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Saturday, September 12, 2026

Rojas Magallanes: la nueva cara del trampolín de las bandas emergentes en Chile

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“Hay una energía diferente en el Rojas Magallanes para las tocatas. Es una especie de ritual”. Así describe Agustín Zamora (19) su experiencia como asistente habitual del Centro Cultural Rojas Magallanes en La Florida. No es el único que percibe esa energía. En los últimos años, gracias a ella el espacio se ha consagrado como un órgano vital tanto para bandas emergentes como para su audiencia.

A fines de agosto, en el evento Concordia Rojas Magallanes -coorganizado por la Corporación Cultural Usach-, la jornada comenzó de la mano de Narval Orquesta. En el galpón en penumbras, el ensamble del compositor Andrés Quezada fue recibido con un respeto especial por los asistentes, quienes corearon las melodías del conjunto instrumental. Con sus suaves pasajes interrumpidos por explosiones de sonido, la jornada recién había empezado.

Para cuando Dolorio & Los Tunantes subieron al escenario, el público estaba dispuesto a dar el siguiente paso. Frente al post punk y el despliegue de energía de la canción Dj de la muerte, en la cancha empezaron los saltos, las ovaciones y el mosh fue ganando terreno frente a la gradería. Finalmente, fue el turno de la banda que remataría la noche.

Foto: Andres Perez Andres Perez

Con Asia Menor, el ritual llegó a su apogeo. El público levantó a un joven en silla de ruedas –uno de los fieles asistentes al Rojas Magallanes–, mientras a un costado una pareja se abrazaba entre lágrimas al sonar una de sus canciones favoritas. Pese a la épica, no fue una noche inolvidable: fue una fecha más en el epicentro del indie de Santiago.

Para el público, el balance de esta noche fue rotundo. “Siempre prende Rojas Magallanes, sobre todo porque viene harta juventud. Aparte se ha hecho un lugar emblemático”, afirma Renato Román (22), estudiante de psicología. “Es masivo, frenético, pero se sigue manteniendo esa cercanía y es bonito eso, conectar con harta gente”, añade.

Foto: Andrés Perez. Andres Perez

Paula Vera (24), peluquera, dice que ya había asistido previamente al recinto para ver bandas de “la nueva escena”, como Hesse Kassel, Déjenme Dormir y Aeródromo. “Antes ibas a las tocatas y todos tenían 30 años. Ahora los cabros están súper metidos en la música under, que ya no es tan under”, reflexiona.

Por otro lado, Mauricio Inostroza (53), periodista y vecino, asistió junto a su hija María Laura (13). Sobre el espacio, comenta que “genera una identidad de cada uno de los barrios” y pone el ejemplo de Londres. “Si vas al lugar donde salió Oasis, es un tipo de música, y en otro barrio, es otro tipo de música. Ese sincretismo musical y cultural se debería dar en Chile”, opina.

Foto: Andres Perez Andres Perez

La gran convocatoria del Centro Cultural Rojas Magallanes es el resultado de sus casi 20 años de existencia. Uno de los testigos de su crecimiento es el cantautor Simón Campusano, vocalista de Niños del Cerro, quien vivió su infancia a cinco cuadras del recinto.

El nacimiento de un centro cultural

Los primeros recuerdos de Campusano sobre el Centro Cultural Rojas Magallanes preceden a su consagración como espacio artístico. De niño, recuerda haber pasado por fuera en triciclo junto a su abuelo y, años después, ir a “jugar básquetbol a esta cancha antes de que fuera centro cultural”.

En ese tiempo, el espacio funcionaba como una sede vecinal semiabandonada. Ubicado en las cercanías del paradero 18 de La Florida, en el pasaje Estados Unidos, el recinto ya contaba con su infraestructura actual: una multicancha techada y una sala interior con capacidad para 200 personas.

Foto: Andres Perez Andres Perez

Pasaron varios años antes de que Campusano se presentara por primera vez en su cancha. Si el espacio se consagró como epicentro artístico, solo fue posible por la gestión de un grupo de amigos ligados a la música y la literatura que decidió verlo con otros ojos.

“Decidimos intervenirlo por una necesidad propia de jóvenes”, recuerda Rodrigo Sandoval (47), actual director ejecutivo del Centro Cultural Rojas Magallanes. Al notar que “la sede social se encontraba previamente inactiva”, recuerda, su motivación inicial fue “recuperar un lugar para la comunidad y darle un sentido de encuentro”.

En 2008, nació formalmente el Centro Cultural Rojas Magallanes. Entre sus primeros eventos, Sandoval recuerda una lectura de poesía y una exposición de arte. En esa época, también comenzaron a organizar talleres, actividades deportivas y eventos comunitarios, los que se mantienen en funcionamiento hasta hoy.

Comienzo en la música

La música, afirma Sandoval, “llegó de manera bastante natural”. En ese tiempo, en Santiago “había una cantidad enorme de proyectos musicales que estaban haciendo cosas interesantes, pero que muchas veces tenían dificultades para encontrar donde tocar. Y ahí apareció una oportunidad para Rojas”, afirma.

