Flechita para arriba: los niveles que levantaron en Boca desde la llegada de Arruabarrena

La clave estaba en el entrenador, dirán algunos. En el tiempo y la maduración de procesos, añadirán otros. Lo cierto es que los resultados están a la vista, y a Boca el presente le marca una realidad muy diferente al 18 de junio, el día en el que Rodolfo Arruabarrena comenzó su segundo ciclo al frente del equipo. Exactamente 100 días antes del partido del domingo ante Racing, que elevó las expectativas xeneizes al máximo.
Lo cierto es que no sólo de resultados se entusiasman los hinchas y todos los que integran el Mundo Boca, desde adentro hacia afuera. Porque la racha de 15 partidos sin conocer la derrota es parte de un camino, sí. Pero una de las razones más contundentes para explicar el crecimiento del equipo son los niveles individuales, y ahí el análisis se puede hacer en detalle, con la indudable influencia del cuerpo técnico.
El caso que puede servir como ejemplo es el que las propias redes del club destacaron tras la remontada histórica en Rosario: el de Carlos Palacios, a quien el posteo que protagonizó estuvo acompañado de la frase "Flechita para arriba", que en el lenguaje videojuego significa que está "de racha", o con confianza.
Video: ESPN
El panorama del chileno (quien tuvo sus primeros minutos destacados en más de un año) lo completó el propio DT en conferencia, al marcar la importancia que tiene -para ese jugador en particular- el cariño que el entrenador de turno le debe dar para sacar su mejor versión. Una clara muestra de los frutos del trabajo de estos meses.
Video: TyC Sports
Línea por línea
Sin embargo, no puede ser una pieza que aportó tan poco en los 19 partidos que lleva jugados el equipo la muestra más cabal de niveles elevados desde el inicio y hasta el presente. Línea por línea, las dudas de Álvaro Montero en el inicio encontraron en la templanza del equipo un arquero que ya le dio puntos al equipo (la clasificación con Vélez, su firmeza en San Pablo y mucho más) y que se fue a su selección como una pieza clave de este Boca.
En defensa, las dudas iniciales de los centrales los hacía rotar indistintamente sin que ninguno genere la sensación de hacerse irreemplazable. Hasta que la decisión fue bancar a Lautaro Di Lollo y -sin más opciones por las lesiones de Ayrton Costa y Marco Pellegrino- apostar por Facundo Herrera, una de las grandes apariciones y consolidado como parte de la zaga titular en esta etapa del proceso.
Los laterales no dejaban mucha opción, aunque en el derecho la confianza para Leandro Lozano, aún con sus dos lesiones en este breve tiempo, terminaron dando rédito porque el uruguayo se convirtió en una de las figuras del equipo.
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Tampoco hubo demasiado margen en el medio, donde se mantuvo la misma formación del equipo anterior (Santiago Ascacibar, Leandro Paredes y Milton Delgado) aunque con distintas prestaciones, más que nada en el pibe que aprendió a moverse más libremente y ser auxilio de todos, dejándole el trabajo del cinco más puro al capitán.
La revolución en ataque
Ya hacia adelante, el punto más revulsivo apareció entre el puesto de enlace y el compañero del 9. El primero de esos dos fue de Tomás Aranda -hasta su desgraciada lesión- y de Alan Velasco desde ahí: un punto más que destacable para el Vasco y ese cariño que apuntó sobre Palacios, porque el ex Independiente arrancó la serie de partidos que lo convirtió en titular silbado por la Bombonera. Y así y todo, el DT lo sostuvo.
El otro revulsivo es también el segundo refuerzo que llegó desde Boca Predio: Leonel Flores, a quien Arruabarrena señaló apenas se hizo cargo del plantel y a quien le dio la titularidad por encima del refuerzo estrella Sebastián Villa.
Tal vez allí, en el pibe que hasta fue convocado a la Selección por los partidos que jugó en estos meses en Boca, esté el mejor ejemplo de lo que pasó de un semestre a otro. Porque Flores vio desde la platea la eliminación de Boca de la Copa Libertadores, mientras Claudio Ubeda no encontraba en los jugadores que tenía en el banco opciones para cambiar un final de irreversible fracaso en el partido ante Universidad Católica.
También Miguel Merentiel mejoró su presente a partir del nuevo ciclo, aún habiendo empezado sin goles y con críticas. Fue otro al que el Vasco alentó desde los micrófonos, hasta que volvió a ser el hombre festejo del equipo.
Desde afuera
Y, claro, también hay que marcar el trabajo del DT en los de afuera (tal vez usando la doctrina Bianchi, que siempre trabajaba más en los suplentes porque los titulares estaban motivados de por sí) en realidades como la de Ángel Romero y su doblete ante Central Córdoba, y justo en la semana en que la solución mayúscula se llamó Enner Valencia.
Con toda su trayectoria a cuestas, el ecuatoriano esperó su momento, se preparó, y Boca lo pudo disfrutar con toda su jerarquía en el momento preciso, para ganarle a Racing con sus tres cabezazos marca registrada. Como la del Vasco, que ya le puso su sello indudable a un Boca distinto. Un Boca que va por todo.

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