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Sunday, October 18, 2026

Una novela gráfica vuelve a la truculenta historia del Petiso Orejudo

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No se trata de la adaptación de la historia en el sentido corriente de la palabra. El cineasta Israel Adrián Caetano y el artista plástico Juan Giribaldi “adoptan” a Cayetano Santos Godino en una novela gráfica que se propone redescubrir al “primer asesino serial de la historia argentina” desde una mirada nueva, que observa al personaje dentro de la sociedad de su época y los factores de la conducta criminal.

El Petiso Orejudo, de Adrián Caetano y Juan Giribaldi (Futurock). Foto: gentileza.

El Petiso Orejudo es “adoptado” por Caetano en los textos y por Giribaldi en los dibujos según el facsímil de un pacto con el diablo que abre el libro. “Lo estamos cuidando más que los padres”, bromea Caetano, pero el comentario también indica la búsqueda de una comprensión más allá de los estereotipos “y sin justificar los crímenes”.

Hijo de inmigrantes calabreses y sexto entre nueve hermanos, Godino (1896-1944) creció en un ambiente de pobreza extrema. El 4 de diciembre de 1912 fue detenido después de provocar la muerte por asfixia de Jesualdo Giordano, de 5 años, a quien le traspasó un clavo en el cráneo. Otros crímenes, agresiones contra niños, incendios y atentados del Petiso surgieron a la luz y concentraron la atención de psiquiatras, criminólogos, jueces y policías.

Godino fue también acusado por la muerte mediante estrangulamiento de Arturo Laurora, de 13 años, y por infligir las quemaduras que causaron el fallecimiento de Reina Bonita Vainicoff, de 5. El periodismo de la época fue lapidario en su condena: “No es posible considerar un ser humano a este joven de dieciséis años”, afirmó la revista Caras y Caretas. La estatura (1 metro cincuenta centímetros), en contraste con las orejas grandes, por otra parte, “le han valido los exactos apodos de petiso y orejudo”, apuntaron los forenses Negri y Lucero.

“Es muy fácil reducirlo a un psicópata –plantea Caetano–. El Petiso es más complejo. Hay una mirada muy sesgada, unívoca, sobre el personaje. Era un niño asesino, no un adulto psicópata”.

Una vida cruel

Publicada por Futurock, la novela gráfica El Petiso Orejudo ostenta en la tapa un clavo como un icono de la saga criminal. Los autores comienzan por poner el foco en los maltratos que recibió Godino de sus padres y de un hermano y en su crianza “en las cloacas de las calles, entre proxenetas, ladrones, asesinos y vagos”.

Cayetano Santos Godino. Archivo Clarín.

La falta de sentimientos que más tarde observaron psiquiatras y criminólogos aparece en relación con los abusos y las burlas por el aspecto físico y se condensa en una definición que implica tanto al personaje como a su entorno: “a mayor asco menor humanidad”.

“El libro habla de algo que desconocíamos cuando empezamos, la crueldad a que fue sometido el Petiso. Sabíamos que había sido un asesino brutal, despiadado, pero no un genio criminal. Fue de una torpeza infantil en sus acciones”, dice Caetano.

A los nueve años, Godino es llevado por su propio padre a una comisaría e inicia un camino por comisarías, cárceles y asilos que concluye en la prisión de Ushuaia, a la que fue trasladado en 1923. En 1915, resuelto el debate sobre su imputabilidad, había sido condenado a prisión por tiempo indeterminado.

“Entonces hay una progresión en los dibujos, que empiezan más en el blanco y negro que está asociado con lo real, por la memoria visual que tenemos, y toman más color y fantasía conforme Godino se convierte en ese personaje al que le tenemos miedo”, agrega el director de Un oso rojo (2002) y Crónica de una fuga (2006), entre otras películas, y de las series Tumberos (2002) y Disputas (2003).

CUL / Petiso Orejudo

Giribaldi es también director de arte en cine y televisión, y la sociedad con Caetano comienza con su trabajo como tal en la película El otro hermano (2017) y las miniseries Sandro de América (2018) y Apache: la vida de Carlos Tévez (2019).

“Cuando nos acercamos al Petiso nos planteamos cómo contar el entorno y el contexto histórico –cuenta el ilustrador–. Una manera fue hacerlo a partir de imágenes de la misma época: ilustraciones de libros escolares, dibujos publicados en Caras y Caretas, fotografías de Galería de ladrones de la Capital (1887)”, el libro de José S. Álvarez (Fray Mocho) que sistematizó por primera vez el archivo de la policía porteña.

Otras fuentes históricas citadas en la novela se vuelven reveladoras no del Petiso sino de quienes lo condenaron. El “examen psíquico” de cinco forenses en el Hospicio de las Mercedes expone así la terminología obsoleta con que los especialistas analizaron a Godino: la “imbecibilidad”, la “locura moral” y la “degeneración hereditaria” pasaron entonces por conceptos científicos.

