La insistencia de Donald Trump por cambiar el nombre del Estado de Nuevo México por Nueva América: quién tiene potestad para hacerlo

En su segundo día de regreso a la Casa Blanca, en enero de 2025, Donald Trump firmó una orden ejecutiva que renombraba al Golfo de México como Golfo de América. Meses después, le cambió el nombre al lago Ontario y, ahora, parece decidido a rebautizar al estado de Nuevo México. Siempre con la denominación América en lugar de la tradicional.
El 19 de octubre dijo que Nuevo México “debería cambiar inmediatamente su nombre" para pasar a denominarse Nueva América”, una modificación que, agregó, "daría un gran valor y prestigio" al territorio.
"¡No somos México, somos los Estados Unidos de América!", afirmó en una publicación de su plataforma Truth Social en la que también sugirió que los habitantes de Nuevo México "se sentirían aún más orgullosos" al saludar a la "hermosa bandera" estadounidense.
A pesar de que los cambios en el Golfo y en el lago Ontario son oficiales, solo se han hecho efectivos dentro del país en documentos oficiales y varias aplicaciones de mapas populares como las de Apple y Google, si se hacen búsquedas dentro de Estados Unidos y no desde otros países.
¿Qué es la Doctrina Donroe?
Las intenciones de Trump sobre el nombre del estado se hicieron públicas el 6 de septiembre cuando, en las cuentas de las redes sociales X y Truth Social, apareció un mapa de Nuevo México con la palabra “México” tachada y el agregado de “América”. La publicación apareció días después de haber firmado la orden ejecutiva que cambió el nombre del lago Ontario.

Sin embargo, el presidente no puede cambiarle el nombre a un estado, porque la Constitución otorga explícitamente ese poder al Congreso. Una decisión que podría complicarse de confirmarse algunas encuestas según las cuales el Partido Republicano perdería escaños en las elecciones del 3 de noviembre.
Desde 2025, Trump impulsa lo que ha sido denominado como Doctrina Donroe, una interpretación personal de la histórica Doctrina Monroe con la que Estados Unidos trata de justificar su casi hegemonía sobre el continente americano.
Un artículo del New York Times afirma que “muchos observadores han comenzado a llamar al nuevo enfoque estadounidense la Doctrina Donroe, un término que apareció en una portada del New York Post, como una reinterpretación trumpiana de una idea del siglo XIX”.
Explica que, en 1823, el presidente James Monroe aspiraba a impedir que las potencias europeas interfirieran en América. En 2025, la potencia rival será China, que ha acumulado un enorme poder político y económico en América Latina durante las últimas décadas.
Además de querer imponerle el nombre “América” lugares fronterizos con Canadá y México, Trump es bien conocido por bautizar a casi todo con su nombre, desde los edificios hasta las cuentas de ahorro para menores de edad. También acuñó una moneda con su imagen y su nombre para conmemorar el 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos.

Su megalomanía no termina ahí, porque también ha impuesto su nombre a un nuevo barco de guerra, al Instituto Estadounidense de la Paz y quiere hacerlo con el salón de baile que se construye en los jardines de la Casa Blanca y el Arco del Triunfo proyectado en el Washington D.C.
Hay que reconocer que la tendencia es anterior a sus presidencias. Sus hoteles, campos de golf y hasta un cóctel que se sirve en su club de Mar-a-Lago (el Trumpini) reciben su apellido como marca.
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