Coraje, claridad y opciones en política exterior

En un contexto internacional complejo, el primer ministro canadiense Mark Carney demuestra un marcado pragmatismo
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El coraje exhibido por el primer ministro canadiense Mark Carney ha llamado la atención. A esto se le suma una gran claridad al analizar y describir las fracturas que están ocurriendo en el orden internacional, como también su empeño en materializar opciones para sobreponerse a ellas.
Este economista prestigioso lidera Canadá en un momento de agresiva diplomacia bilateral por parte de su gran vecino. Carney estudió en Harvard y obtuvo un máster y un doctorado en economía en Oxford. Luego de trabajar en la banca Goldman Sachs, fue gobernador del Banco de Canadá, donde enfrentó con éxito la crisis financiera internacional de 2008. Increíblemente fue luego gobernador del Banco de Inglaterra, el único no británico en hacerlo. Allí, este curtido banquero enfrentó otro gran desafío: el impacto financiero del Brexit. Al asumir como primer ministro en marzo de 2025, tuvo que enfrentar el reto del gobierno de EE.UU. Comenzó con la afirmación de que Canadá debía convertirse en el estado 51 de EE.UU., y derivó en las actuales tensas negociaciones comerciales. En ellas, se planteó revisar el tratado Umsca –entre EE.UU., Canadá y México–, subir las tarifas a los sectores no cubiertos por ese acuerdo, y hasta considerar no enviar el etiquetado de productos en francés a sus provincias francófonas: Quebec y Nueva Brunswick. Dados los términos y el tono de estas negociaciones, Carney las discontinuó.
Carney ha demostrado además tener claridad, al afirmar que el orden internacional de la pos Guerra Fría –basado en reglas– ha sufrido una ruptura permanente, y no una simple transición. Ha tenido el coraje de expresarlo en la reunión de Davos en 2026, afirmando que estamos al final de una agradable ficción y al comienzo de una dura realidad. Donde la geopolítica se impone, y donde la conducta de las grandes potencias no parece tener límites ni restricciones. Estas han estado utilizando la integración económica como arma, las tarifas como palanca de negociación, la infraestructura financiera como elemento de coerción, y las cadenas de aprovisionamiento como vulnerabilidades a ser explotadas. Así, no se puede seguir viviendo en la mentira del beneficio mutuo a través de la integración, cuando la integración se convierte en la fuente de tu subordinación. Ante esto, los países buscarán opciones para reconstruir su soberanía, que antes estaba basada en reglas y que ahora deberá estar anclada en la habilidad para resistir las presiones externas: “Cuando las reglas no te protegen, deberás protegerte tú mismo”.
“Tomamos al mundo como es, no como quisiéramos que sea”
El primer ministro ha podido identificar las opciones estratégicas que debe desarrollar Canadá ante esta ruptura del orden global. La más destacada fue proponer una “Alianza para el Futuro” a la Unión Europea, que fue respondida con una invitación de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, a que Canadá se convierta en su primer estado asociado. Carney habló de construir juntos mayores grados de resiliencia y seguridad a través de una profunda cooperación en una de sus estrategias preferidas: la autonomía estratégica. Esta debe asegurarse en materia de minerales críticos, la industria de la defensa, inteligencia artificial, seguridad alimentaria, seguridad energética, y sistemas de pagos. Ha propuesto trabajar también en este sentido con potencias medias como Australia y el Reino Unido. En un contexto internacional complejo, Carney demuestra un marcado pragmatismo, al expresar: “Tomamos al mundo como es, no como quisiéramos que sea”.
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