La gran encrucijada electoral de Israel

Luego de que su partido se convirtiera en el más grande del Parlamento y de haber acusado una injerencia extranjera en el proceso electoral, un potencial séptimo mandato de Benjamin Netanyahu en Israel se encuentra en la cuerda floja. Los resultados electorales, de los comicios del martes, también han complicado a su contrincante, Gadi Eisenkot, cuya posibilidad de derrotar al actual primer ministro requiere la recolección de apoyo externo para lograr una mayoría en la Knesset, que incluso podría significar una alianza con los partidos árabes.
Ningún liderazgo logró conseguir la cantidad mínima de 61 escaños para formar un gobierno en las elecciones del 27 de octubre. Con el desempeño de sus aliados Judaísmo Unido de la Torá, Shas, Poder Judío y Sionismo Religioso, el partido de Netanyahu, Likud, alcanzó los 53 escaños de respaldo, lo que dejó a este bloque carente de cuatro puestos y en necesidad de ocho aliados adicionales. En total, la oposición al primer ministro actual logró 67 asientos en la Knesset, de los cuales 48 corresponden al bloque del exmilitar Eisenkot. Su partido, Yashar, obtuvo 21 escaños, mientras que sus aliados de Juntos, Los Demócratas e Israel Beitenu, de Avigdor Lieberman, aportaron 27 asientos. Los partidos árabes, por su lado, consiguieron 19 escaños.
Para resolver la definición del próximo primer ministro, los resultados pusieron sobre la mesa legislativa israelí un verdadero rompecabezas, que implica semanas de negociaciones y en las que muchos factores se encuentran en juego, incluyendo la posible reanudación de los ataques de Estados Unidos a Irán. El miércoles, el presidente Isaac Herzog tendrá que contactar a los líderes de diferentes partidos, quienes deberán plantearle el nombre de la persona que debería encabezar el próximo gobierno israelí.

Finalizado ese proceso, el jefe de Estado le encargará la labor a quien considere que tenga más opciones para obtener respaldo, sin ser necesariamente el líder del partido más votado. El político escogido tendrá 28 días para presentar su gobierno, que pueden incluir una prórroga otorgada por Herzog. Completado ese plazo, el candidato y su gabinete serán sometidos a votación en la Knesset para determinar si obtienen una mayoría a favor o en contra.
“La próxima semana voy a invitar a los representantes de las facciones a consultas antes de asignar el mandato para formar el próximo gobierno. Con la publicación de los resultados, pido una cosa importante para cada persona que llegue: vengan con una mente abierta”, comunicó el jefe de Estado en sus redes sociales.
De no llegar a puerto con las negociaciones, se convocaría otra elección. Eso fue precisamente lo que ocurrió entre el 2019 y el 2020 en Israel, en un periodo que concentró tres votaciones para decidir entre Netanyahu y su opositor Benny Gantz, de Azul y Blanco. Con todos esos intentos detrás, los líderes acordaron alternar el cargo de primer ministro y formar un gobierno de unidad, estructura que colapsó en el 2020 a falta de consensos sobre el presupuesto, lo que llevó a un cuarto proceso electoral.
El periodista y escritor israelí Yaakov Katz explicó a la BBC que en el actual escenario “cada bando intentará captar desertores o verá si puede formar un gobierno minoritario, y recurrirá a todo tipo de maniobras políticas. Podrían pasar semanas o meses antes de ver si alguien es realmente capaz de formar un gobierno”.
El historiador israelí Adam Raz planteó, en conversación con La Tercera, que de momento “la única posibilidad es formar un gobierno de unidad nacional, con el Likud y el Yashar, pero Eisenkot ha declarado un par de veces que no está dispuesto a sentarse con Netanyahu. Creo que será decidido en los próximos días, si es que la guerra con Irán golpea de nuevo luego de las elecciones. Entonces, quizás haya presión sobre Eisenkot y los otros partidos para sentarse con Netanyahu. Se habla de que el presidente Herzog llamaría a un gobierno de unidad, algo que es más que una posibilidad”.
Gabriel Ben Tasgal, experto en Medio Oriente, señaló que tanto el actual primer ministro como Eisenkot tienen escasas posibilidades, por lo que “lo lógico sería un gobierno de unidad nacional. Lo que pasa es que es tanta la enemistad ideológica y personal entre ambos campos que puede ser que no lleguen a un acuerdo, incluso con la intervención de Donald Trump o del presidente de Israel. Hoy me declino a pensar que hay más posibilidades de una nueva elección”.
Para el New York Times, una potencial estructura para llegar a los 66 escaños sería sumar a los partidos Yashar y Likud en alianzas con el conservador y exprimer ministro Naftali Bennett, del partido Juntos; el centrista Yair Lapid, que fundó Yesh Atid, y el también derechista Avigdor Liberman, de Israel Beitenu, quien es un histórico rival de Netanyahu. En este panorama coincide Raz, quien afirmó que “probablemente la presión va a estar ahora en Eisenkot, Bennet y Liberman para unirse de alguna forma u otra a un gobierno unido, pero es necesario ver lo que va a pasar en los próximos días”.
