'Mi casa está toda rajada': el miedo de una mujer que ha visto desaparecer terrenos y viviendas por la erosión costera en Puerto Colombia
Las casas de más de 20 familias en Vistamar pueden desaparecer como ya pasó con terrenos, senderos y parte de la historia del barrio.
La erosión costera mantiene en riesgo varias viviendas del barrio Vistamar, en Puerto Colombia, Atlántico. Foto: Redes sociales-Alcaldía de Puerto Colombia

PERIODISTAActualizado:
Marlene María Blanco Cervantes lleva casi 35 años viviendo en el barrio Vistamar, en Puerto Colombia, Atlántico. Durante ese tiempo vio crecer a sus vecinos, levantarse viviendas y desaparecer buena parte de los terrenos donde antes caminaba con sus perros o realizaba actividades ambientales con los niños.
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Ahora, desde la casa que ha ocupado durante más de tres décadas, observa con preocupación cómo el mar continúa acercándose y las grietas avanzan por las paredes de su vivienda.
“Yo estoy aquí porque no tengo para dónde coger, pero si yo tuviera otra casa ya hubiera desocupado, porque realmente estamos en alto riesgo”, cuenta esta mujer, arquitecta, ambientalista y artesana, que ha dedicado parte de su vida a trabajar por la conservación del entorno natural de Puerto Colombia, municipio del área metropolitana de Barranquilla.
Su casa no está directamente sobre el borde del acantilado. Se encuentra al otro lado de la calle, frente a las viviendas que han perdido terrazas, patios y parte de sus estructuras por el avance de la erosión. Sin embargo, eso no le ha permitido escapar de los daños que, según relata, se han agravado con las recientes lluvias.
Yo estoy aquí porque no tengo para dónde coger, pero si yo tuviera otra casa ya hubiera desocupado, porque realmente estamos en alto riesg
Marlene María Blanco CervantesLíder del barrio Vistamar.
“Mi casa está toda rajada, hay un hueco en el patio que lo he rellenado con piedras, con arena, con todo, y ahí está el hueco que me da miedo que la casa se pueda ir por ahí, imagínate”, dice mientras describe el deterioro de la propiedad en la que ha pasado buena parte de su vida.
Lo que ocurre en Vistamar se ha convertido en una emergencia para sus habitantes. Según el balance conocido de la situación, ocho viviendas presentan graves afectaciones y alrededor de 15 familias enfrentan las consecuencias directas de la erosión y la inestabilidad del terreno. Otras 20 familias ubicadas en la parte alta del sector podrían encontrarse expuestas a condiciones similares.
Pero detrás de esas cifras hay historias como la de Marlen, que ha visto desaparecer lugares que durante años hicieron parte de su vida cotidiana.
El lugar donde paseaba a sus perros ya no existe
Durante la pandemia, cuando las restricciones cambiaron las rutinas de millones de personas, Marlen encontraba en un pequeño cerro cerca a su vivienda un lugar para salir a caminar y correr con sus perros. Desde allí podía recorrer parte del terreno que separaba las casas del mar Caribe.
Hoy, asegura, buena parte de ese espacio ha desaparecido.
Las fuertes lluvias han agravado las condiciones del terreno en Puerto Colombia. Foto:Alcaldía de Puerto Colombia
“La montaña que está acá adelante donde yo iba cuando con la pandemia con los perritos a correr por todo eso, la montaña toda se la llevó el mar. Toda, toda, una cosa impresionante”, recuerda.
También desapareció el sendero ecológico por el que bajaba para desarrollar actividades con niños de la comunidad. Marlene, que se reconoce como ambientalista, utilizaba ese espacio para promover el cuidado de la naturaleza y compartir con los más pequeños del barrio.
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“Donde yo hacía las actividades con los niños, bajando ahí por el sendero ecológico que ya no existe porque todo eso se lo llevó el mar”, relata.
Según sus cálculos, el retroceso de la franja costera supera los 20 metros en algunos puntos. Es una estimación personal que no ha sido contrastada con mediciones técnicas, pero que refleja la magnitud de los cambios que ella ha presenciado.
La pérdida de terreno también ha alcanzado propiedades de sus vecinos. Marlen menciona la vivienda de Alfredo Liévano, ubicada frente a la suya, cuya terraza desapareció como consecuencia del deterioro del borde costero.
“La casa está en alto riesgo, la casa está al borde de que se vaya abajo. Y eso es lo que me da miedo a mí, si esa casa se va, nos vamos nosotros también. Y yo estoy del lado de la calle”, explica.
El temor no se limita a quienes tienen sus viviendas junto al precipicio. En Vistamar, las familias que habitan la primera calle también observan las grietas y los movimientos del terreno con preocupación.
35 años de vida frente al mar
Cuando Marlene llegó a Vistamar, el barrio ya comenzaba a consolidarse. Recuerda que compró el terreno junto a Carlos Rincón (q. e. p. d.), un reconocido reportero gráfico que trabajó con EL TIEMPO y varios medios, cuando otras familias también habían empezado a establecerse en esta zona de Puerto Colombia.
“Yo voy a tener 35 años de estar aquí, imagínate. Nosotros compramos esto porque ya había gente viviendo aquí”, señala.
El avance de la erosión ha provocado la desaparición de espacios en el barrio Vistamar. Foto:Redes sociales
Reconoce que los primeros asentamientos surgieron mediante ocupaciones informales, pero explica que con el paso de los años el sector se consolidó y sus habitantes obtuvieron documentos de propiedad.
Esa historia es precisamente una de las razones por las que hoy cuestiona la respuesta de las autoridades frente al riesgo que enfrentan.