Un fragmento de la entrevista del periodista Juan José de Soiza Reilly con Godino, realizada en 1933, documenta a su vez la crueldad y la burla con que lo trató el periodismo: “Tiene la suerte de que un médico le haya achicado las orejas mediante una estupenda operación estética”, afirmó el cronista, entre otros comentarios despectivos.

El “juego de investigación”, como lo define Giribaldi, se extendió con las intervenciones sobre xilografías medievales, un documento de 1634 que sirvió de evidencia en un juicio por supuestos pactos con el diablo y fotografías de la cárcel de Ushuaia y la Colonia de Alienados de Open Door.

Los registros históricos no excluyen reelaboraciones –de un acta policial, de los propios escritos del Petiso– y agregados de ficción, entre ellos “La rata con frío”, una historieta atribuida a Godino pero escrita y dibujada por Caetano.

“Adrián dibujó como si fuera el Petiso –dice Giribaldi–. La idea surgió cuando el libro estaba casi terminado y el personaje de la rata se convirtió en una metáfora de Godino”. Para Caetano, la historieta imaginaria resulta de la misma investigación: “Es una historia repugnante y triste dibujada por un niño. Jugamos a ver cómo era el mundo de este pibe, qué tenía en la cabeza y, pobre, no había nada bueno. Tampoco tuvo amor”.

El Petiso Orejudo, de Adrián Caetano y Juan Giribaldi (Futurock). Foto: gentileza.

Caetano cuenta que se asombró con la historia del Petiso –“una vida muy cruel, una sucesión de desgracias”–, enfatiza en su singularidad respecto de otros casos resonantes –“no es el perfil de Robledo Puch, no es lo mismo que Yiya Murano”– y lo define como “un niño sin infancia: creo que no tuvo juguetes y la forma de comportarse con sus asesinatos fue muy infantil”.

La prueba sería la conducta de Godino después del crimen de Giordano, cuando asistió al velatorio y tocó la cabeza del niño “para ver si tenía el clavo”, según sus propias palabras.

Un caso abierto

Al margen de la novela gráfica, Giribaldi expone actualmente la muestra Las herramientas o todas las veces que quise pasar desapercibido (en Aura Gallery, Florida 971 / San Martín 954, martes a viernes de 15 a 19 horas).

“Como artista plástico soy abstracto, pintor de óleos, y no trabajo la narración –dice–. Soy un novato en el género de los comics, por lo que para mí El Petiso Orejudo fue un desafío. Adrián dirigió muchos aspectos de la narrativa del libro, como podríamos haber hecho en una película, pero en un mundo inesperado”.

Sin embargo, “nunca lo pensamos como algo que debía completarse con un audiovisual sino como una obra en sí misma”, interviene Caetano.

Debutantes por igual en la novela gráfica, ambos autores coinciden en que el género los pone en contacto con un público nuevo y se entusiasman con la recepción. Caetano desliza una ironía: “La gente es más generosa, en este caso se acerca porque le gusta; en cine mucha gente se acerca a decirte lo que no le gusta”.

El cineasta cuestiona la representación de los criminales en la industria del entretenimiento: “Vi varias series y me aburrieron. No hay directores atrás de esas miradas. Es la mera exposición de un registro, no veo trabajo cinematográfico”. También advierte sobre las condiciones actuales de trabajo en el cine.

El Petiso Orejudo, de Adrián Caetano y Juan Giribaldi (Futurock). Foto: gentileza.

“Hay que hacer una nueva pirueta con los contenidos para ver qué persona o empresas tendrían ganas de producirlos. Entiendo que existe una instancia de lo audiovisual que es industrial y creo en eso. Pero el germen, los trabajadores de cine que construyen esa industria, parte de una instancia cultural. Me refiero a presupuestos más pequeños, películas locales, lugares donde pueden aparecer cosas nuevas. Hoy eso no está y no sé qué va a pasar de acá a diez años, si tendremos que adaptarnos a ver cierto tipo de contenidos y nada más que esos contenidos o si va a volver una realidad más beneficiosa para todos”.

El 31 de octubre se cumplirán 130 años del nacimiento del Petiso Orejudo. La persistencia del personaje a través de la literatura, el arte y el periodismo daría cuenta de una historia que no está cerrada y que interesa por varios motivos, entre ellos una interpelación al presente: “Todavía es un caso para seguir mirando –dice Caetano–. El Petiso no fue un marciano que aterrizó de pronto en Buenos Aires, hay que entender el marco de este pibe al que no cuidaron de chico y no pudieron frenar cuando fue un poco más grande. Hoy vemos un retroceso y una legalización de la brutalidad como en esa época, donde un padre como el de Godino entregaba a su hijo de 9 años para que la policía lo tuviera encerrado todo el tiempo que quisiera”.

El Petiso Orejudo, de Adrián Caetano y Juan Giribaldi (Futurock).

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