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Wednesday, September 23, 2026

“Tiene que hacerte cosquillas”: pasó más de una década en marketing pero dejó la vida corporativa y encontró su vocación

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“Pude comprobar en carne propia que nunca es tarde para elegir lo que a uno lo hace verdaderamente feliz, aunque no tenga nada que ver con lo que estudió o con lo que vino haciendo toda la vida. Para mí, el camino que elija tiene que hacerme cosquillas en la panza, generarme esa chispa de adrenalina. Cuando lo que hago me apaga, me aburre o me deja sin ganas, entiendo que es momento de animarme a dar el salto y buscar algo que vuelva a entusiasmarme. Se trata de escuchar esas sensaciones, darles espacio y empezar a imaginar que otros escenarios son posibles”.

Al momento de definir su futuro profesional, Luz Birba se inclinó por Administración de Empresas buscando una carrera versátil que le permitiera combinar su afinidad con los números y su costado creativo en una etapa en la que todavía no tenía un rumbo del todo definido. Aunque los tests vocacionales ubicaban en los primeros puestos a las expresiones artísticas e incluso a la música, pesaron más el mandato de aspirar a algo formal y la seguridad que prometía una rápida inserción en el mercado laboral.

Junto a su marido.

“Lo que más disfruté fueron los procesos creativos”

Con el título universitario en mano, fijó su objetivo en el área de marketing dentro de grandes compañías de consumo masivo. Sus primeros pasos los dio en la industria del calzado e indumentaria deportiva, pero el quiebre profesional más significativo llegó dos años más tarde, cuando ingresó a una destacada empresa de bebidas y aperitivos, un espacio donde consolidó su experiencia corporativa a lo largo de 11 años.

Su punto de partida formal en ese universo fue como asistente en el área de desarrollo de nuevos productos, un rol que marcó su debut dentro del mundo del marketing y que funcionó como una verdadera escuela práctica.

El apoyo de su familia fue fundamental para reinventarse.

“Lo que más disfruté de esa etapa fueron los procesos creativos: meterme de lleno en el diseño de producto, el packaging, los materiales promocionales y las campañas de comunicación, sintiendo la adrenalina de estar en el corazón más inventivo de la compañía. Si algo me pesaba, en cambio, era la falta de tiempo libre para mí; entre los viajes cotidianos y la presencialidad full-time de lunes a viernes —en una época donde no existían el home office ni el trabajo remoto—, el margen para hacer otra cosa era mínimo, y admito que miraba con cierta envidia sana a quienes podían trabajar desde sus casas administrando sus propios horarios. De todos modos, guardo un recuerdo entrañable de aquellos años, que no solo me formaron, sino que me dejaron grandes amistades que sigo conservando hasta el día de hoy”, dice Luz.

La sonrisa que evidencia la felicidad tras dar el gran paso.

10 años en un proyecto nuevo

Despedirse de la vida corporativa no fue una decisión sencilla: todavía disfrutaba de su trabajo, se sentía reconocida y valorada, pero las prioridades comenzaban a transformarse. Tras el nacimiento de su primer hijo continuó en carrera, aunque dos años más tarde, con la llegada de su segunda hija en camino, sintió la necesidad profunda de estar más presente en la crianza.

“El estar en contacto con el barro para mi significaba desconectar de las preocupaciones, del ruido de afuera, y conectar con uno mismo, con el silencio de adentro".

Se regaló un año sabático que le abrió la puerta a viejos anhelos postergados, entre ellos anotarse en un taller de alfarería dos veces por semana. El tiempo pasó muy rápido hasta que surgió un nuevo proyecto independiente: se asoció con una amiga y un agente de viajes para organizar eventos y escapadas corporativas. Aunque despedirse de la tranquilidad de un sueldo fijo daba cierto vértigo, la recompensa era enorme: manejaba sus propios tiempos desde casa, esquivaba la rutina y sumaba la adrenalina de los viajes, adaptando sus horas en el torno a una vez por semana para no descuidar su cable a tierra.

"Cuando me siento en el torno es como que el tiempo se detiene".

“El barro obliga a frenar, a ir más despacio”

Esa etapa se extendió durante casi una década, con una constante que nunca negoció: el espacio de alfarería. Después de haber explorado en otros momentos el tallado en madera, la vitrofusión o la cerámica, por primera vez un oficio manual encontraba continuidad y hacía que le picara el bichito en su día a día. De a poco, fue armando su propio rincón creativo en el fondo de su casa; primero llegó el torno, más tarde el horno, y lo que había empezado como un pasatiempo empezó a pedir más aire, más arcilla y más tiempo propio.

Hoy el taller reúne a cerca de 80 alumnas.

