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Sunday, October 18, 2026

El fin de la tregua de los presidentes

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El horario se respetó con rigurosidad. Justo a las 9.30 horas del jueves 15, en la casona de Capitán Fuentes, en Ñuñoa, sede de la Fundación Horizonte Ciudadano, Michelle Bachelet y Gabriel Boric se sentaron a la cabecera de la mesa ubicada en el salón del segundo piso.

La imagen marcó un inédito debut político. No solo fue un mensaje a la centroizquierda; también a La Moneda.

Desde el regreso de la democracia, nunca dos expresidentes habían congregado a los partidos de la oposición –desde la DC al PC– para liderar en un frente común la unidad del sector, en una arremetida que se produce a siete meses de la llegada al poder de José Antonio Kast, justo en medio de una compleja situación política y económica y su desplome en las encuestas.

Como era de esperar, en La Moneda el despliegue de los dos exmandatarios no fue bien evaluado.

Hasta ahora los exgobernantes habían mantenido con sus sucesores un estatus ajeno a la contingencia, salvo críticas puntuales como el impasse entre Bachelet y Ricardo Lagos por el Transantiago o las formuladas por Sebastián Piñera sobre la gestión de la exgobernante por el aumento de la delincuencia, la reforma laboral y por haber perdido el rumbo hacia el desarrollo.

“Ese estatus fue cambiado por Bachelet y Boric, quienes, con esta acción, optaron por el activismo político, un nivel al que el Presidente no va a bajar”, dice una alta fuente de Palacio. La respuesta –agrega– vendrá de un subsecretario o ministros. No de Kast.

La tregua –aseguran en el oficialismo– se acabó.

La notificación

Kast entró al gobierno ya con ásperas relaciones con los dos. Con Bachelet, porque decidió no apoyar su postulación a la secretaría general de la ONU. Con Boric, por los duros enfrentamientos que vivieron durante el traspaso de mando, el cual el actual Presidente incluso dijo que suspendería por su falta de confianza en la información que le entregaba la administración frenteamplista.

Durante su vida política, Kast no ha cultivado relaciones profundas con el mundo opositor y fue, además, un duro adversario político de los dos en sus respectivas presidencias.

Por eso, la relación de él con sus antecesores es formal e institucional. Algunos la tildan de fría y lejana, incluso desde antes de que Bachelet y Boric publicaran una carta conjunta en contra del Escudo de las Américas, acuerdo al que suscribió el Mandatario en su gira a EE.UU. en septiembre.

Kast iba en la ruta al aeropuerto de Nueva York para regresar a Santiago, el 24 de septiembre, cuando se enteró por la prensa –al igual que el resto de su comité político– de la misiva de los dos expresidentes.

“Manifestamos nuestra preocupación ante la decisión del actual gobierno de adherir a la iniciativa impulsada por el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, denominada Escudo de las Américas”, plantearon en el escrito.

“Nos preocupa, asimismo, que conceptos como el de una ‘soberanía continental’ puedan terminar debilitando el principio fundamental de soberanía nacional que nuestro país históricamente ha defendido”, agregan en el documento, que también llama a “reconsiderar la permanencia de Chile en esta instancia”.

Kast se sorprendió. Hoy incluso cercanos suyos dicen que de cierta forma se decepcionó, pero que en su entorno no dudaron en ver una suerte de revancha.

Seis días antes, Bachelet había renunciado a seguir compitiendo por la secretaría general de Naciones Unidas, tras no contar con el patrocinio del gobierno y luego de tres straw polls adversos. Su círculo cercano no había dudado en culpar a la administración Kast de los malos resultados. Antes de publicar la carta, no hubo adelantos ni advertencias a la sede de gobierno, como es usual en el caso de materias internacionales, lo que en La Moneda interpretaron como una muestra de la autonomía que empezaron a marcar los ex jefes de Estado.

Kast y el biministro del Interior y Segegob, Claudio Alvarado, salieron a responder por primera vez a los dos exmandatarios. “Me da la impresión de que se está utilizando este tema para hacer la política exterior política contingente a nivel interno”, declaró este último.

El 30 de septiembre ambos llegaron juntos, en el mismo vehículo, al acto de homenaje a Bachelet en el Teatro Municipal de La Pintana. Ahí, la ex jefa de ONU Mujeres no dudó en apuntar al gobierno.

“A quienes pensaban que después de esto me iba a ir para la casa, les tengo una mala noticia: esto no va a pasar”, advirtió, sacando aplausos de los más de 700 asistentes.

Un paso más allá lo daría apenas unas horas después. El 1 de octubre, ante una pregunta en el canal de la Universidad de Concepción sobre si no hay segunda sin tercera, en relación a una nueva incursión presidencial, respondió sonriendo, después de pensar por algunos segundos: “Yo creo que sí”.