Este jueves, Bennet y Eisenkot se reunieron en la ciudad de Ra’anana para discutir sus opciones. “En las próximas semanas escucharán muchos giros y ruidos de fondo desde todo tipo de trompetas. Sugiero que lo ignoren. Cuando tengamos algo que decir, lo escucharán directamente de mí. Estamos aquí, trabajando para ustedes en silencio, nuestro compás está fijado, tenemos experiencia y estamos más determinados que nunca para hacer bien las cosas”, afirmó el conservador de Juntos.
Cualquier posible maqueta para lograr una unidad, en todo caso, representaría un desafío directo a la premisa central de la campaña de Eisenkot para desplazar al primer ministro del poder, a quien ha calificado previamente como una figura incapaz de liderar a Israel.
“No nos sentaremos con Bibi (Netanyahu), ni con Golan ni Aryeh Deri (líder del partido Shas). Tampoco con Yasser Hujeirat (miembro de la Lista Árabe Unida) ni con el resto de quienes apoyan el terror. Ni directa ni indirectamente. La única coalición que viene a consideración es una compuesta solo por partidos sionistas, incluyendo el Likud sin Bibi”, sentenció Liberman.
Tasgal afirmó que “debido a los antecedentes de que a partidos de la oposición los engañó, no les cumplió las promesas y demás, nadie quiere sentarse con Netanyahu en un gobierno. Entre otras cosas, porque tiene una figura muy centralista y anula a sus socios, entonces partidos que podrían formar parte de esa coalición ideológicamente no lo hacen, entonces él no tiene la mayoría, perdió”.
— אביגדור ליברמן (@AvigdorLiberman) October 29, 2026תודה לכל אזרחי ישראל שבחרו בישראל ביתנו, נתנו אמון בדרך שלנו ובמאבק שלנו למען מדינה יהודית, דמוקרטית, ציונית וליברלית. תודה גדולה גם לכל הפעילים שלנו שפעלו יום ולילה והיו חלק מהמאבק הזה.
כפי שאתם יודעים, אצלי מילה זו מילה, וכל מה שאמרתי לפני הבחירות תקף גם אחריהן. לא נשב עם ביבי…
Para el primer ministro actual, una alternativa que se asoma es la promesa de cargos, determinaciones políticas o asignaciones presupuestarias, de acuerdo con la BBC.
La pieza clave
Una inevitable manija para destrabar las negociaciones, por su alcance numérico, son los partidos árabe-israelíes, a pesar de que tanto Netanyahu como Eisenkot han descartado previamente la idea de trabajar con ellos.
El desempeño de la Lista Conjunta y la Lista Árabe Unida (Ra’am) fue uno de los factores sorpresa en las elecciones del martes, en las que lograron 11 y ocho escaños, respectivamente.
A los ojos del primer ministro, las cifras obtenidas por los partidos árabes significan un fraude electoral y la presencia de una injerencia extranjera en el proceso democrático. Por lo mismo, señaló que el Likud entregará antecedentes pertinentes al Comité Electoral, a la policía y al servicio de inteligencia Shin Bet. En ese sentido, manifestó en un discurso que una alianza con estas tiendas sería “vergüenza y una desgracia”, y que “ningún partido sionista debería cooperar con Ra’am y la Lista Conjunta”, como mencionó en X.
— Benjamin Netanyahu - בנימין נתניהו (@netanyahu) October 29, 2026הודעת הליכוד:
פרשת רע״מגייט היא רעידת אדמה. גנבו את הבחירות בישראל!
הדברים של השופט סולברג על מעורבות של גורמים זרים שהתערבו ושיחדו מצביעים לטובת המפלגות הערביות הם טלטלה חסרת תקדים.
מדובר בפיגוע בדמוקרטיה שמטרתו להוביל להשתלטות זרה על הכנסת, לאיסלאמיזציה של ישראל, ולהפלת…
Yousef Jabareen, líder de la Lista Conjunta, señaló en X que “Netanyahu fue derrotado en el balotaje y se rehúsa a aceptar la decisión de los votantes. Está recurriendo a una campaña de incitación racista contra el público árabe en un intento por socavar los resultados de la elección y prevenir que el Knesset se jure a tiempo. En momentos de crisis, vuelve a la misma táctica familiar: incitación racista y la deslegitimación del público árabe”. Desde la misma lista, Ahmad Tibi afirmó para Reuters que “toda esta campaña se dirige contra Eisenkot, para impedirle, intimidarlo y asustarlo de formar un gobierno que dependa de soporte externo de la Lista Conjunta o Ra’am”.
El exmilitar de Yashar coincidió con su rival y lo elogió por “finalmente condenar el involucramiento qatarí en Israel”. En esa línea, Eisenkot declaró que “el involucramiento foráneo en el Estado de Israel es una materia inaceptable y gravemente seria, especialmente cuando involucra a un país que financia y apoya la organización de Hamas. El Shin Bet debe investigar las sospechas imparcialmente, minuciosamente y de inmediato”.
