Michelle Bliman: tocó en cruceros y hasta en un avión, está en pareja con Fernando Samalea y acaba de sacar Lúmina, uno de los discos del año

El universo de Michelle Bliman es amplio. Ya sea con el saxo, la voz o la guitarra, una noche puede estar acompañando a Bandalos Chinos en un estadio, al día siguiente a Joaco Burgos en un teatro y después rindiéndole tributo a Charly García en un escenario con Beats Modernos o Hello, el Unplugged. Todo eso si no está tocando su propia música, como hará este viernes 2 en La Fábrica (Fitz Roy 1245), donde presentará su cuarto álbum, Lúmina, en el que finalmente sus mundos convergen en una sofisticada fusión de jazz, soul y R&B -sus verdaderos orígenes- con el pop del que se nutre a través de sus múltiples colaboraciones. “Este disco representa muchísimo el lugar donde estoy parada actualmente en todo nivel”, explica.
–Fernando Samalea, además de ser el baterista de tu banda, es tu pareja desde hace ya varios años. ¿Cómo se conocieron?
–En mayo de 2018 me convocaron para participar en un evento con el “Zorrito” Quintiero, que tocaba el teclado y el bajo. Hilda Lizarazu le había dicho a Samalea de ir a tocar con Charly García a ese mismo lugar. Fernando estaba en una mesa y yo no tenía idea de quién era porque venía de otro mundo y conocía más a los solistas que a los integrantes de la banda. Ahí me di cuenta de lo importante que es conocer a todos los miembros de un grupo, porque él tocó en casi todos los discos de Charly de Parte de la religión en adelante. Lo conocí esa noche y fue un flechazo total. Nos quedamos hablando toda la noche. A partir de ahí empezamos a hacer un montón de planes como amigos durante tres semanas, viéndonos casi todos los días, charlando muchísimo y paseando con su moto. Había romance, pero sobre todo teníamos una conexión. Después de un tiempo se consolidó el amor. En este disco hay una canción llamada “Primer encuentro” que la escribí para él. En esos paseos en moto por Avenida del Libertador en esa etapa incipiente de la relación, yo admiraba su capacidad de sorpresa. Mientras íbamos con el viento en la cara viendo los árboles y los monumentos de fondo, se dio vuelta y me dijo: “¡Qué lindo es vivir!”. Le pregunté cómo hacía para mantener esa capacidad de sorpresa y un día me respondió que trata todo como si fuera la primera vez. El tema habla justamente de ese primer encuentro y el intento de hacer que todo sea como la primera vez para seguir disfrutándolo y sorprendiéndose, que es una de las claves de la vida.
–¿Qué diferencia hay entre tocar con él tu música y en los otros proyectos donde están juntos, como Beats Modernos o la banda de Joaco Burgos?
–Actualmente te diría que mi música es una porción pequeña, por más que para los dos es súper importante, porque él empuja este proyecto conmigo a la par. Nos encontramos en escenarios por lo menos una o dos veces por semana. Eso es muy loco, pero no es una casualidad. De alguna manera se va armando así y funcionamos como dúo, si bien cada uno tiene su individualidad y los dos venimos de universos diferentes: yo del soul y del jazz, y él del rock. Aprendí un montón de ese mundo gracias a tocar con él y con otros músicos con mucho recorrido en el rock nacional, como Melingo o Miguel Zavaleta y Gringui Herrera en La Titanic.
–¿Qué es lo que más admirás de él?
–Lo que más admiro de Fernando es esa energía que le pone a todo y cómo siempre empieza de cero con toda la experiencia que tiene encima. Es muy generoso con otros músicos. A veces lo veo tocar en un estadio y otras con un cajón de verduras porque lo invitaron a tocar y era lo único que había, y siempre logra un sonido espectacular. Es un maestro e inspiración para mí, por lo que tenerlo tocando en mis discos y compartir grupos con él siempre es algo muy placentero desde el punto de vista humano, musical y espiritual.
–¿Cómo fueron tus comienzos en la música?
–Tengo una foto de cuando tenía un año abrazando una guitarra. Mi papá es el principal responsable porque era el que la tocaba, además de cantar muy bonito. Él escuchaba muchísima música y de hecho me llamó Michelle por la canción de The Beatles. Mi casa siempre tenía la puerta abierta y se armaban fogones, así que me crie aprendiendo canciones para esos momentos. A los 15 años fui al casamiento de un primo y vi a una saxofonista que tocaba a dúo con un guitarrista y cantaba. Me dejó hipnotizada. Le rogué a mis viejos que me compraran un saxo. Estaba todo el día tocando el tema de La Pantera Rosa y haciendo solos de Dexter Gordon y de Pink Floyd. Después empecé mi aprendizaje formal. De todas maneras, la carrera artística es un medio para obtener herramientas. Lo importante es conservar intacta la curiosidad y también nutrirse del cine y la literatura. De hecho, con Fernando leemos, vamos al cine y viajamos mucho. Vamos a distintas provincias a dar charlas y talleres de formación musical por amor a la música y para conectar con la gente. Es un multiproyecto constante que tenemos para seguir creciendo como músicos.
