Yael Frankel, ilustradora: prejuicios, pacatería y la magia de dibujar a lo grande

"No fue una decisión, fue un camino que me ‘dibujé’ a mí misma aproximadamente a los 40 años”.
Habla Yael Frankel (Buenos Aires, 1967), ilustradora y escritora, referente en el mundo de los libros ilustrados.
Estudió Diseño Gráfico. Trabajó haciendo empaques de juegos. Pero se dio cuente de que quería otras cosas. Tenía dos hijos chicos: Ian (quien hoy tiene 32 años) y Ema (28), y andaba siempre buscando libros con ellos.
Ahí le “empezó a picar ese dichoso bichito” y pegó el volantazo: se fue a estudiar dibujo a España. Una semana, todos los años, durante 5 o 6 . Y ya no paró.

Yael Frankel publica en el mundo: acá y en China, pasando por Chile, Colombia y parte de Europa.
Su libro A simple vista integra el catálogo White Raven de la Biblioteca Juvenil Internacional, con sede en Alemania. Y la premiaron también en el país, en la Feria de Bologna, en Emiratos Árabes y en Rusia.
Así que Yael Frankel sabe de lo que habla cuando afirma que los dibujos son cosa seria. De chicos y de grandes.
“¡¿Cómo una ilustración va a tener el sello de’”para determinada edad’?! Es ridículo. Es para públicos de 0 a 100 años”.
Acaba de publicar Metamorfosis (por Limonero), escrito e ilustrado por ella. Se le ocurrió mientras nadaba (la protagonista nada) y trata sobre “una señora muy confundida” entre la realidad y la ficción.
¿Kafka? “Además de nadar, esta señora participa de un club de lectura (tan de moda hoy) y está completamente descontenta con el libro que acaban de terminar de leer…”.

--Seguro empezaste a dibujar de chiquita. ¿Qué lugar tenía en tu mundo de entonces?
---Sí, tal cual, empecé más que nada a copiar cosas de la realidad y eso me frustraba mucho. Para mí dibujar era copiar lo más fielmente posible las cosas que me rodeaban y no me iba muy bien. Mi familia poco tenía que ver con el dibujo, pero fue algo que a mí me resultaba placentero y una vez que terminé la primaria y empezamos con las materias típicas del secundario (actividades prácticas o plásticas) e incluso literatura, yo era un poco la encargada de hacer los trabajos -en esos terrenos- para mis amigas. Era un “win win”: a mí me fascinaba hacerlo y ellas chochas de que alguien se encargara de sus tareas.

--¿Cuándo decidiste ser ilustradora? ¿Y escribir?
--No fue una decisión, fue un camino que me “dibujé” a mí misma de adulta, cuando a los 40 años, aproximadamente, decidí viajar lejos de mi casa siguiendo a mis ilustradores favoritos y tomando clases con ellos. Descubrí un festival de ilustración que se hacía una vez al año durante una semana en Valladolid, España, y me anoté durante 5 o 6 años seguidos. Me pasaba una semana allá ilustrando con amigos, aprendiendo, teniendo encuentros con editores de todo el mundo . Mi primer libro lo publicó una editora italiana.... o sea, tuve mucha suerte.
--¿Qué te dio el envión?
--Creo que empezar a comprar álbumes ilustrados para mis hijos. Encontré ahí ese dichoso bichito que me empezó a picar.
Pacatería alta, vara baja
--¿Por qué creás libros ilustrados?
--Porque es la manera que encuentro de darle cabida a mis ganas de hacer algo por y para los chicos y por y para mí, como una forma de reparación de la nena que fui y hoy de la mamá de dos adultos que hace muchos años fueron también chiquitos y lectores.

