Un Chiringuito que no tocaba
El miércoles por la noche, la mayoría de las cadenas modificaron su programación con motivo del grave accidente de tren en Urda. ‘El Chiringuito’, en cambio, se mantuvo en emisión en Energy. Es lícito. Cada canal tiene su criterio sobre lo pertinente que es afrontar un formato de entretenimiento en este contexto. Pero no se puede estar en misa y repicando, que es lo que hizo Josep Pedrerol. Abrieron el programa con un montaje de imágenes del accidente con música triste de piano: un videoclip del horror, una estetización del sufrimiento inapropiado digno de la tele morbosa de los años noventa. Se metieron en un ámbito que ni les compete ni tienen la sensibilidad informativa. Queriendo poner lazos negros y exhibir su pena, espectacularizaron el dolor. Pedrerol, con camisa negra y expresión de gran pesar, se dirigió a la audiencia: “Un día muy complicado para todos”. Hombre, no por igual. Con música triste de fondo y solemnidad impostada, explicó que no sabía si tenía sentido hacer el programa: “Resultaría una frivolidad hablar de fútbol en un día tan importante con 68 muertos”. Expresó sus condolencias, mandó un abrazo a los afectados y tuvo el valor de soltar la frase: “Pero seguramente la vida nos obliga a continuar”. Y, con la persistente melodía lacrimógena de fondo, justificó que harían el programa, pero con otro tono: “No toca que creemos un ambiente que no sentimos”. Paula Martínez dio paso a otro vídeo con los ojos empañados. Un resumen de imágenes de la tragedia y las reacciones de entidades y gente del deporte. Pedrerol lo recogió con un sentido “Tremendo” y añadió: “Bien la Federación anulando la jornada de Copa de hoy. Creo que no tocaba”. La jornada de Copa no tocaba, pero El Chiringuito sí. Con los tertulianos llegaron los lamentos: que si yo voy a menudo en ese tren, que si le podría haber pasado a mi hija, que yo cómo viviría luego con esto… El yoísmo ante la tragedia de los demás. Después de 15 minutos de reloj, Pedrerol cumplió con lo de “la vida nos obliga a seguir” y se pasaron al fútbol. Si quieres hacer el programa, muestras tus respetos sin hacer ruido y lo haces. Pero esta apropiación emocional que hicieron de la tragedia, la manera de recrearse en el drama, el sensacionalismo en el uso de las imágenes y la música, para montarse una coartada moral y seguir hablando de fútbol, es impúdico y mezquino.
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