–¿Qué recordás de tus primeros proyectos?
–Trabajé para una empresa para la que compuse música para publicidades y hasta para una película en los Estados Unidos. Hubo una época en la que tocaba en cruceros. No lo cuento mucho porque se lo asocia a otro estilo, pero fue muy formativo. Durante cinco meses tocaba tres veces por día sin parar para públicos distintos. Eso me enseñó a prestar atención a las necesidades del espectador mientras viajaba por todo el mundo. Así conocí lugares como la Polinesia, Vietnam, Malasia, Hong Kong y Singapur.
–Con toda tu experiencia tocando con tantos músicos, ¿cuál fue el concierto más raro que diste?
–Hace unos 6 o 7 años me llamaron para tocar en un avión durante el casamiento de una azafata en pleno vuelo. Acompañé a la novia por el pasillo tocando “Let it be” y “Here Comes the Sun”, de The Beatles. De pronto, ella tomó el micrófono y no empezó a elogiar a su pareja, sino a la compañía. Ahí me di cuenta de que era una acción publicitaria de la aerolínea, así que fue un casamiento en el aire y publicidad al mismo tiempo.
– ¿Cómo describirías el sonido de este nuevo trabajo?
–Mi idea siempre es hacer algo con base de groove, que hoy por hoy ya no es propio solo del jazz, sino que el rock también lo tiene. Para mí, este disco tiene lo que más me gusta de ambos mundos: giros melódicos y armonías del soul y del jazz, pero simplificadas para el pop y cercanas al rock. Escribir canciones en castellano rioplatense con estos giros genera algo distinto. No diría que hago jazz, sino que recibí todo ese lenguaje y lo sigo estudiando para volcarlo en lo propio y buscar esa pizca de originalidad. Como compositora es hermoso crear una canción y entregarla para ver cómo se desarrolla con grandes músicos que elevan la propuesta.
–¿Cómo fue el proceso de componer canciones más pop viniendo del jazz y el soul, géneros en donde la música tiene otro desarrollo?
–En Lúmina las letras y la música responden a mi necesidad de simplificar algunos elementos que en el jazz son más complejos. El jazz tiene un bagaje armónico y rítmico muy rico, pero yo siempre supe —incluso cuando estudiaba canto y saxo en la Escuela de Música Popular de Avellaneda (EMPA) y composición en Berklee— que era un lenguaje que yo estaba buscando para poder contar algo más personal en mi propia música. La síntesis es uno de los trabajos más importantes de la vida, no solo para un compositor, sino para cualquier persona. El pop tuvo siempre esa necesidad de contar con la menor cantidad de elementos posibles y lograr eso es más difícil de lo que parece. En mi caso, la semilla se plantó cuando empecé a acompañar en vivo en saxo y coros a Bandalos Chinos. Ahí noté el efecto que tenía una canción que se puede tocar con guitarra y voz. Si bien todas mis canciones se pueden hacer con una guitarra, hacer que funcione en el formato más minimalista posible para mí es una característica propia del pop.
–Goyo Degano e Iñaki Colombo de Bandalos Chinos participan en este nuevo disco. ¿Cómo se sintió haberlos acercado a tu música?
–Después de participar de varias giras con ellos, se forjó una amistad que derivó en que me animara a preguntarle a Goyo si tenía ganas de sumar su preciosa voz a la canción “Si me ves”. Con Iñaki hemos tocado junto con Fernando Samalea en formatos reducidos en algunas oportunidades. Para mí es un lujo estar todo el tiempo aprendiendo de diferentes propuestas que me dan la versatilidad que estoy buscando, como fue tocar con músicos como La Portuaria, Hilda Lizarazu, Daniel Melingo, el artista francés Benjamin Biolay, Joaco Burgos, León Gieco o An Espil. En un momento creía que lo ideal era estar en un solo proyecto, pero me di cuenta de que te dan más ganas de hacer tu propia música cuando aprendés otros lenguajes. Ese doble rol que tengo en voz y saxo en muchos grupos después se integra a mi propia atmósfera musical. Aunque el público y el ADN de las canciones sean distintos, todo apunta a lo mismo, que es generar una emoción.
Para agendar
Michelle Bliman presenta Lúmina. Viernes 2 de octubre, a las 21, en La Fábrica, Fitz Roy 1245
KioskNews shows a cleaned-up reading view extracted from the publisher’s page — the original always lives on their site, not ours.