--Los libros ilustrados, editados para atesorar, ganan terreno contra la corriente en este mundo digital e instantáneo. Pero está el prejuicio de que si tiene “dibujitos” el libro es para chicos. ¿Qué ofrecen al público de 50 y más?
--Para mí los álbumes ilustrados son para gente de 0 a 100 años. Entonces no entiendo esa diferencia que termina siendo tonta e injusta, porque los adultos perdemos muchísimo con ese prejuicio a cuestas. ¡¿Cómo una ilustración va a tener el sello de “para determinada edad”?! Es ridículo pensarlo así. Igualmente creo que el mercado también es el que ofrece cierto tipo de material “pensado” para chicos cuando lo único que hace es dirigirse a ellos (tanto en la escritura como en la ilustración) como si fueran tontos.
--¿Cómo fueron cambiando los libros ilustrados desde tu infancia a hoy? ¿Qué subrayarías?
--Esta pregunta no te la puedo responder porque en mi propia infancia no leía gran cosa, solo revistas como Periquita, La pequeña Lulú, Archi... Igualmente conozco los libros que se editaban y publicaban hace unos 40 años y puedo decirte que no había tantos prejuicios ni modas como las que hay ahora. En algún punto hay que reconocer que, en cierto sentido, había más libertad y el humor y la ridiculez de entonces no tienen nada que ver con los de ahora. Ahora hay toda una corriente de pacatería y cancelación que más que poner la vara en alto, la baja a niveles impensados.
Leer y masticar
--¿Qué diferencias encontrás entre crear para chicos y para adultos?
--La diferencia es abismal. Para mí, ya lo dije, el público infantil es sagrado. Los adultos tenemos nuestras herramientas. Pero me cuido mucho a la hora de hacer libros para chicos. Me cuido sobre todo de lo que no quiero hacer: enseñar, bajar línea, darles todo masticado...
--¿Y la difrencia entre dibujar y escribir?
--Son casi lo mismo. Solo que mientras uno está compuesto por trazos, el otro, por letras. Pero son dos formas diferentes de hablar, de narrar, dos lenguajes que en el caso del libro álbum se potencian de una manera única.
--Recomendás literatura en las redes sociales. ¿Leés libros ilustrados? ¿Qué te dan?
---Recomiendo libros para adultos. Porque soy bastante lectora y amo recomendar todo lo que me fascina. Sí, leo álbumes ilustrados, soy una consumidora serial. Me pongo contentísima cuando encuentro que otros pensaron e hicieron cosas que yo misma busco cuando escribo e ilustro para chicos.

¿Kafkiano?
--Metamorfosis trata justamente sobre poderes, digamos, de la lectura y de la poesía. ¿Cómo nació? ¿Lo pensaste como antídoto a esta época voraz?
--Lo pensé mientras nadaba. Me resultaba sumamente aburrido nadar así que me propuse que de tantos largos de pecho y crol saliera algo bueno. Y estaba en un momento en el que me empezaba a cansar de los recomendadores de libros. Seguía a tantos que hasta ya me daba cuenta de quién recomendaba por haber leído y disfrutado y quién lo hacía por haber encontrado un nicho para tener una audiencia, y realmente es patético.
“Bueno, así nació la historia de esta señora que además de nadar participa de un club de lectura (tan de moda hoy) y está completamente descontenta con el libro que acaban de terminar de leer: ‘La metamorfosis’”, cuenta Yael Frankel. Y agrega: “Quería también tocar el tema de la ficción en la literatura y la confusión que existe entre los lectores, acerca de los narradores y los autores. Es un tema que me apasiona. Esta señora es una fiel persona confundida entre la realidad y la ficción”.

--¿Nadas para cuidarte?
--Lo hacía porque paso mucho tiempo trabajando sentada y me tenía que mover, aunque sea una pierna. Y dije, bue, lo que menos me jode en cuanto a actividad física es nadar. Pero tuve un problema y dejé. Ahora camino. Y a mi cabeza la cuido con mi psiquiatra y con amigos, familia, trabajo. De vez en cuando, me voy a estudiar o a hacer algún taller, no a darlo yo sino a cursarlo. Ser alumna, disponerse a aprender, siempre está bueno.
--¿Qué más te dan la lectura, la escritura y la ilustración en la madurez?
--Aunque suene cliché, básicamente, un espacio íntimo, muy mío, de refugio. Trabajo sola, dibujando, escribiendo, y lo mismo pasa con la lectura. Un libro es transportador a otros lugares, a otras vidas.
--¿Qué le dirías a un lector de más de 50 años que no lee libros ilustrados para tentarlo?
--Que no se los pierda, que no se deje ganar por los prejuicios, que pruebe con uno (recomendado por un librero DE VERDAD) y verá que ya no podrá parar.
KioskNews shows a cleaned-up reading view extracted from the publisher’s page — the original always lives on their site, not ours.