Deja de obsesionarte con los kilómetros: la ciencia explica por qué el tiempo y el esfuerzo también importan al correr
Para muchos corredores, terminar un entrenamiento significa mirar una cifra: cuántos kilómetros han conseguido completar. Pero la distancia, aunque es una referencia útil, no cuenta toda la historia de lo que ha ocurrido durante esos minutos de carrera.
Correr 10 kilómetros en llano, descansado y a un ritmo cómodo no tiene por qué generar la misma carga que completar esos mismos 10 kilómetros con desnivel, viento o después de una sesión especialmente exigente. El motivo está en la diferencia entre carga externa y carga interna.
Los kilómetros forman parte de la carga externa, mientras que variables como la intensidad, la frecuencia cardiaca o la percepción del esfuerzo ayudan a conocer cómo ha respondido realmente el organismo de manera interna. La ciencia del entrenamiento utiliza diferentes métodos para controlar esta carga al correr.

Uno de ellos es el session-RPE: combina la duración del entrenamiento en minutos con la percepción subjetiva del esfuerzo. Esta herramienta se ha estudiado y validado para monitorizar la carga de entrenamiento.
No convertir los kilómetros en el único indicador del entrenamiento: el tiempo también es importante
La idea es sencilla: no es lo mismo correr durante 40 minutos a un esfuerzo muy suave que correr durante 40 minutos a una intensidad elevada, aunque el tiempo sea exactamente el mismo.
Por eso, en determinados rodajes fáciles puede ser más útil marcarse un objetivo de tiempo que perseguir una cifra concreta de kilómetros. Si el entrenamiento previsto son 40 minutos suaves, el objetivo debería ser mantener esa intensidad, aunque un día se recorran 6 kilómetros y otro 6,5.
¿Hay que olvidarse de los kilómetros? No. La distancia sigue siendo una referencia fundamental, especialmente cuando se prepara una carrera concreta o se necesita controlar el volumen semanal.

La clave está en no convertir los kilómetros en el único indicador del entrenamiento. El ritmo, el tiempo, el terreno, la recuperación previa y la percepción del esfuerzo también pueden cambiar considerablemente la exigencia de una sesión.
En otras palabras, terminar con menos kilómetros de los previstos no significa necesariamente que el entrenamiento haya sido peor. Para un corredor, 10 kilómetros son siempre 10 kilómetros en el reloj. Pero para el cuerpo, la carga puede ser muy diferente.
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