Formar para liderar: la educación superior en la competencia tecnológica global

Cada vez más, los Estados valoran a los sistemas de educación superior como “nodos estratégicos” claves para identificar y preparar a los talentos que permitan fortalecer sus capacidades científicas y tecnológicas en función de su interés nacional. Esta creciente centralidad de la educación superior responde a una transformación más profunda encuadrada en la competencia estratégica entre las grandes potencias que disputan el liderazgo tecnológico en el nivel internacional.
China y Estados Unidos ofrecen dos de los ejemplos más visibles de esta tendencia. Aunque ambos países mantienen modelos de educación superior diferentes, comparten la misma preocupación estratégica de asegurar la disponibilidad de científicos, ingenieros y profesionales altamente calificados capaces de sostener el liderazgo tecnológico nacional. Mientras China impulsa una planificación centralizada orientada a alinear la oferta educativa con las prioridades definidas por el Estado, Estados Unidos se apoya en un ecosistema más descentralizado, articulado a través de las propias universidades, agencias federales, empresas tecnológicas y centros de investigación.
En el caso chino, la reorganización de carreras universitarias se ha profundizado en los últimos años como parte de una estrategia más amplia que busca articular educación, innovación y desarrollo industrial. Esta lógica aparece ya formulada en un artículo publicado en 2025 por los investigadores del Centro de Estudios de Políticas de Desarrollo y Reforma de Pekín, Chen Siyu y Wang Yang, quienes sostienen que el mundo ha ingresado en una etapa de “gran ciencia” en la que la competencia tecnológica ya no se desarrolla a través de avances aislados, sino mediante la confrontación entre sistemas nacionales de innovación.
Es por ello que las universidades deben contribuir directamente a la formación del talento requerido por sectores considerados prioritarios para el desarrollo nacional. Inteligencia artificial, computación cuántica, semiconductores, nuevos materiales, energías avanzadas y biotecnología figuran entre las áreas que reciben mayor atención por parte de las autoridades educativas. La expansión de estas disciplinas no responde únicamente a las necesidades del mercado laboral, sino también a la intención de fortalecer capacidades tecnológicas consideradas esenciales para la competitividad internacional de China.
En este contexto, Chen y Wang advierten que existe una creciente brecha entre la velocidad del cambio tecnológico y los tiempos requeridos para formar nuevos profesionales. Según los autores, en áreas emergentes puede existir un desfase de entre dos y tres años entre la aparición de nuevas demandas tecnológicas y la disponibilidad de talento capacitado para responder a ellas. Para reducir este retraso, las autoridades educativas deben continuar orientando el sistema universitario hacia los denominados “campos estratégicos”, buscando alinear de manera más estrecha la formación académica con las prioridades tecnológicas nacionales.
Este proceso no solo implica la expansión de disciplinas consideradas prioritarias, sino también una transformación de la propia estructura del conocimiento universitario. En lugar de reforzar compartimentos disciplinarios tradicionales, numerosas universidades promueven programas que combinan distintas áreas de especialización. En declaraciones a People’s Daily, Wang Luning, vicerrector de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Pekín, explicó que la nueva carrera de Tecnología Inteligente de Materiales integra IA, ciencia de datos y ciencia de materiales con el objetivo de formar profesionales interdisciplinarios. La premisa es que gran parte de los desafíos tecnológicos contemporáneos ya no pueden abordarse desde una única disciplina, sino mediante la convergencia de distintos campos del conocimiento.
En consecuencia, la universidad es concebida de manera creciente como un instrumento flexible de la estrategia nacional de innovación, capaz de adaptar su oferta académica a las prioridades científicas y tecnológicas del país. Aunque las medidas emprendidas por China suelen presentarse ante la opinión pública global como excepcionales y muchas veces controversiales, Estados Unidos también se encuentra impulsando transformaciones significativas en su sistema de educación superior.
La Fundación Nacional de Ciencias sostiene que una fuerza laboral preparada para la economía de la IA resulta indispensable para preservar el liderazgo tecnológico estadounidense
En su caso, uno de los ejes centrales de esta transformación es la construcción de capacidades vinculadas con la IA. En este sentido, la Fundación Nacional de Ciencias (NSF) sostiene que una fuerza laboral preparada para la economía de la IA resulta indispensable para preservar el liderazgo tecnológico estadounidense. Por ello, esta agencia gubernamental financia centros de investigación, programas educativos y becas, integrando formación de talento, investigación científica e infraestructura tecnológica con el objetivo de construir una “AI-ready workforce”, es decir, una fuerza laboral preparada para el desarrollo y utilización de tecnologías de inteligencia artificial.
Por otro lado, gran parte del debate estadounidense sobre la reforma del sistema de educación gira alrededor de la empleabilidad y la adaptación de competencias a una economía en rápida transformación. Programas del Departamento de Educación tales como el Fipse (Fondo para el Mejoramiento de la Educación Postsecundaria) reflejan esta orientación. En su convocatoria de 2025, el Departamento de Educación previó destinar alrededor de 50 millones de dólares a proyectos vinculados con IA aplicada a la educación, dentro de un programa que contempla un financiamiento total estimado de 167 millones de dólares.
En suma, en el marco de la actual competencia estratégica global, podría decirse que ambos países han llegado a un diagnóstico similar acerca de que la educación superior desempeña un papel decisivo en la competencia tecnológica del siglo XXI. Sin embargo, difieren sensiblemente en la forma de diseñar sus estrategias para alcanzar ese objetivo.
Para Pekín, la universidad aparece crecientemente integrada a una estrategia nacional de largo plazo orientada a la autosuficiencia tecnológica y al fortalecimiento del poder nacional. Para Washington, en cambio, la educación superior continúa siendo un espacio descentralizado cuya capacidad de innovación surge de la competencia entre instituciones, empresas y centros de investigación. Se trata de dos modelos distintos, sustentados en tradiciones institucionales y concepciones del desarrollo diferentes, pero movilizados por una misma preocupación estratégica: quién será capaz de formar el talento que liderará la próxima revolución tecnológica mundial.
Profesor de Relaciones Internacionales (UCALP). Especialista en Estudios Chinos (IRI-UNLP). Asuntos Transnacionales (FPHV).
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