Libris

▲ Portada del libro El bestiario de Michel Foucault, y las ilustraciones Niño incorregible y Bárbaro, de Claudio Olmo
Octavio Cervantes
Periódico La Jornada
Domingo 18 de octubre de 2026, p. a12
El bestiario de Michel Foucault
La admiración por Michel Foucault (Poitiers, Francia, 1926-París, 1984) y la “amistad filosófica” convirtieron los apuntes de seminario del filósofo chileno Rodrigo Castro Orellana, especialista en el autor de Historia de la locura (1961), en un bestiario de las figuras más representativas del pensamiento del francés.
En el contexto del centenario del natalicio del también periodista e historiador, la editorial Akal publica El bestiario de Michel Foucault, “libro que funge como una introducción a sus doctrinas”. Consta de 31 de sus conceptos frecuentes y nucleares, escritos a manera de definición, pero estilizados y dotados de pícaras provocaciones intelectuales.
Cada texto fue hecho por un autor distinto, experto en la doctrina del pensador francés, convocados por Castro Orellana y Pablo Lópiz, coordinadores del volumen.
“No se trata sólo de un trabajo académico ni busca reducirse a una introducción. Es, por el contrario, un libro que puede funcionar de tres maneras: la primera, como guía de lectura para la filosofía de Foucault. La segunda sería una actualización a la caja de herramientas conceptuales que nos legó el autor, y la tercera sería fungir como brújula para ayudarnos a encontrar nuevas bestias”, dijo la filósofa Alejandra Rivera Quintero, catedrática de la UNAM, durante la presentación de la obra el pasado jueves 15 de octubre, justo el día en que se recordó el centenario del natalicio de Foucault.
En ese sentido, El bestiario… puede definirse como “una taxonomía de todos los conceptos que no pudieron ser catalogados por los regímenes oficialistas que presenció el autor francés”, esbozó Gonzalo Chávez Salazar, otro de los presentadores que se dieron cita en la librería Mauricio Achar.
Castro Orellana narró que originalmente iba a hacer un libro académico con la recopilación de 18 conceptos expuestos en sus seminarios, pero el proyecto se transformó “gracias al poder de la amistad filosófica” y “porque fue ganando más elementos estéticos, auténticos y vibrantes”. Por eso se incorporó el ilustrador Claudio Romo, quien da vida y color a cada concepto: bruja, bárbaro, cínico, histérica, infame, miserable, parricida, perverso, sofista, tirano y verdugo, entre otros.
Los presentadores recordaron la necesidad de que un libro de esta naturaleza exista, ya que los conceptos de Foucault se oponen abiertamente a un tipo específico de individuo de la sociedad contemporánea: el individualista y capitalizado.
En ese sentido, y como expresó Castro Orellana, “la existencia de este libro emociona porque es un proyecto colectivo, transgrede la academia sin renunciar a sus virtudes y busca otras formas de lenguaje”.
Por ejemplo, Víctor Berrios explica en su texto que: “el tirano es la figura infame del poder, su exceso, su desborde. Es la manifestación de una voluntad arbitraria, que hace lo que le place, que solo sigue sus inclinaciones. Es aquel que no quiere ni puede escuchar la verdad del otro, de lo otro, sólo escucha aduladores y nadie quiere decirle la verdad ante el peligro de perder la vida.” Se trata de una reflexión a propósito de las ideas de Foucault en Discurso y verdad (1982-1983).
Por otro lado, Germán Cano escribe sobre la disidencia (a partir de un texto periodístico de Foucault de 1979): “Como ‘contraconducta’, el gesto disidente tiene que ver con la crítica, la insubordinación y la disputa y el trabajo ascético del sujeto consigo mismo, aspectos que, bajo el telón de fondo del espíritu de la modernidad también estuvieron vinculados a prácticas heréticas religiosas. Sin embargo, no deja de ser un signo de la perplejidad de nuestro tiempo que la figura del disidente, distanciada de esa operación crítica, reciba hoy un reconocimiento, incluso un prestigio diferente”.
Acerca del bárbaro, figura que el filósofo francés perfiló en un curso que impartió en 1976, titulado Hay que defender a la sociedad, Adriana Royo Simón dice: “Foucault argumenta que este salvaje es esencialmente el hombre del intercambio. Funciona como un intercambiador, ya sea de derechos o de bienes. Como intercambiador de derechos, se considera que funda la sociedad y la soberanía. Como intercambiador de bienes, contribuye a la formación de un cuerpo social que también tiene una dimensión económica”.
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