Guerra: el amor en tiempos coléricos

¿Todo vale en el amor y en la guerra? Al parecer, sí. Sobre todo porque, a veces, la línea que separa ambos territorios se vuelve casi imperceptible. Del amor al odio hay un paso, dicen. Y de vuelta, quizás también. Libros, películas y canciones llevan siglos intentando descifrar esa relación explosiva, donde la pasión puede transformarse en una batalla campal. O, derechamente, en la guerra de los mundos.
La cosa se pone más sabrosa si hay un divorcio millonario de por medio. Ese es el campo de batalla de Guerra, miniserie de ocho capítulos de HBO Max, creada por George Kay (Hijack, Killing Eve) y primera entrega de una antología sobre prestigiosas firmas de abogados rivales y casos de gran repercusión. Una guerra sin trincheras ni uniformes, pero con suficientes armas para dejar varios heridos.
La historia parte con la separación de Morgan Henderson (Dominic West) y Carla Duval (Sienna Miller). Él es un exitoso magnate de telecomunicaciones; ella, una estrella de cine con un hijo adolescente (Aran Murphy). Su ruptura se vuelve una disputa mediática y feroz por dinero, poder y reputación, que requiere armas letales y los bufetes de abogados más prestigiosos de Londres: Morgan opta por Cathcarts & Sons, un bufete de larga tradición, poderoso y temible, cuyas oficinas, dominadas por madera opaca y cuero, son tan oscuras con las tácticas que ocupan. Al frente, Taylor & Byrne, un matrimonio de abogados (James McArdle y Phoebe Fox) que apuesta por una imagen más joven, luminosa y moderna. Dos maneras de entender el poder y, sobre todo, de aparentarlo.

Más allá de la estética, y las herramientas de guerra, Guerra no es una serie sobre juicios, sino sobre la dimensión desconocida de los abogados. Esos que construyen estrategias y que convierten cada declaración, documento o secreto íntimo en una pieza de ajedrez. La verdad importa, por supuesto. Aunque bastante menos que la capacidad de acomodarla a los intereses del cliente. Y, de paso, a los propios.
Reconozcámolso. Hay algo irresistible en este desfile de millonarios que se destrozan entre sí, mientras intentan conservar las buenas maneras. Una telenovela high society y flemática, con diálogos filosos, traiciones y personajes que parecen incapaces de distinguir entre la vida privada y los negocios.
El reparto sabe muy bien moverse en estas aguas. Dominic West lleva años interpretando hombres infieles o emocionalmente desastrosos, desde The Affair hasta The Crown. Sienna Miller tampoco es nueva en asuntos de sábanas y tribunales: basta recordar Anatomía de un escándalo, donde también son las élites de la clase alta británica los que deben lidiar con las consecuencias de sus actos. En Guerra, ambos aprovechan su historial y se entregan al duelo con bastante entusiasmo.
George Kay mantiene el control de una trama que avanza rápido y que, aunque a ratos se vuelva tediosa, rara vez pierde el rumbo. Hay cinismo, humor ácido y una buena dosis de placer culpable. Porque Guerra no exige una identificación profunda con sus protagonistas que, en su forma fría y calculadora de enfrentar la guerra, producen una distancia inmediata. Se agradece, de vez en cuando, mirar el desastre desde lejos. Sin compromisos emocionales, salvo las ganas de saber quién ganará la batalla.
El amor puede terminar mal, y la guerra todavía peor. Pero cuando ambos confluyen en una buena serie, al menos hay un pequeño respiro posible: dejar de pelear con el algoritmo, soltar el control remoto y disfrutar de la tregua. Aunque solo dure ocho capítulos.
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