Madring impresiona: como un parque de atracciones
La montaña rusa es el circuito. El resto, un auténtico parque de atracciones. Es la sensación que deja recorrer las largas y anchísimas calles de Ifema en pleno GP de España de F1, en el recién estrenado Madring.
Lo que antes eran un recinto ferial con pabellones, ahora, deja una sensación extrañísima para todos los que alguna vez visitaron este lugar con anterioridad. No parece el mismo. Ni tampoco se asemeja a un paddock convencional.
Todo el mundo coincide que lo del Madring es un concepto distinto a lo que se ve en Europa, en el que se ha trasladado la otra parte del charco algunas de las ideas que han convertido en todo un éxito a citas como Miami o México. Igual que ocurre en Miami, el Madring aprovecha una infraestructura ya existente, para transformarla y llenarla de color y experiencias. Y eso está enamorando a muchos.
Carlos Sainz ya avisaba días antes que, como embajador del circuito, pidió a Ifema que Madring pudiera parecerse a la fiesta que son esos dos Grandes Premios ya citados. “Esa cultura de México y su energía o Miami, que todos disfrutamos cuando se celebra el GP. Quería llevar eso a un circuito europeo por primera vez”, decía. Y lo han conseguido.
Y es que recorrer las calles de Ifema, entre pabellón y pabellón, es sinónimo de encontrarte sorpresas agradables en el lugar que menos lo esperas, como el mítico Ferrari 126CK turbo con el que Gilles Villeneuve ganó la última cita disputada hasta hoy en Madrid, en 1981.
Esa cultura de México y su energía o Miami, que todos disfrutamos cuando se celebra el GP. Quería llevar eso a un circuito europeo por primera vez
Carlos Sainz

Como una ciudad
Lo primero que sorprende es la sala de prensa, ubicada en el pabellón 5. Allí, reinan seis pantallas gigantes en un enorme espacio diáfano, y en medio, pupitres para centenares periodistas acreditados y fotógrafos. Y al lado, un gran restaurante con oferta local para todos. Pero fuera, la cosa va a más. El paddock no se parece en nada al resto de pruebas europeas.


Normalmente, es una calle con los camiones de ingenieros pegados al edificio de boxes, un espacio central para caminar y, enfrente, los hospitalities. Nada que ver con lo que hay en Madring, donde las distancias se multiplican.
Es como andar por una ciudad. Al final de la calle donde se ubica el pabellón de prensa se accede a uno de los dos paddocks, el de los hospitalities de los equipos, con una anchura inédita en el viejo continente que permite que, por muchos VIPs e invitados que haya, puedas andar sin tener la sensación de estar en una lata de sardinas.


Y más allá, al lado de la recta de meta está el segundo paddock, el de los camiones. Allí se ubica una estructura central ya existente que se usa para el corralito de televisiones y el plató de Mediaset. Y a ambos lados, dos pabellones más pegados a los boxes.




Allí hay tres camiones de los equipos en cada uno de ellos, dejando una imagen nunca vista, ya que permanecen bajo techo. Y al lado de estos edificios, los camiones de los equipos que faltan, al aire libre, cada uno detrás de puerta que da acceso al box de cada conjunto.
En todo ese largo recorrido, cualquiera puede encontrarse con un puesto de jamón, croquetas, tortilla de patatas, paella y otras ofertas gastronómicas. Y en los pabellones donde se ubican los camiones de ingenieros de los equipos, detrás del pit lane, hay varios restaurantes.


Pero eso no es todo. Al margen de una noria y dos Fan Zone en lugar de una, hay otro pabellón con dos pistas de pádel en las que se organizó un torneo de prensa y otro de famosos en el que el jueves participaron iconos como Casillas, Belasteguín, Carlos Moyà, David Silva, Raúl González, Javier Pastore, Fernando Llorente o el chef David Muñoz. Todo ello, en un paddock con aún una infinidad de posibilidades por explotar. Es solo el inicio. Son muchos en la F1 los que creen que este será el evento de referencia en Europa junto a la majestuosidad de Mónaco
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