Lo cierto es que, de no conformar un gobierno de unidad, la oposición necesita los votos para derrotar al primer ministro, que se mantiene de forma interina en el poder hasta nombrar al siguiente en su cargo. Desde Ra’am ya han mostrado su disposición para unirse a una potencial administración de Eisenkot e incluso mantienen entre sus liderazgos a Yoav Segalovitz, un expolicía. Según Al Jazeera, la Lista Conjunta ha manifestado que puede extender su apoyo, pero no necesariamente unirse a una coalición.
El analista político palestino Ahmed Najar mencionó a ese medio que “Eisenkot ha impuesto pruebas de lealtad a los partidos árabes y ha descartado depender de ellos, incluso si la aritmética electoral hace indispensable su apoyo”. Najar también planteó que una asociación con estos partidos podría ser la única ruta realista para remover a Netanyahu del poder.
Para Tasgal, “tras el 7 de octubre nadie quiere una alianza con los partidos árabes porque son tomados como parte de aquellos que apoyan la causa palestina”. En esa línea, añadió que no es probable que ingresen a una coalición ni que reciban ministerios, pero que sí podrían tener participación tácita al apoyar al gobierno del exmilitar y sus acciones.
“Hay cierta posibilidad de eso, lo que pasa es que es condenar a ese gobierno a una inestabilidad tal que Eisenkot puede quedarse en el poder unos cuantos meses, pero si hay elecciones puede perder de tal forma que el daño que se va a hacer a su propia imagen puede ser significativo en Israel. Es pan para hoy, hambre para mañana. No creo que sea bueno para él prestarse a eso, hoy hacer una alianza con los partidos árabes es, de alguna manera, manchar tu gobierno, porque los partidos árabes tienen fuerzas identificadas con la hermandad musulmana”, añadió el experto en Medio Oriente.
Previamente, el otrora militar había declarado que estas tiendas no reúnen las condiciones para transformarse en aliadas de su bloque. En ese sentido, Najar recalcó que “si Eisenkot es serio sobre el reemplazo de Netanyahu, debe decidir si es que está preparado para desafiar ese orden político racista o permanecer confinado por la misma lógica exclusoria que Netanyahu ha explotado por años”.
El analista también señaló que un pacto con estos partidos, “políticamente, requeriría que él (Eisenkot) y sus probables socios, particularmente Bennet y Lieberman, abandonaran su antiguo consenso sionista de que los ciudadanos palestinos de Israel pueden votar, pero que los partidos que los representan no son socios legítimos para gobernar el país”.
Con este telón de fondo, cerca de 300 personas llegaron a manifestarse esta pasada semana en diferentes puntos de Israel para exigir un gobierno judío-árabe, según reportó el diario Haaretz.
“La mayoría del bando anti-Netanyahu no está de acuerdo con formar una coalición sin los partidos árabes”, explicó a La Tercera Adam Raz, historiador israelí. En eso coincide Yair Golán, líder de los Demócratas de centroizquierda: “Netanyahu perdió. Yo sé cómo contar. Cualquiera que intente borrar las voces de ciudadanos árabes está doblegándose ante Netanyahu y rindiéndose con Israel”.
“Netanyahu sabe que está en grandes problemas”
Para Netanyahu, que acumula 18 años en el poder de forma interrumpida, “esto no solo es una cosa de estar en el cargo o no estarlo. Está batallando por su vida”, explicó Raz. El líder del Likud enfrenta casos de corrupción con cargos que incluyen soborno, fraude y abuso de confianza, con investigaciones que iniciaron en 2016. “Es una especie de gánster ahora mismo, y su familia también está involucrada”, agregó el historiador.
“En los últimos dos o tres años ha aparecido mucho diálogo y escritos sobre el involucramiento de Qatar y de dinero que se ha pasado por debajo de la mesa. Nadie puede investigarlo cuando Netanyahu controla el Estado, pero si él sale, será una avalancha. Para él, salir de la oficina del primer ministro es una cuestión de libertad personal, puede ir a la cárcel. En Israel ya hemos tenido en el pasado a un primer ministro, un presidente y un ministro en la cárcel. Nosotros ponemos a las personas en la cárcel y Netanyahu sabe que está en grandes problemas”, complementó el israelí.
Desde una perspectiva regional, Raz no considera que habrá un gran cambio en la política exterior de Israel, “si es que es un gobierno de coalición unida o uno de Netanyahu; no creo que haya un cambio muy grande en la política de Israel, porque no es un conflicto entre la izquierda y la derecha”.
Para Tasgal, en cambio, “Eisenkot sería mucho menos agresivo en su oratoria, porque es mucho más conciliador en su forma de hablar, entonces sí puede tener una influencia. Por otro lado, Donald Trump prefiere a Netanyahu y prefiere que juntos sigan atacando a Irán”.
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