“El estar en contacto con el barro para mi significaba desconectar de las preocupaciones, del ruido de afuera, y conectar con uno mismo, con el silencio de adentro. Cuando me siento en el torno es como que el tiempo se detiene. El barro obliga a frenar, a ir más despacio, a tener paciencia, a tomárselo con calma, va a contramano de la velocidad de los tiempos que corren. Para centrar la pella en el torno, antes tenemos que estar centrados nosotros”.

Algunas de sus creaciones.

Hacia mediados de 2017, la idea de abrir las puertas de su refugio a otros dejó de ser una fantasía lejana. Sumó más tornos, utilizó por un tiempo el comedor de su casa y convocó a familiares y amigos para que experimentaran con el barro; una excusa perfecta para evaluar la dinámica y probarse a sí misma en el rol de docente. Durante seis meses convivieron la agencia de viajes y el taller en gestación: mientras comprobaba con emoción cómo sus alumnos se iban felices y ella descubría un disfrute genuino al enseñar, la demanda empezó a crecer. Sumó turnos, abrió nuevos grupos y, casi sin darse cuenta, la arcilla avanzó también sobre el living. A fin de año el deseo ya era imparable: comunicó a sus socios que daba un volantazo de timón y fundó formalmente su propio espacio, al que bautizó con un nombre que resumía todo su recorrido: Las Vueltas de Luz.

“La alfarería me enseña todo el tiempo".Maria Birba

¿Cómo es su nuevo emprendimiento?

“Un año después reafirmé con el corazón que ese era mi camino: decidí construir un espacio propio, pensado desde cero y pegado a mi casa, para devolverle por fin a mi familia el living y el comedor que les había ido tomando prestados. Fiel a mi forma de ser, cada paso lo di afirmándome en la seguridad del anterior, sin prisa pero sin pausa, dejando que todo fluyera a su ritmo. En esa apuesta el apoyo de mi familia fue conmovedor: recuerdo que postergamos arreglos que eran urgentes en casa y pusimos todos los ahorros al servicio de levantar ese sueño de ladrillos y arcilla. Tiempo después, con el taller ya rodando a pleno, pudimos encarar juntos esas refacciones pendientes y celebrar que el esfuerzo compartido había valido cada segundo”.

“No me arrepiento de mi primera profesión: me dio el respaldo que hoy uso para gestionar mi emprendimiento".

Hoy el taller reúne a cerca de 80 alumnas y encontró una escala a medida que Luz prefiere preservar sin desbordes, priorizando el disfrute y el cuidado artesanal de cada detalle. Detrás de cada encuentro existe un enorme trabajo invisible: reciclar la pasta, preparar esmaltes, vigilar el secado de las piezas, hornear, gestionar compras y administrar las redes, tareas que asume en gran parte ella misma, complementada por el apoyo de otras profesoras.

Disfrutando de una de sus clases.

“La alfarería me enseña todo el tiempo. Por ejemplo, yo soy una persona muy exigente en general, pero trato de acordarme que, si bien las personas vienen a aprender una técnica, también vienen a dedicarse un tiempo para ellas, a desconectar, a soltar las exigencias de la vida, etc. Entonces tengo que encontrar ese equilibrio. También soy muy curiosa, me gusta capacitarme en aspectos muy diversos que rodean al barro, y trato de despertar esa chispa, esa curiosidad en mis alumnas”.

“En el marketing mi energía se hubiera agotado”

Mirar hacia atrás no le despierta nostalgias ni reproches: sabe que cada etapa cumplió un rol clave. Hoy comprende que cambiar de rumbo no fue borrar el camino andado, sino transformarlo en el suelo fértil sobre el cual seguir creciendo.

"Hoy disfruto mucho más, y cada ratito libre me siento al torno a crear para mí, a jugar y conectar con el placer de hacer sin prisas”.

“No me arrepiento de mi primera profesión: me dio el respaldo que hoy uso para gestionar mi emprendimiento. Pero en la alfarería encontré un oficio sin fecha de vencimiento, donde los años suman experiencia y no te dejan afuera. En el marketing mi energía se hubiera agotado; el barro, en cambio, me llena de vitalidad. Hoy disfruto mucho más, y cada ratito libre me siento al torno a crear para mí, a jugar y conectar con el placer de hacer sin prisas”.

Hacia adelante, su anhelo más íntimo es que este camino sirva como un faro cercano para sus hijos que hoy dan sus primeros pasos en el mundo laboral; la demostración viva de que siempre vale la pena animarse a elegir con el corazón y que nunca es tarde para moldear el propio destino.

"Soy muy curiosa, me gusta capacitarme en aspectos muy diversos que rodean al barro, y trato de despertar esa chispa, esa curiosidad en mis alumnas”.
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