El gobierno de Kast restó importancia al anuncio de Bachelet, pero aprovechó de cuestionar su legado. Alvarado calificó la eventual tercera candidatura como una mera “expresión de deseo”, mientras el Presidente bromeó con que “la tercera es la vencida” y planteó evaluar las reformas tributaria, laboral y educacional impulsadas durante sus gobiernos.

Los expresidentes Bachelet, Lagos, Frei y Aylwin, durante una cuenta pública del primer gobierno de Piñera. PABLO OVALLE

En el Socialismo Democrático afirman que su postura no solo abrió la puerta a una anticipada competencia presidencial en todos los frentes –incluida la derecha, donde se han levantado las opciones de Evelyn Matthei y Paulina Núñez–, sino que notificó que ella, en esa condición, es una carta con voz y opinión.

Quienes conocen la historia de Bachelet no dudan en augurar que se avecina una “revancha política”. Porque si bien la describen como una persona simpática y cordial, también admiten que no perdona a quienes han caído en su lista negra. Y que en esa categoría estaría Kast al restarle su apoyo a Naciones Unidas.

“Si la hubiera respaldado, otro gallo cantaría. La expresidenta, en rigor, no le debe nada al actual gobierno”, resume un timonel del Socialismo Democrático.

Los últimos contactos

De todos los expresidentes, Eduardo Frei Ruiz-Tagle es el único al que Kast consulta con relativa frecuencia; y con el que ha construido una relación de mayor confianza.

No tuvo relación con Patricio Aylwin –por razones generacionales–, ni tampoco con Ricardo Lagos Escobar. Antes de que este se retirara de la vida pública, tuvo duras críticas para el actual mandatario. Ya como presidente, Kast ha destacado el modelo que este aplicó como estadista.

Con Sebastián Piñera mantuvo fricciones permanentes –incluso el 2 de marzo de 2020, tras el estallido social y en plena pandemia, se declaró opositor a su gobierno–, cosa que el piñerismo aún no le perdona; ni siquiera después de los gestos que ha tenido hacia su figura. “Si el presidente Piñera no hubiese tenido ese fatal accidente (en febrero de 2024), eventualmente yo no habría estado acá”, se apresuró a decir un día después de asumir en la inauguración de la cátedra Presidente Sebastián Piñera Echenique en la Universidad del Desarrollo.

Pero con Frei –a quien Kast designó ad honorem como embajador de Chile en misión especial– empezó a estrechar vínculos desde el rechazo del exmandatario a la primera propuesta constitucional. En noviembre de 2025 el exgobernante lo recibió en su casa, antes de la segunda vuelta, hecho que le valió un pase al Tribunal Supremo y la suspensión de su militancia en la DC.

El 3 de octubre, diez días después de que Boric y Bachelet publicaran su misiva, Frei hizo lo propio con una en El Mercurio. En esta planteó que “el Escudo de las Américas es una herramienta concreta para enfrentar, en forma unida y sostenida, una amenaza compartida. Es el primer intento concreto de cooperación regional para combatir el crimen organizado y el narcotráfico. Chile no puede quedarse al margen”.

El jueves de esta semana, Kast y Frei estuvieron juntos nuevamente en La Moneda en el lanzamiento institucional de Choose Chile, una plataforma que busca posicionar a Chile como un destino confiable para invertir, innovar y hacer negocios.

La relación del Presidente con Bachelet y Boric es casi lo contrario.

La última vez que se reunió en público con la exgobernante fue el 20 de marzo –día en que le comunicó con franqueza que no iba a patrocinar su opción a la secretaría general de Naciones Unidas-, aunque en Palacio aseguran que sí han tenido un intercambio de mensajes puntuales por WhatsApp. La última vez que ambos conversaron fue cuando Kast la llamó por teléfono, tras su renuncia a la candidatura a la ONU.

Con Boric la situación es distinta. Con él –dicen–, Kast no mantiene ningún tipo de relación, fuera de la protocolar. No hay vasos comunicantes.

Pese a ello, en el entorno de Kast sostienen que Bachelet es con quien el Presidente tiene las mayores diferencias, y que una muestra de ello son las políticas lanzadas en estos meses. De hecho, afirman que la reforma tributaria apunta a enmendar la que ella promulgó en su gobierno; que los cambios en educación buscan corregir lo que hizo en esta área y que lo mismo sucede con el tema de la migración.

Los expresidentes Bachelet y Boric se reunieron el jueves con los jefes de partidos de la oposición. En la foto, conversan con el timonel de la DC, Álvaro Ortiz. LUIS QUINTEROS/ATON CHILE

La distancia con Boric

Con Boric, la última vez que Kast se reunió fue durante la ceremonia por el 99° aniversario de Carabineros –a la que también asistió el expresidente Frei– y en la que ambos tuvieron un breve intercambio de palabras. La frialdad vista en la transmisión oficial de la ceremonia reflejó fielmente la tensión que había marcado el traspaso del poder, luego de que Kast decidiera interrumpir abruptamente las reuniones de coordinación argumentando que no confiaba en la información que estaba recibiendo, incluida la concesión de un cable submarino entre Chile y China. A ello se sumó el anuncio de auditorías en todos los ministerios.

