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Thursday, September 24, 2026

El corazón de la bestia: una historia emotiva, con Brad Pitt y un perro como protagonistas

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El corazón de la bestia (Heart of the Beast, EE.UU / 2026). Dirección: David Ayer. Guion: Cameron Alexander. Fotografía: Mauro Fiore. Edición: Dody Dorn. Elenco: Brad Pitt, J.K. Simmons, Anna Lambe. Calificación: SP (supervisión parental sugerida). Distribuidora: UIP. Duración: 101 minutos. Nuestra opinión: Buena.

El corazón de la bestia se plantea como una fantasía de supervivencia y amor canino, para quienes se preguntan cómo sería sobrevivir en un paisaje tan hermoso como repleto de peligros, acompañado por un perro fiel e increíblemente habilidoso.

Es útil entender el componente de fantasía que está en juego en el film. De ese entendimiento surge la capacidad de disfrutar la aventura de El corazón de la bestia, tal como se propone.

Brad Pitt, la encarnación cinematográfica perfecta de la fantasía, interpreta a James, un oficial retirado de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, que llega en un pequeño avión a una zona remota de Alaska, a pasar unos días de descanso en la naturaleza. Lo acompaña Odín, su perro ovejero alemán, también veterano de guerra.

Los compañeros parecen tener todo lo que necesitan, desde una carpa para descansar, hasta una copia de El camino, de Cormac McCarthy y una conservadora de frío llena de cervezas, entre otras cosas. Para comer se las arreglan pescando (sí, el perro también pesca) y hasta tienen un rifle. Sobre todo, sus habilidades y entrenamiento los prepararon para afrontar lo que pueda suceder en medio de la nada, donde la ayuda está muy lejos.

El film llega a los cines este jueves

Esa preparación resultará vital cuando una situación ponga la supervivencia de ambos en juego y tengan que enfrentarse a los varios peligros que acechan en Alaska.

La relación entre James y su perro es genuinamente conmovedora. La importancia que tienen el uno para el otro y la historia que los conecta se van revelando durante la película, hasta un final que no puede dejar de emocionar.

Pitt sabe cómo sacarle el jugo a un personaje que tiene que expresarse a través de la relación con su perro y la forma en la que enfrenta la adversidad. No solo funciona como símbolo del hombre que muchos quisieran ser, sino que logra una construcción de un personaje que pueda conectar con el espectador. El perro, por su parte, le pelea el protagonismo al propio Pitt.

Algunas decisiones de puesta en escena tomadas por David Ayer restan en la narración de una historia sencilla, que apela a emociones bastante básicas. Todas ellas parecen surgir de una desconfianza en la capacidad de atención y comprensión del espectador, un temor que aqueja a parte del cine actual de Hollywood.

El corazón de la bestia, de David AyerGentileza

La utilización de la música como marcador de lo que el público debería sentir en cada escena, resulta una molestia y se adivina que es innecesario, pero esto es un problema menor frente a otras decisiones narrativas.

La inclusión de una serie de flashbacks muy cortos, que muestran algunas situaciones traumáticas que James y Odín vivieron en combate, resultan reiterativos. Las pesadillas que sufre el perro y otros detalles que están bien ubicados en distintas escenas deberían ser suficientes para entender la gravedad de lo que el hombre y su perro han experimentado, y cómo eso construyó su estrecha relación.

Tomar estos pequeños desvíos hacia el pasado, como también incluir ciertos diálogos en una breve secuencia con un personaje que encarna J.K. Simmons, le quita el poder de lo contenido, del aquí y ahora que sucede en la pantalla, repleto de tensión por el destino de los protagonistas.

Como si eso no fuera suficiente, hacia el final, el pasado de James y Odín quedarán explicados en palabras. El único espacio para la sutileza se pierde completamente. Hasta se explicita el amor del hombre por su perro, algo que queda claro desde el primer plano y va creciendo durante el transcurso de la película. La emoción que persigue El corazón de la bestia no necesitaba tanto subrayado.

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