juega contra alguien con hándicap veinte, recibe diez golpes de ventaja. “Es un sistema espectacular que mezcla jugadores experimentados con principiantes y equipara a todos -dice María-. Por eso el golf es el único deporte en el que todo el mundo se divierte”.
¿Qué cosas se necesitan para empezar a jugar al golf?

El kit básico, según Nora Ventureira, son: la bolsa, palos, pelotas, guantes, zapatos de golf y tees, un pequeño soporte que se clava en la tierra y sirve para elevar la pelota antes de realizar el primer golpe de cada hoyo. “No es necesario comprar ropa especial aunque muchos clubes exigen remeras con cuello tipo chombas y pantalones que no sean ni blue jeans ni joggins”, aclara.
En cuanto a costos, es variable: para empezar, dice Nora, no es necesario comprar palos de última generación. “Se pueden comprar palos de cinco años de antigüedad, por ejemplo, que están bien para empezar. Por ahí una bolsa de golf con palos, zapatos, guantes y pelotas puedas conseguirlos por 500 a 1000 dólares. Usados obviamente. A medida que vayas aprendiendo, progresando y decidas que vas a jugar seguido, ahí podes ir reemplazando los palos y bolsa según la capacidad económica”.
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