Rojo y una costumbre semifinal: jugará su tercera en cuatro años, y siempre en Brasil

Marcos Rojo baja del micro en el que se vivía una fiesta y se le imprime la energía que buscó al volver a su primera casa, a Estudiantes. Son los mismos hinchas que tantas veces en los últimos años le reprocharon su identificación con Boca. Pero también los que lo hicieron porque lo aman, como símbolo y parte de la gloriosa historia pincharrata. Son casi las 11 de la noche y la calle que corta la avenida Lucio Costa, en Barra de Tijuca, explota de rojo y blanco. Y Rojo sabe definitivamente que volvió en el momento justo.
La instancia es alentadora: el equipo del Cacique Medina se juega este jueves la chance de meterse en la final de la Copa Libertadores, y Rojo tendrá -más que probablemente- un lugar en el 11 titular del partido ante Flamengo, en el Maracaná y para resolver qué equipo aprovecha mejor el 0-0 de la ida en UNO.
Un choque que no tuvo al único sobreviviente del plantel campeón en la última conquista pincha, en el año 2009 porque no fue habilitado por Conmebol, antes de que el TAS sí le diera la posibilidad de jugar este partido de vuelta que -casualidades del destino- l o pone por tercera vez en cuatro años en la misma instancia casi decisiva de la máxima competencia continental. Y siempre con Brasil entre la Copa y él.
Los antecedentes, en ese sentido, son ambiguos. Porque si algo tiene de constante su aporte es que siempre es importante y está a la altura de las circunstancias. Aunque -claro- en el fútbol mandan los resultados, y de las dos copas anteriores Rojo no levantó ninguna.
Con Boca, roja y sin final
La primera fue con Boca y fue victoria ante Palmeiras en San Pablo, pero con un asterisco grande: Marcos fue expulsado durante el segundo tiempo y sufrió viendo cómo sus compañeros aguantaban el empate definitivo para después ganarlo en los penales. La final, que la vio también desde afuera por esa suspensión, fue para Fluminense, y fue la última gran chance que tuvo con el club del que se declaró hincha.
Los hinchas de Estudiantes esperaron la llegada del plantel al hotel.
En 2024 no tuvo casi competencia importante, porque Boca jugó la Sudamericana y no pasó de octavos de final, pero en 2025 dio un salto en medio de la campaña de Racing para -desde octavos y tras acordar su salida anticipada del xeneize- ser el refuerzo "hijo de puta" que Gustavo Costas le pidió a Diego Milito para intentar ganar la Copa después de casi 60 años.
La increíble semi con Racing
La semifinal de Rojo en la serie de la Academia contra Flamengo -definida en Avellaneda- lo tuvo como gran protagonista, al margen de que por nivel cumplió sobradamente: en Río de Janeiro, protagonizó una escena insólita al pegarle un codazo involuntario a su compañero Santiago Sosa, que le costó una fractura que lo dejó afuera de la revancha y de casi cambiar su fisonomía habitual.
Los jugadores del Pincha recibieron el aliento de sus simpatizantes de cara a la vuelta de la semifinal de la Libertadores.
Pero no fue lo único, porque enseguida llegó otra jugada desafortunada, en la cual le rebotó la pelota que terminó adentro del arco propio y que resultó el único gol de la serie que impidió que Racing llegue al menos a los penales.
El presidente de Estudiantes llegó al hotel en Rio de Janeiro.
El largo camino de vuelta a casa
Desde ahí, todo fue cuesta arriba en su carrera y en su camino de regreso a casa. En enero estuvo cerca, pero la insistencia de Costas lo mantuvo en Avellaneda. Y con el coqueteo siempre presente y por su relación de los años de compañeros con el presidente Juan Sebastián Verón, estaba claro que tarde o temprano se iba a dar.
Parecía cosa de un futuro un tanto más lejano, también por su contrato vigente hasta fin del 2026 con Racing. Pero en la noche en la que el Pincha se metió en la semi ganándole en San Pablo al Corinthians, a Rojo le llegó el primer llamado. Desde ahí, las condiciones empezaron a darse.
¿Será la vencida?
Por la voluntad de los polos que se empezaron a juntar, por la campaña de una Academia a la que no le quedaron objetivos y porque los obstáculos que aparecieron (las negociaciones entre clubes, las trabas de AFA y de Conmebol), parecía una historia sin final feliz. Que aún no se sabe si lo será o no, pero que al menos Rojo lo podrá dirimir en la cancha, intentando que la tercera sea la vencida. Y que su regreso lleno de energía pincha termine justificando tantos años de distancia.

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