Aunque las primeras tocatas fueron presentaciones pequeñas y entre amigos, “progresivamente comenzaron a acercarse otros músicos y otras propuestas”, añade el director. De esa forma, el espacio abrió sus puertas como “un lugar donde las bandas pudieran probar, tocar, equivocarse, encontrarse con un público y comenzar a construir una trayectoria”, complementa.

Foto: Andres Perez Andres Perez

Uno de esos músicos fue Andrés Quezada. En 2012, cuando el centro cultural empezó a alberar más tocatas y bandas emergentes -en un principio, la mayoría ligadas al math rock y el post rock-, el baterista se presentó con su banda tortuganónima.

“Fue lindo porque estábamos recién formando la banda y buscábamos lugares para tocar. En esa época eramos todos de Puente Alto y La Florida. Rojas Magallanes nos acogió muchas veces para hacer estas tocatas donde iban como 15 personas”, afirma Quezada.

Desde ese momento, “se inició una circulación prácticamente interminable de bandas nuevas por el espacio”, recuerda Sandoval. Según el director, el siguiente hito musical para el centro cultural fue la mayor circulación de las bandas indie asociadas con el pop de guitarras en 2015.

Llegada del indie

Con el surgimiento de bandas como Niños del Cerro, Patio Solar y El Cómodo Silencio de los que Hablan Poco -entre otras-, además de medios de difusión independientes, nuevos públicos, fotógrafos, sellos y colectivos independientes, “tuvimos la suerte y el privilegio de coincidir con ese proceso”, explica Sandoval.

En ese tiempo, según Campusano, el abanico de escenarios para bandas emergentes era escueto: “Desde mi perspectiva como joven periférico, era súper hostil y súper difícil, porque no había más que algún bar medio penca”. En ese tiempo, “nadie tocaba en lugares que no fueran en el eje centro-Providencia”, agrega.

De sus primeras tocatas en Rojas Magallanes, el músico recuerda que se realizaban en la sala pequeña del centro cultural. Ahí, Campusano recuerda estar levantado por la gente “poniendo las patas con el techo, que era bajito y se podían hacer esas cosas y eran muy chistosas”.

Desde ese entonces, el músico se ha presentado en el recinto de “tres a cinco veces por año”, afirma. Y, en cuanto a lugares de tocatas, dice que es “donde se siente más cómodo en la vida, de todo Chile y el planeta”.

Por otro lado, consultado por si cree que es el epicentro de la música independiente de Santiago, dice que “absolutamente”. Al día de hoy, continúa, “bandas de todo Chile y ahora de Lationamérica están pasando por este lugar. No encuentro un lugar que le haga el peso. Y con todo en contra. Y todavía es igual, sigue siendo una cancha techada y me encanta eso”, agrega.

El epicentro del indie

El año pasado, debido a una tocata de Niños del Cerro, la cancha del Centro Cultural Rojas Magallanes expandió su aforo de 600 personas a mil. Fue un cambio que llegó para quedarse.

Además, la masificación del público vino de la mano del arriendo de equipos más grandes, la contratación de paramédicos y el establecimiento de punto de bienestar.

Sin embargo, el centro cultural nunca dejó de lado su cartelera de talleres y eventos comunitarios. En esa línea, Sandoval dice que la profesionalización no implicó “dejar atrás la autogestión ni el espíritu comunitario que dio origen al proyecto”, sino que “significó encontrar herramientas para que ese espíritu pudiera sostenerse y proyectarse en el tiempo”.

En la actualidad, por su cancha ha pasado gran parte de la “nueva escena chilena”, con bandas como Hesse Kassel y Candelabro. Según Campusano, la efervescencia de la nueva generación musical se puede relacionar con que existan lugares que los reciban: “Es una retroalimentación muy linda, porque son bandas que crecen en estos espacios y medio que nacen a propósito de estos lugares”.

Tras el paso de dos generaciones de bandas independientes, el Centro Cultural Rojas Magallanes está en todo su derecho a sumarse ahora a la lista de recintos musicales emblemáticos de Santiago. En esa lista se pueden contar espacios clave, como la Peña de los Parra para la música folclórica; el Café del Cerro para el Canto Nuevo; el Anfiteatro San Miguel para el hard rock ochentero; y la discoteca Laberinto, el Bar de René y La Batuta para lo más alternativo.

Según Rodrigo Herbage, integrante de Dolorio & Los Tunantes y director del Sello Fisura, es importante considerar el contexto de los espacios artísticos postpandemia, ya que eso generó “una gran caída de muchos de los lugares que existían”. Tras esa clausura masiva, “el Rojas no solo persistía, sino que ha ido incluso mejorando sus condiciones para realizar presentaciones”, explica.

De acuerdo con Rodrigo Sandoval, el espacio “es una pieza más de un ecosistema mucho más grande que nosotros”. Además, agrega que su crecimiento no solo se debe a la profesionalización del equipo, sino a los lazos que han formado con las bandas y con “sellos, colectivos y medios independientes”.

En cuanto a su valoración del panorama actual, el director concluye que “hoy día la escena musical chilena se encuentra pasando por un momento exquisito. Podemos encontrar proyectos nuevos, con gran futuro y una energía única que no nos había tocado ver”.

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