Desde Bondi a Zacharia: la ola de despidos femeninos que marcan el segundo mandato de Trump

En marzo del año pasado, en una celebración del Mes de la Historia de la Mujer, Donald Trump declaró que estaba “encantado de decir que tenemos más mujeres en nuestro gabinete que cualquier presidente republicano en la historia de nuestro país”.
A día de hoy, el panorama no es el mismo. Cuatro de las ocho funcionarias de nivel ministerial dejaron sus cargos en apenas tres meses y fueron sustituidas por hombres.

A ellas se suma la nueva secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Katie Zacharia, quien fue despedida el viernes, tras solo cinco días en el cargo.
Trump comentó que le había sugerido a Zacharia que “reconsiderara” su puesto. “Sinceramente, si yo fuera tú, lo reconsideraría”, le habría dicho el mandatario estadounidense.
Zacharia tuvo un comienzo accidentado. Su primera -y última- conferencia de prensa tuvo lugar el martes pasado, seguida de una oleada de titulares que cuestionaban que se había presentado falsamente como abogada, a pesar de no haber aprobado el examen de acceso a la abogacía.
Además, la salida de Kimberly Guilfoyle el martes pasado como embajadora de Estados Unidos en Grecia se anunció en directo, durante la primera sesión informativa de Zacharia.

De acuerdo con The New York Times, la dimisión forzada de Guilfoyle y Zacharia responde a un patrón del segundo mandato de Donald Trump: las figuras prominentes que han abandonado la administración, de forma voluntaria o no, son en su gran mayoría mujeres.
Zacharia es la última funcionaria de alto rango en irse este año. Entre marzo y mayo, cinco de las ocho mujeres del gabinete renunciaron o fueron despedidas. La fiscal general Pam Bondi, la secretaria de Trabajo, Lori Chávez-DeRemer, la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, y la directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard. Las cuatro fueron reemplazadas por hombres.
Expertos en nombramientos presidenciales consultados por el diario neoyorquino calificaron como “inusual” un éxodo de un solo género. “Nunca he visto una situación en la que todas las salidas del primer gabinete hayan sido de un género”, dijo Kathryn Dunn Tenpas, investigadora de la Brookings Institution.
Pruebas de lealtad
A Guilfoyle se le pidió la dimisión después de que The Wall Street Journal informara de que había solicitado a un donante que pagara su factura de American Express por 100.000 dólares antes de su votación de confirmación.
Además, Trump minimizó su vínculo con Guilfoyle, exprometida de su hijo mayor, Donald Trump Jr.: “Ella no era miembro de mi familia”, dijo a los periodistas. “Ella, supongo, salió con mi hijo hace mucho tiempo”.

En muchos casos, las funcionarias que dejaron la administración MAGA parecían haber fallado algún tipo de prueba de lealtad hacia Trump. Bondi fue criticada por su gestión de la divulgación de los archivos de Jeffrey Epstein y por no cumplir las exigencias del presidente de represalias contra sus enemigos.
En el caso de Noem, el detonante pareció ser su declaración ante el Congreso de que Trump había aprobado decenas de millones de dólares en anuncios gubernamentales en los que ella aparecía de manera destacada, versión que el presidente negó.
A la exsecretaria de Seguridad Nacional se le acusó de gastar 220 millones de dólares de dinero público en una campaña en la que se promocionó sobre todo a sí misma, y de usar con fines privados aviones del Estado, embarcaciones y residencias de la Guardia Costera.
Gabbard renunció para cuidar de su marido enfermo. Su anuncio, sin embargo, se produjo en medio de tensiones entre ella y la Casa Blanca, y después de que se negara a testificar ante el Congreso que Irán representaba una amenaza inminente, argumento de Trump para justificar la guerra contra ese país. El presidente dijo que ella fue “más blanda en ese tema” que él.
Chávez-DeRemer dejó el cargo tras acusaciones de que su agencia estaba plagada de toxicidad y disfunción, de haber mantenido una relación inapropiada con un empleado y de usar fondos públicos para fines privados.
Doble estándar
A pesar de todo lo anterior, las mujeres funcionarias de Trump no son menos controvertidas que los hombres de la administración.
El director del FBI, Kash Patel, enfrentó acusaciones de consumo excesivo de alcohol, de asignar un equipo SWAT para proteger a su novia y de usar un avión del gobierno con fines personales.

