Etiopía recuperó una ciudad estratégica en el norte del país mientras se extienden los combates con los rebeldes de Tigré

El Ejército federal de Etiopía y las milicias aliadas tomaron este lunes Alamata, ciudad del sur de la región de Tigré situada a unos 120 km de Mekele, la capital regional. Fuentes militares etíopes y un comandante rebelde confirmaron la captura a EFE. Es el primer revés para el Frente de Liberación del Pueblo de Tigré (FLPT) desde que lanzó su ofensiva, hace una semana.
El comandante Getachew Berhane admitió ante EFE que sus tropas se replegaron a las montañas que dominan la localidad. Los rebeldes se refugian en la zona boscosa de Gira Kahsu, a unos 5 km. Residentes y fuentes castrenses anónimas confirmaron que soldados federales recorrieron las calles e izaron banderas etíopes.
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Alamata importa por su posición: es un centro de abastecimiento de tropas, alimentos y combustible, cerca de la frontera entre Tigré y la región de Amhara. Cambió de manos varias veces durante la guerra de 2020-2022: el Gobierno anunció su captura en noviembre de 2020 y las fuerzas tigriñas dijeron haberla retomado en julio de 2021.
El acuerdo de Pretoria, firmado en noviembre de 2022 bajo mediación de la Unión Africana (UA), detuvo una guerra que dejó al menos 600.000 muertos, según el mediador Olusegun Obasanjo, expresidente de Nigeria. El pacto no resolvió las disputas de fondo. Quedaron abiertos el control de los territorios disputados entre Amhara y Tigré, el retorno de los desplazados y el desarme de las fuerzas regionales.
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Unas 750.000 personas seguían desplazadas dentro de Tigré antes de esta escalada. La calma se rompió a finales de 2025, cuando se reanudaron los choques. El 9 de septiembre, Human Rights Watch advertía de que ambas partes se acusaban de movilización militar y de que la UA debía reforzar su mediación. A ello se suma la fractura interna del movimiento tigriña: la Fuerza de Paz de Tigré nació de una escisión de las antiguas fuerzas rebeldes.
Días antes de su ofensiva, el FLPT anunció una alianza con otros grupos armados, entre ellos el Movimiento Nacional Amhara Fano y el Ejército de Liberación Oromo. Son seis las organizaciones aliadas con el FLPT. Su objetivo declarado es derrocar al primer ministro, Abiy Ahmed, e instaurar un Gobierno de transición. La coalición une a antiguos adversarios: en la guerra anterior, el FLPT acusó a las milicias Fano de atrocidades y de desplazar a cientos de miles de tigriñas en zonas fronterizas en disputa.
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La Oficina de Derechos Humanos de la ONU informó de que ataques aéreos del Ejército, algunos con drones, alcanzaron cinco escuelas de Tigré el 22 de septiembre, con muertos y heridos. Al día siguiente, el FLPT tomó los aeropuertos de Mekele, Axum y Shire, y Ethiopian Airlines suspendió sus vuelos. La UA consideró esa toma incompatible con Pretoria. El FLPT acusó al Gobierno de una “invasión” y ordenó a sus fuerzas una “guerra defensiva”.

Los combates abarcan Tigré, Afar, Amhara y zonas de Oromía. En Afar, el FLPT tomó el domingo la localidad de Erebti y avanzaba hacia Afdera. Esa ofensiva busca cortar el corredor de suministros desde Yibuti, por donde entra la mayor parte de las importaciones etíopes, incluido el combustible. Interrumpir esa ruta enemistaría a Yibuti, socio regional que no tiene relación con la nueva alianza.
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El jefe del Ejército, Berhanu Jula, acusó en la televisión estatal a Eritrea, al Ejército de Sudán y a Egipto de apoyar a la oposición armada. Eritrea y el Ejército sudanés negaron la acusación, según Reuters. En Afar, las tropas federales cuentan con el respaldo de la Fuerza de Paz de Tigré.
El secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió el 23 de septiembre del riesgo de un conflicto “más amplio y devastador” y respaldó la mediación de Obasanjo. La UA y el bloque regional IGAD pidieron contención. Abiy Ahmed, en el poder desde 2018, acumula críticas por no resolver las tensiones étnicas que provocan recurrentes oleadas de violencia.
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La toma de Alamata mejora la posición militar del Gobierno en el sur, pero deja abiertos los frentes de Afar y Amhara, donde se decide el control de la ruta hacia Yibuti. La mediación de Obasanjo, que ya negoció Pretoria y cuenta con el aval de la ONU, es hoy el principal cauce diplomático, en un momento en que ambos bandos apuestan por el terreno antes que por la mesa.
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