Un comerciante de 1629 ordenó matar a más de 100 náufragos para ahorrar comida: ahora descubren que reunía 10 rasgos psicopáticos
Una investigación científica recupera la historia de Jeronimus Cornelisz, un comerciante del siglo XVII que convirtió un naufragio en una masacre y que podría ser uno de los primeros psicópatas corporativos documentados.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
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En 1629, un barco de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales naufragó frente a las costas de Australia. Lo que sucedió después fue mucho peor que el propio accidente. Un nuevo estudio publicado en la revista científica Asian Journal of Business Ethics ha recuperado uno de los episodios más estremecedores de la historia marítima para analizar la personalidad de su principal responsable: Jeronimus Cornelisz, un comerciante que podría representar uno de los primeros casos documentados de psicopatía corporativa.
La investigación, dirigida por Clive Roland Boddy, de la Universidad Anglia Ruskin (Reino Unido), plantea una cuestión inquietante: ¿existían ya dirigentes empresariales con comportamientos psicopáticos cuando aparecieron las primeras grandes multinacionales? Para responderla, el investigador ha examinado documentos históricos, testimonios de supervivientes y estudios arqueológicos relacionados con una tragedia ocurrida hace casi cuatro siglos.
El protagonista trabajaba para la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales, conocida como VOC, fundada en 1602 y considerada una de las primeras corporaciones multinacionales financiadas mediante acciones. Esta poderosa organización dominaba buena parte del comercio de especias entre Europa y Asia, pero su expansión estuvo acompañada de guerras, explotación colonial y episodios de extrema violencia.
Cornelisz ocupaba un puesto mercantil de responsabilidad intermedia. Sin embargo, las circunstancias terminaron colocándolo al frente de aproximadamente 200 supervivientes. Lo que hizo con aquel poder es precisamente lo que ha llamado la atención de los investigadores.
Un naufragio que terminó en una pesadilla
El 4 de junio de 1629, el Batavia, uno de los grandes barcos de la VOC, encalló en un arrecife del archipiélago de Houtman Abrolhos, frente a Australia Occidental. La embarcación viajaba hacia la actual Yakarta cuando quedó destrozada en una zona de pequeñas islas prácticamente deshabitadas.
Los supervivientes consiguieron refugiarse en varios islotes, aunque pronto surgió un problema: apenas tenían alimentos y escaseaba el agua potable. Ante aquella situación, el comandante Francisco Pelsaert y otros tripulantes partieron en una embarcación para buscar ayuda en las Indias Orientales Neerlandesas.
La ausencia de los principales oficiales dejó el mando en manos de Cornelisz. Según los registros examinados por Boddy, el comerciante ya había participado en planes de motín antes del naufragio. Ahora tenía la oportunidad de hacerse con el control de quienes habían sobrevivido.
Su primera medida fue reorganizar el consejo que gobernaba a los náufragos, sustituyendo a sus integrantes por hombres de confianza. Después comenzó a enviar grupos a otras islas con el pretexto de buscar agua, aunque el propósito, según la investigación, era desprenderse de posibles adversarios.
El siguiente paso fue todavía más brutal. Cornelisz justificó la eliminación de personas argumentando que los recursos disponibles no alcanzarían para todos. Sus seguidores comenzaron entonces una campaña de asesinatos que afectó a hombres, mujeres y niños. Las estimaciones históricas recogidas en el estudio sitúan el número de víctimas entre 96 y 115. Varias mujeres también sufrieron violencia sexual y fueron sometidas a cautiverio.

Las diez características que sorprendieron al investigador
Para estudiar su personalidad, Boddy utilizó una herramienta de evaluación denominada PM-MRV2, diseñada para identificar características psicopáticas relevantes en entornos empresariales. El análisis concluyó que Cornelisz presentaba las diez características examinadas.
Entre ellas figuraban el encanto superficial, la manipulación, la mentira, el egocentrismo, la ausencia de remordimientos y la incapacidad para asumir responsabilidades. El comerciante también demostró una notable habilidad para conseguir obediencia mediante amenazas y recompensas.
Uno de los detalles más reveladores fue su decisión de proclamarse capitán general y adoptar una vestimenta acorde con su nuevo rango. El investigador interpreta este comportamiento como una manifestación de grandiosidad, acompañada de una necesidad constante de reconocimiento y autoridad.
Cornelisz, además, evitaba participar personalmente en la mayoría de los asesinatos y dejaba las ejecuciones en manos de sus subordinados. Cuando finalmente fue capturado, intentó responsabilizar a otros de los crímenes cometidos.
El estudio considera que estas estrategias guardan semejanzas con las empleadas por determinados dirigentes empresariales actuales. Sin embargo, conviene introducir una cautela: se trata de una evaluación retrospectiva basada en fuentes históricas, no de un diagnóstico clínico realizado directamente al personaje.

Dos líderes y dos destinos completamente diferentes
Mientras Cornelisz imponía el terror, otro grupo de supervivientes estaba demostrando que existía una alternativa. En la isla de West Wallabi, el soldado Wiebbe Hayes organizó a varias decenas de hombres que habían sido enviados allí y abandonados.
Lejos de sucumbir a la falta de recursos, encontraron agua dulce, consiguieron alimentos y establecieron medidas de defensa. Cuando los amotinados intentaron atacarles, lograron resistir utilizando armas improvisadas y posiciones fortificadas.
La situación cambió definitivamente con la llegada del barco de rescate Sardam. Los hombres de Hayes consiguieron advertir a sus tripulantes antes de que los amotinados pudieran apoderarse de la embarcación. Cornelisz fue juzgado y ejecutado junto con varios de sus colaboradores.
Para Boddy, el contraste resulta especialmente significativo. Ambos grupos habían afrontado condiciones extraordinariamente difíciles, pero sus dirigentes tomaron decisiones radicalmente distintas. La investigación sostiene que una organización basada en la cooperación podría haber evitado buena parte de las muertes.
El autor señala que este caso permite reconocer patrones de manipulación, intimidación y abuso de poder que todavía preocupan en el mundo empresarial. No obstante, la comparación no demuestra por sí sola que todos esos comportamientos respondan necesariamente a una misma condición psicológica.
El episodio del Batavia ofrece, así, una perspectiva poco habitual sobre los comienzos del capitalismo global. Cuatro siglos después, los documentos históricos y las investigaciones arqueológicas permiten estudiar no solo los crímenes cometidos en aquellas islas, sino también cómo una posición de autoridad pudo convertirse en un instrumento de violencia extrema.
Referencias
- Boddy, C. Asia bound: shareholder capitalism, corporate psychopathy and psychopathic leadership. Asian J Bus Ethics (2026). doi: 10.1007/s13520-026-00274-y
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