El secretario de Comercio, Howard Lutnick, apareció en archivos publicados por el Departamento de Justicia como uno de los visitantes de la isla privada de Epstein.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, reveló planes de guerra secretos en un chat de mensajería en el que se incluyó por error a Jeffrey Goldberg, editor de la revista The Atlantic. Por ese episodio, Trump sancionó al asesor de Seguridad Nacional, Mike Waltz, quien había agregado al periodista al chat.
Sin embargo, Waltz fue designado embajador ante Naciones Unidas, un puesto que Trump había prometido a la representante republicana Elise Stefanik, una de sus aliadas en el Congreso. Stefanik finalmente decidió no postularse a la reelección.
“¿Se le acabaron las mujeres?”, dijo la representante demócrata Alexandria Ocasio-Cortez tras las salidas de Bondi y Noem, cuando un periodista le preguntó a quién debería despedir el presidente a continuación. “Trump sólo parece tener la capacidad de despedir a secretarias”, añadió.
En abril, durante una audiencia en el Congreso, la representante demócrata Madeleine Dean interrogó a Lutnick sobre su conexión con Epstein.
“El presidente Trump acaba de despedir a tres secretarios del gabinete, tres mujeres”, dijo Dean. “Si el presidente Trump tuviera siquiera una pizca de preocupación sobre la responsabilidad de los facilitadores de Jeffrey Epstein, también lo despediría”, cuestionó la congresista.
La respuesta de la Casa Blanca
En una declaración al diario neoyorquino, la subsecretaria de Prensa de la Casa Blanca, Taylor Rogers, dijo que “el presidente Trump ha reunido la mejor administración de la historia, seleccionando a cada miembro de su increíble equipo basándose en un criterio”, que definió como “su capacidad para cumplir con el pueblo estadounidense”.

“A diferencia de los demócratas obsesionados con la política de identidad, el presidente juzga a los individuos por sus méritos y cualificaciones, no por sus características inmutables”, añadió.
Trump nombró a Susie Wiles como la primera mujer jefa de gabinete de la Casa Blanca. Karoline Leavitt, la persona más joven en ocupar el cargo de secretaria de Prensa, dejó el cargo en agosto para criar a sus dos hijos pequeños. La había reemplazado Katie Zacharia, quien se había presentado durante años en público como abogada, aunque se descubrió que no lo es.
El cargo de portavoz de la Casa Blanca quedó nuevamente vacante tras la salida de Zacharia, ocurrida a menos de tres semanas de las elecciones de medio término en Estados Unidos.
Sin embargo, la directora del Centro Jurídico de Mujeres Independientes, May Mailman, destacó la presencia de mujeres en puestos clave, como Wiles, Erica Schwartz, a cargo de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), y Harmeet Dhillon, fiscal general adjunta de la división de derechos civiles del Departamento de Justicia.
“No existe la soledad de la mujer conservadora en la administración Trump”, dijo Mailman. “Sólo hay empoderamiento. Eres un miembro necesario del equipo por lo que eres, no por tu sexo”.

Pero el contraste con el primer gobierno de Trump, entre 2017 y 2021, no radica en la existencia de renuncias femeninas, sino en su concentración durante un período relativamente corto. Aquella administración también registró una elevada rotación de altos funcionarios, pero afectó tanto a hombres como a mujeres, según los estudios de la Institución Brookings sobre los cambios en el equipo presidencial.
Entre las funcionarias que abandonaron sus responsabilidades durante el primer mandato figuraron Nikki Haley, embajadora ante Naciones Unidas, quien anunció su renuncia en 2018, y Kirstjen Nielsen, secretaria de Seguridad Nacional, cuya salida ocurrió en abril de 2019. Elaine Chao y Betsy DeVos, titulares de Transporte y Educación, respectivamente, dimitieron en enero de 2021 después del asalto al Capitolio, en desacuerdo con la conducta del presidente tras los acontecimientos del 6 de enero.
La diferencia también aparece en los nombramientos. Un análisis publicado en junio por The Washington Post, basado en datos de Partnership for Public Service, estableció que las mujeres representaban el 14,53% de los nombramientos o nominaciones políticas examinados durante el segundo mandato, equivalentes a 51 de 351 puestos. En una etapa comparable del primero, la proporción había sido del 23,7%, con 41 mujeres entre 173 designaciones.

La misma investigación estableció que, en un momento equivalente del gobierno de Joe Biden, las mujeres alcanzaban el 52,5 % de los nombramientos analizados.
Según el Centro para las Mujeres Estadounidenses y la Política de la Universidad Rutgers, actualmente solo cuatro de los 23 puestos del gabinete y cargos de nivel equivalente están ocupados por mujeres, lo que representa el 17,4%. Se trata de Susie Wiles, jefa de gabinete; Linda McMahon, secretaria de Educación; Brooke Rollins, secretaria de Agricultura, y Kelly Loeffler, administradora de la Agencia Federal para el Desarrollo de la Pequeña Empresa.
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