“Fue desconcertante”, señala una fuente cercana al líder frenteamplista que presenció ese momento in situ. “Se buscó instalar un manto de dudas y desconfianza que no se había visto anteriormente”, agrega.

Poco más de dos meses después, ambos se volvieron a encontrar en la conmemoración de los 200 años de la creación de la Presidencia de la República, donde la relación se vio mucho más distendida.

El líder republicano le mostró a Boric su despacho, el mismo que habitó durante cuatro años, y le permitió que se tomara todo el tiempo que considerara necesario para saludar a buena parte de los funcionarios de planta del Segundo Piso.

Al momento de cerrar el acto, recogió las palabras que había dicho su antecesor. “Como lo dijo el presidente Boric, hemos sido rivales y cada uno, desde sus convicciones, piensa siempre en Chile, en el honor que es servir a la patria, más allá de las diferencias que uno pueda tener”, sostuvo.

Ese fue el último registro oficial de ambos. Hoy no cuentan con ningún tipo de vínculo, salvo las actividades protocolares que los seguirán juntando.

La relación de Boric con sus antecesores también fue zigzagueante, transitando de la dura crítica generacional que llevó a los exlíderes universitarios a conquistar el poder a costa de criticarlos, a un vínculo de reconocimiento y diálogo cuando llegó a La Moneda en marzo de 2022.

El ejemplo más claro fue su relación con Ricardo Lagos, que pasó de calificarlo como “una suerte de reciclaje de la Tercera Vía de Tony Blair”, a no escatimar elogios a su mandato entre el 2000 y 2006. Es más, en su último discurso como presidente, Boric incluyó a Lagos entre los gobernantes que, después de la recuperación de la democracia, sentaron las bases sobre las que se construyó su gobierno.

Con Bachelet también avanzó de un inicio tempestuoso a un vínculo que se fue consolidando con los años y que fue coronado con la formalización de su candidatura a la secretaría general de Naciones Unidas, que dejó en una incómoda posición a Kast cuando ganó la Presidencia.

Conmemoración de los 200 años de la Presidencia de la República.

“Hablamos todas las semanas”, confesó hace un tiempo Boric, quien este año formó parte de la exclusiva lista de invitados a su cumpleaños, al cual no pudo asistir por estar fuera del país.

“En mi experiencia, el expresidente entendió desde un comienzo que gobernar Chile implica dialogar con su historia reciente. Por lo que pude presenciar, con Piñera nunca faltó el respeto institucional y el entendimiento. Comenzando con el traspaso de mando y hasta sus últimos días. Con Bachelet vi complicidad, y con Frei el reconocimiento genuino a quien ayudó a devolverle la democracia al país. Fueron tres relaciones distintas y donde yo vi siempre primar el respeto y nunca la instrumentalización”, cuenta el filósofo y miembro del Frente Amplio Carlos Figueroa, quien se desempeñó como asesor en asuntos internacionales del Segundo Piso durante su gobierno.

En La Moneda saben que se les abrió un nuevo flanco político. Sin embargo, apuestan a mirar con distancia cómo evoluciona el paso dado por Bachelet y Boric, para ver si se va a concretar o no en acciones reales. Por ahora –aunque los exmandatarios anunciaron un nuevo encuentro con los timoneles de la oposición para el 15 de noviembre–, no ven viable que su petición de una mayor unidad tenga un correlato real en el Congreso, donde los parlamentarios tienen que responder ante su electorado en temas tan sensibles como los de seguridad.

“¿Podemos votar distinto? Sí. La unidad que planteamos parte de la base del respeto a nuestras diferencias, donde concordaremos en algunas materias y en otras no, donde respetaremos nuestra ideología, nuestra visión de sociedad y el lugar donde nos ubicamos en la historia. Lo importante es que la intención es saber administrar nuestras diferencias“, sostiene el presidente de la DC, Álvaro Ortiz.

En ese diagnóstico –confiesan algunos de los que asistieron a la cita del jueves– hay posiciones distintas. Mientras Bachelet es más flexible y hace una diferencia clara entre lo que plantea Chile Vamos y el Partido Republicano y el Nacional Libertario, Boric se inclinaría por un rechazo frontal a la agenda de La Moneda, tal como lo hicieron los republicanos en su gobierno, sin que pagaran –por ello– ningún costo político, sino que al revés.

“Si quieren sacar al pizarrón al gobierno, primero tienen que salir ellos a rendir cuentas”, sostiene una fuente de Palacio. Aunque –para otros, al interior de esos mismos muros– el echarle la culpa al gobierno anterior tiene más costos que réditos políticos.

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