La economía de Lula se pone a prueba en Brasil

El recibimiento que los mercados dieron al flamante ganador de las elecciones de hace una semana en Brasil estuvo lejos de ser reconfortante para el único representante de la izquierda sudamericana en el poder: Luiz Inácio Lula da Silva. Mientras el principal indicador de la Bolsa de Brasil, el Bovespa, cayó más de 13% en la primera jornada hábil posbalotaje, la moneda local (el real) se depreció más de 8% el lunes pasado, lo que sembró el desánimo de los inversionistas durante todo el resto de las jornadas de esta semana.
La fuerte corrección bursátil, que también contagió a todas las plazas financieras de la región, evidenció el derrumbe de las expectativas que tenía el mercado respecto de un muy posible triunfo de Flávio Bolsonaro, a quien los inversionistas asignaban una administración más promercado y preocupada de resolver con mayor prioridad la abultada deuda y el déficit fiscal de la mayor economía sudamericana.
“El mercado descontaba cerca de un 80% de probabilidad de victoria de Flávio, y lo que se observa es el desmantelamiento de esa apuesta”, reconoció a Bloomberg Claudia Kodja, doctora en Historia Económica de la Universidad de Sao Paulo y gestora de inversiones, quien estimó que los inversionistas extranjeros habían destinado unos US$3.700 millones al mercado brasileño durante octubre, antes de las elecciones. La apuesta, finalmente, quedó desacredita tras el triunfo del líder del Partido de los Trabajadores (PT).
Mientras la deuda pública en Brasil para el Gobierno General cerró sobre el 90% del PIB (Producto Interno Bruto) en 2025, según datos del Fondo Monetario Internacional (FMI), el déficit fiscal (con intereses de la deuda) bordeó el 9% del PIB, lo que es evaluado como una “bomba de tiempo” para por las clasificadoras de riesgo internacionales.
Con todo, otros indicadores macro -como un crecimiento de la actividad sobre el 2%, una inflación levemente sobre el 4% en 12 meses y una tasa de desempleo menor al 6%- aplacan las débiles cifras fiscales con que terminará Lula da Silva su administración. El mandatario, con 80 años de edad, seguirá en el Palacio Planalto a partir del 1 de enero, en lo que será su cuarto ciclo como presidente del gigante regional (2027-2031).
Para Caio Machado, doctor en Economía de la Sao Paulo School of Economics, el principal desafío del mandatario es el fiscal. “La deuda ha subido bastante en el último gobierno de Lula. Muchos factores han contribuido a esto, entre ellos, los altos intereses y la decisión de dar aumentos reales al salario mínimo, que reajusta pensiones y beneficios. Sin un ajuste, será difícil bajar las tasas de interés y poner la deuda en una trayectoria menos explosiva”, afirma el también académico del Instituto de Economía de la Universidad Católica (UC).
La tasa de interés de referencia en Brasil (Selic) está en un 13,75% -en Chile la Tasa de Política Monetaria está en 4,5%- y los analistas esperan verla en un nivel cercano a 12% hacia fines de año.
Pero Machado va más allá. “Lula necesitaría anunciar pronto un plan fiscal concreto, con medidas por el lado del gasto y no solo de la recaudación. En las próximas semanas, una comunicación clara de que el problema fiscal es la gran prioridad de su gobierno podría ayudar, aunque es difícil saber qué tanto el mercado interpretará un anuncio de este tipo como creíble”, añade, enfatizando que el nuevo gobierno deberá enfrentar decisiones difíciles en materia de recortes fiscales.

“Recortar exenciones tributarias y ordenar programas que se superponen ayudan, pero probablemente no son suficientes. El grueso del gasto está en pensiones y beneficios, así que un ajuste significativo exigirá decisiones difíciles sobre cómo crecen esos gastos. Esa es la discusión de fondo que el gobierno tendrá que enfrentar”, analiza el académico de la UC.
Al respecto, la economista brasileña Ana Elisa Pereira, académica de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de los Andes coincide y dice que el principal desafío de Lula es el equilibrio fiscal y el control de la deuda pública, que creció más de diez puntos porcentuales del PIB desde fines del año 2022.
“El problema es que el margen de ajuste es muy estrecho, porque cerca del 92% del gasto primario es obligatorio: jubilaciones y beneficios atados al sueldo mínimo, pisos constitucionales de salud y educación, y gasto en personal. Un ajuste efectivo exigirá reformas estructurales en las reglas que fijan el crecimiento del gasto obligatorio. El segundo desafío, que depende en buena medida de la credibilidad fiscal, es bajar las tasas de interés reales, que están entre las más altas del mundo, para aliviar el costo de la deuda y estimular la inversión”, complementa la también doctora en Economía en la Escuela de Economía de la Fundación Getúlio Vargas, en Brasil.
“Para Lula, la dificultad es que buena parte del ajuste pasa por revisar reglas que protegen el gasto social, su principal compromiso. Un margen que podría explorar, sin afectar tanto lo social, es la revisión de exenciones tributarias y subsidios sectoriales”, afirma Pereira.
En tanto, Emanoelle Santos, economista brasileña y analista de mercados de la app de inversiones XTB, recuerda el alto costo de financiamiento que tienen las empresas y el Estado del país sudamericano. A su juicio, el abultado pago de intereses que hace el gobierno brasileño año a año puede limitar el uso de los recursos públicos en otros sectores.
“Además, cerca del 92% del gasto primario brasileño ya está comprometido mediante obligaciones legales, lo que significa que Lula tendrá dificultades para encontrar recursos adicionales sin modificar determinadas reglas presupuestarias. También deberá enfrentar una economía que comienza a mostrar señales de desaceleración, mientras sus votantes esperan mejoras salariales, más inversión y una ampliación de los beneficios sociales. El mayor desafío será conseguir que las cuentas públicas dejen de deteriorarse, porque mientras persistan las dudas sobre la deuda, Brasil tendrá dificultades para reducir sus tasas de interés y recuperar un crecimiento más dinámico”, estima Santos.