“Yo no entiendo por qué nos dieron escrituras. Yo pago predial, yo pago todos los servicios. ¿Por qué nos dieron escrituras si ahora alegan que estamos en alto riesgo?”, pregunta.
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Para ella, abandonar su vivienda significaría dejar atrás décadas de trabajo, recuerdos familiares y una comunidad de la que ha formado parte desde sus primeros años.
Marlen también recuerda los cambios del paisaje costero. Habla del desaparecido lago Balboa y de una playa que, según su memoria, servía como espacio de encuentro y separaba las viviendas de la acción directa del mar.
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Con el tiempo, asegura, esa franja se fue reduciendo hasta dejar algunas propiedades expuestas a los procesos de erosión.
Su hijo también ha sufrido las consecuencias. En un terreno familiar cercano a la costa intentaron levantar barreras para detener el avance del agua.
“Le hemos metido plata a eso, hicimos una muralla, le hemos metido llantas, le pusimos una cantidad de árboles de manglares, ayuda mucho, pero qué va, todo eso se lo llevó el mar. Todo”, cuenta.
La mujer sostiene que las intervenciones realizadas en otros sectores del litoral, entre ellas obras de protección y adecuación de espacios públicos, pudieron modificar el comportamiento del mar y agravar la erosión frente a Vistamar. Se trata de una preocupación que ha planteado a las autoridades, aunque no se cuenta con un estudio técnico que permita establecer esa relación causal.
Afirma que ha buscado orientación de especialistas y entidades ambientales para comprender lo que ocurre con el terreno. Según su relato, un ingeniero de suelos le advirtió sobre los riesgos de inestabilidad de la zona.
Las lluvias aumentaron el miedo
La erosión costera lleva años afectando a Vistamar, pero las fuertes precipitaciones recientes han aumentado la preocupación de sus habitantes.
Marlene describe un terreno que cambia con la humedad, presenta agrietamientos y pierde estabilidad. Aunque atribuye estos movimientos a las características del suelo, considera indispensable que las autoridades realicen una evaluación técnica que determine las condiciones reales de las viviendas.
Marlene Blanco lleva cerca de 35 años viviendo en Vistamar y es una reconocida artesana de Puerto. Foto:Redes sociales
La mujer recuerda que durante las intensas lluvias de 2010 también se presentaron desprendimientos de tierra en sectores cercanos, entre ellos el cerro Cupino.
Ahora, cada nuevo aguacero vuelve a despertar aquellos recuerdos.
La emergencia también ha golpeado su sustento económico. Marlen es artesana y vende sus productos en una carpa instalada en la plaza de Puerto Colombia. Con ese trabajo obtiene parte de los recursos para mantenerse.
Marlene vive sola. Su hijo le ha propuesto trasladarse a su casa para evitar los riesgos que enfrenta en Vistamar, pero ella se resiste a abandonar el lugar donde ha construido su vida.
Puerto Colombia declara la calamidad pública
Ante el deterioro de las viviendas y las condiciones de riesgo reportadas por la comunidad, la Alcaldía de Puerto Colombia convocó una sesión extraordinaria del Consejo Municipal de Gestión del Riesgo de Desastres.
Armando Sanjuán, secretario de Infraestructura de Puerto Colombia, en la zona afectada. Foto:Erosión costera en Puerto Colombia
Durante la reunión fue aprobada la declaratoria de calamidad pública para atender la emergencia. La administración municipal informó que avanza en los trámites necesarios para expedir el decreto correspondiente.
Armando Sanjuán, secretario de Infraestructura de Puerto Colombia, explicó que vienen evaluando las condiciones del terreno y las medidas necesarias para responder a la situación.
“Tenemos un balance positivo de las diferentes entidades y dependencias que hacen parte de este consejo”, manifestó el funcionario al finalizar la sesión.
Los habitantes de Vistamar han solicitado en varias oportunidades la intervención de la Alcaldía, la Gobernación del Atlántico, la Corporación Autónoma Regional del Atlántico (CRA) y otras entidades con competencias en la zona costera.
Marlene asegura que la comunidad está cansada de las visitas y las respuestas que, según ella, no se han traducido en una solución para sus viviendas.
Por eso, los residentes tienen prevista una nueva reunión para discutir las medidas que adoptarán. Entre las posibilidades contemplan realizar manifestaciones frente a la Alcaldía y la Gobernación si consideran que sus peticiones continúan sin respuesta.
'Yo estoy aquí porque no tengo para dónde coger'
A sus casi 35 años de residencia en Vistamar, Marlene se enfrenta a una decisión que nunca imaginó tener que tomar: permanecer en una vivienda que presenta grietas y daños o aceptar la propuesta de su hija de trasladarse a otro lugar.
Desde su casa todavía puede observar la propiedad de su vecino, cuya terraza desapareció por la erosión. También puede reconocer los espacios donde antes estaban el sendero ecológico y los terrenos por los que caminaba con sus perros.
Ahora, cada lluvia y cada nuevo desprendimiento de tierra aumentan la incertidumbre sobre cuánto tiempo podrá continuar allí.
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“Gracias a Dios, tengo mi casa, pero mira, con esto que está pasando yo no sé qué va a pasar, la verdad”, confiesa.
Marlen sigue trabajando en sus artesanías, pendiente de las reuniones de la comunidad y de las decisiones que adopten las autoridades. Su hijo insiste en que se traslade, pero ella todavía no se decide.
Después de 35 años, irse de Vistamar significaría dejar la casa que compró cuando el barrio apenas comenzaba a crecer. Quedarse, en cambio, supone convivir con las grietas de las paredes y el temor de que el terreno siga cediendo frente al mar.
LEONARDO HERRERA DELGANS leoher@eltiempo.com y en X: @leoher70
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