Torcuato, fotógrafo, pagó 15.000 euros por una cueva donde hubo gente que renunció a vivir: “Buscan tesoros”

Torcuato es fotógrafo y desde hace más de dos décadas vive en una cueva de Guadix, Granada, que compró por unos 15.000 euros. Se instaló en 2003, después de dedicar cerca de un año a acondicionar una vivienda excavada parcialmente bajo la montaña.
La elección resulta llamativa por el cambio que experimentaron estas propiedades. Según recuerda, en los años 70 hubo personas que dejaron las cuevas porque vivir en ellas era considerado “de baja categoría”.
Torcuato pagó unos 15.000 euros por su cueva en 2002. La propiedad está en la zona de Guadix, donde las viviendas excavadas en el terreno continúan formando parte de la vida cotidiana de numerosos vecinos.
Necesitó aproximadamente un año para prepararla y en 2003 se mudó definitivamente. La casa combina una construcción convencional en la parte delantera con habitaciones que se internan directamente en la montaña.
Cuando el creador de contenido Diego Revuelta recorrió la zona, Torcuato explicó que conoce a muchas personas que todavía viven de esa manera. Sin embargo, recordó que la percepción social era muy distinta décadas atrás.

“En los años 70 hubo gente que renunció a vivir en las cuevas porque ser un cuevero era algo de baja categoría”, contó. Para algunas familias, marcharse a una vivienda convencional representaba entonces un cambio importante.
Ese rechazo contrasta con lo que observa actualmente. “Las buscan como un tesoro”, aseguró el fotógrafo al hablar del interés que comenzaron a despertar estas propiedades.
Los valores también cambiaron. Durante el mismo recorrido, Revuelta conoció otra casa cueva especialmente acondicionada cuyo precio rondaría los 300.000 euros, según uno de los entrevistados.
De vivir en una cueva por necesidad a pagar miles de euros por una
La historia de estas viviendas en Guadix está ligada a las condiciones económicas de sus antiguos habitantes. Pepe, un veterano picador de cuevas de la zona, recuerda con claridad quiénes vivían allí.
Según explica, no eran simplemente casas asociadas de manera simbólica con la pobreza. Durante años fueron directamente el hogar de familias que no podían permitirse acceder a otro tipo de vivienda.
La posibilidad de dejar la cueva podía interpretarse como un progreso. Esa situación ayuda a explicar por qué algunas fueron abandonadas mientras sus propietarios buscaban casas construidas de manera convencional.
Con el tiempo comenzaron las rehabilitaciones. Electricidad, baños, cocinas y nuevas terminaciones permitieron actualizar los espacios sin eliminar su principal particularidad: buena parte de las habitaciones continúa excavada bajo tierra.

Algunas propiedades encontraron además un nuevo uso como alojamiento turístico. Se ofrecen para pasar fines de semana y presentan niveles de equipamiento muy alejados de las cuevas humildes que todavía recuerdan los vecinos mayores.
El caso de Torcuato quedó en medio de esa transformación. Compró por 15.000 euros cuando el fenómeno todavía no había alcanzado los valores actuales y lleva viviendo allí más de 20 años.
Cómo es vivir bajo 20 metros de montaña en Guadix
Dentro de la casa de Torcuato, la profundidad cambia según la habitación. El fotógrafo calcula que en algunos sectores puede tener entre 15 y 20 metros de montaña sobre su cabeza.
La cantidad de tierra funciona como aislamiento. Torcuato asegura que no utiliza calefacción ni aire acondicionado durante el año porque la temperatura interior permanece mucho más estable que en el exterior.

También destaca el aislamiento acústico. “Aquí no hay ruido. El descanso es total”, explica al recorrer unas habitaciones donde las paredes y el techo forman parte del propio terreno.
Las estancias situadas a mayor profundidad carecen de ventanas. En otro sector todavía puede verse la altura original de un espacio utilizado antiguamente para alojar animales, una señal del uso que tuvieron estas construcciones antes de ser modernizadas.
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