La economista cree que el mandatario podría moderar la desconfianza inicial del mercado presentando medidas que permitan identificar de dónde saldrán los recursos para financiar sus compromisos y cómo pretende controlar el aumento del gasto. “Lula tendrá que establecer prioridades entre sus compromisos y encontrar ahorros permanentes, porque financiar mayores gastos mediante más endeudamiento terminaría agravando las presiones sobre las tasas de interés y el crecimiento”, añade Santos.
El equipo económico
Mientras el actual ministro de Hacienda de Lula, Dario Durigan, ha intentado toda esta semana calmar a los mercados confirmando el compromiso del presidente con la responsabilidad fiscal, los analistas consideran que el pronto nombramiento del nuevo equipo económico puede ser una señal importante para los inversionistas sobre cuál será la ruta fiscal que se adoptará en el ciclo que viene.
“El próximo ministro de Hacienda será importante, porque tendrá que negociar esas medidas y transmitir confianza tanto al Congreso como a los inversionistas. Entre los nombres que están circulando aparecen Rafael Fonteles (matemático y gobernador de Piauí) y Geraldo Alckmin (actual vicepresidente de Brasil). Un nombramiento puede ayudar a estabilizar las expectativas inicialmente, mientras que una recuperación sostenida dependerá de las medidas que efectivamente consiga implementar el gobierno”, afirma Emanoelle Santos, quien cree también que el Congreso tendrá una influencia considerable sobre las decisiones económicas del próximo gobierno.
“El Partido Liberal, vinculado a Bolsonaro, contará con 121 diputados y se proyecta que tendrá 29 senadores, convirtiéndose en la mayor fuerza partidaria de ambas cámaras. Esto obliga a Lula a construir acuerdos con sectores de centro y centroderecha, especialmente cuando necesite modificar reglas fiscales, aprobar reformas constitucionales o conseguir financiamiento para nuevas políticas públicas”, consigna Santos.
Un informe de esta semana a clientes del banco de inversión BTG también destaca la importancia del nombramiento el equipo económico del líder izquierdista. “Sin un equipo económico creíble y medidas concretas para hacer frente a la situación fiscal, las tasas de interés reales a largo plazo deberían subir de forma significativa y mantenerse altas”, sostuvo el informe.
Si bien Ana Elisa Pereira concuerda con que el anuncio sobre quién dirigirá las finanzas públicas brasileñas será una señal importante, repara en que no es totalmente suficiente.

“En 2002 el anuncio de Antonio Palocci en Hacienda y Henrique Meirelles en el Banco Central ayudó, pero la confianza se ganó con medidas concretas al inicio de su primer mandato, como la elevación de la meta de superávit primario y el compromiso con las metas de inflación. Hoy, además de anunciar nombres de peso, Lula deberá poner en marcha un plan creíble de contención del gasto”, dice la economista brasileña, quien también estima que el mandatario no tendrá un escenario fácil a la hora de negociar en el Congreso.
“Lula no tendrá una vida fácil en el Congreso. La izquierda será minoría en ambas cámaras y el PL de Bolsonaro tendrá la mayor bancada. El éxito de su gobierno pasa por negociar con el llamado ‘centrão’, el bloque de partidos de centroderecha que suele apoyar al gobierno de turno, a cambio de cargos y recursos”, complementa Pereira.
En la misma línea, Caio Machado estima que la señal del equipo económico es insuficiente. “El nombre del ministro importa como señal, pero no basta. En 2002, en gran medida, Lula pudo calmar los ánimos armando un equipo más alineado con la disciplina fiscal y estabilidad de precios, y comprometiéndose a tener disciplina fiscal en una carta abierta a los brasileños”, dice el académico de la UC.
Machado también hace hincapié en que habrá un Congreso adverso para el presidente brasileño. “Será un Congreso muy difícil para Lula, y no es obvio que funcione como factor de equilibrio fiscal. Incluso, puede serlo de desequilibrio. Sin duda, limitará parte de la agenda del gobierno. Pero el Congreso actual también ha defendido sus propias enmiendas, que demandan recursos. Sin una base propia, el gobierno puede verse obligado a conseguir votos con más enmiendas y cargos, lo que puede dificultar un intento de ajuste fiscal”, concluye Machado.
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