Por el Día Mundial de la Suegra, psicólogo explicó cómo poner límites cuando los familiares intervienen en una relación

Las decisiones de una pareja deberían involucrar solamente a dos personas; sin embargo, la influencia de padres, madres u otros familiares es frecuente en algunos casos y puede convertirse en un foco de conflicto cuando las recomendaciones pasan a ser órdenes.
Precisamente, por el Día Mundial de la Suegra, que se celebra cada 26 de octubre, el psicólogo Miguel de Zubiría planteó la necesidad de establecer límites saludables frente a las intervenciones familiares en la relación.
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Aunque la participación de la familia puede aportar experiencia en asuntos como la economía del hogar, la crianza o los proyectos a futuro, el especialista, creador de la Pedagogía Conceptual y de la Psicología del Autoconocimiento, advirtió que ese acompañamiento requiere una frontera clara, pues la pareja debe conservar la autonomía sobre las decisiones que afectan su convivencia y su vínculo.
En Colombia, las cifras muestran la dimensión de los retos que enfrentan las relaciones. La Superintendencia de Notariado y Registro tiene en sus datos 32.567 divorcios de parejas heterosexuales entre enero de 2023 y abril de 2024, mientras que en ese mismo periodo se contabilizaron 88.069 matrimonios de este tipo.
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Una relación reúne dimensiones como la compañía, la amistad, la intimidad, la sociedad y la convivencia. Cuando alguna de ellas se debilita, pueden aparecer tensiones que afectan el bienestar de ambos integrantes. La interferencia negativa de un familiar puede profundizar esas dificultades, en especial si desplaza la capacidad de decisión de quienes integran la pareja.
Para De Zubiría, hay una diferencia entre acudir a un padre o una madre en busca de orientación y permitir que sus opiniones definan el rumbo de la relación. El intercambio puede ser útil si se basa en el respeto y si reconoce que los adultos tienen la capacidad de decidir cómo organizar su vida afectiva.
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El psicólogo señaló que los familiares pueden compartir aprendizajes derivados de sus propias experiencias, aunque esas observaciones no deben convertirse en instrucciones sobre asuntos íntimos. La conversación, en ese sentido, puede fortalecer los vínculos entre generaciones siempre que no implique una pérdida de independencia para la pareja.
Las conductas de control de los padres sobre las elecciones sentimentales conservan raíces culturales. En sociedades tradicionales, la elección de pareja no dependía únicamente de dos jóvenes, ya que las familias tenían una influencia determinante en esa decisión.
Pese a que las transformaciones sociales han ampliado las libertades individuales, algunos padres tienen dificultades para tomar distancia de la vida de sus hijos. El problema aparece cuando no los reconocen como personas con criterio suficiente para construir una relación y definir sus propios acuerdos.
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Ese control puede expresarse de distintas maneras: descalificar a uno de los integrantes, presionar por decisiones de convivencia, intervenir en asuntos económicos o condicionar la relación a la aprobación familiar. Identificar estas dinámicas permite discutirlas antes de que afecten de forma persistente la confianza entre los miembros de la pareja.

De Zubiría considera que el autoconocimiento ayuda a reconocer los deseos personales y, a la vez, aquello que cada persona puede aportar a una relación. Revisar las cualidades propias y su posible efecto en la vida de la otra persona contribuye a establecer un propósito compartido.
El experto ubica el amor en tres dimensiones:
- La primera es el conocimiento de uno mismo, relacionado con las expectativas y las capacidades para asumir un vínculo.
- La segunda es el conocimiento mutuo, que permite comprender qué espera la otra persona y qué puede ofrecer.
- La tercera es el conocimiento social, vinculado con el entorno y las diversas formas de relacionarse.
Estas dimensiones ofrecen herramientas para que la pareja formule acuerdos propios, sin desconocer el contexto familiar. Definir límites no significa romper la comunicación con padres o suegros, sino ordenar los espacios de participación y proteger las decisiones que corresponden exclusivamente a quienes comparten la relación.
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El psicólogo recomienda que las parejas hagan pausas para evaluar cómo se sienten dentro del vínculo. Preguntas sobre el reconocimiento, el disfrute de los momentos compartidos y las dificultades cotidianas pueden abrir conversaciones necesarias antes de que los desacuerdos se acumulen.
La revisión periódica permite detectar si una intervención externa está generando malestar y acordar una respuesta conjunta. Conversar sobre esos límites evita que uno de los integrantes quede expuesto a presiones familiares sin el respaldo de su compañero o compañera.
“La clave está en diferenciar entre recibir una orientación y aceptar una imposición. Los padres pueden compartir sus opiniones, experiencias y recomendaciones, pero estas no deberían convertirse en mandatos ni órdenes sobre las decisiones que debe tomar una pareja”, puntualizó Miguel de Zubiría.
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