Alia Lira Hartmann: Desde otras ciudades

▲ “El populismo de extrema derecha daña el alma”, cartel en la iglesia evangélica Heilig Kreuz, en el barrio de Kreuzberg, en Berlín.Foto Alia Lira Hartmann
E
n Alemania, la memoria del nazismo forma parte de la conciencia histórica de la sociedad; la confrontación reciente es una constante, las clases de historia en las escuelas incluyen una gran parte de su programa al análisis de lo ocurrido bajo ese régimen. La expansión de la extrema derecha ha colocado también a las iglesias en una posición que no admite neutralidad cuando considera que están en juego la dignidad humana, la convivencia democrática y el respeto a las minorías.
Tanto la Iglesia Evangélica como la Conferencia Episcopal Alemana, que reúne a los obispos católicos, han advertido en años recientes del crecimiento de posiciones nacionalistas, xenófobas y antidemocráticas. La discusión tiene un nombre inevitable, el Partido Alternativa para Alemania (AfD por sus siglas en alemán, Alternative für Deutschland).
La AfD nació en 2013 como una formación euroescéptica y conservadora, pero luego experimentó un desplazamiento cada vez mayor hacia posiciones nacionalistas, de derecha radical y antimigratorias. Ha acuñado la palabra remigración como bandera electoral y exige la expulsión de un millón de extranjeros.
El problema es preocupante porque el AfD ya no puede ser considerado una fuerza política marginal. El 6 de septiembre obtuvo un resultado histórico en las elecciones de Sajonia-Anhalt, quedando a las puertas de una mayoría absoluta y abriendo por primera vez la posibilidad concreta de que la extrema derecha gobierne un estado federado alemán sin necesidad de una coalición.
Su crecimiento electoral ha obligado a las iglesias a replantearse incluso su tradicional papel de mediadoras entre posiciones políticas diferentes. El punto de partida no es una preferencia electoral, sino un principio que tiene al mismo tiempo una dimensión religiosa, histórica y constitucional: la dignidad humana.
El artículo primero de la ley fundamental local establece que “la dignidad del ser humano es inviolable” y es obligación del Estado respetarla y protegerla. Para las iglesias, esta afirmación coincide con uno de los fundamentos centrales del cristianismo: la persona no puede ser valorada de manera diferente por su origen, religión, condición social o procedencia.
Aquí, la Iglesia Evangélica es muy importante, pues tuvo su origen cuando el monje Martín Lutero, en 1517, inició la llamada Reforma, el movimiento religioso que dividió al cristianismo dando origen a nuevas ramas. Ésta ha señalado que las posiciones de carácter étnico-nacionalista y las expresiones contrarias a la democracia de sectores importantes del AfD son incompatibles con contenidos fundamentales de la fe cristiana. También ha condenado las actitudes hostiles contra refugiados, personas de origen migrante, queer y otros grupos vulnerables.
La Iglesia católica ha adoptado una postura inequívoca. La Conferencia Episcopal ha reiterado que el nacionalismo étnico y las posiciones que desprecian la dignidad de determinadas personas no tienen cabida. En el este de Alemania, el AfD ha conseguido niveles de apoyo elevados. Autoridades eclesiásticas han señalado que detrás del voto también hay experiencias de desigualdad, pérdida, frustración y sensación de abandono que no pueden resolverse simplemente calificando de extremistas a todos sus electores
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