Charly García y la era Say No More: las fotos inéditas de Maxi Vernazza

“No quiero volver a esa etapa, pero, por otro lado, estoy orgulloso”. En las palabras que prologan Alguien en el mundo: 10 años en el planeta Say No More (1998-2008), Charly García pone un pie de página a aquellos mandamientos que escribió en aerosol. “La vanguardia es así”, “Si no te gusta te podés matar”, “La entrada es gratis, la salida vemos”: el concepto constante del García más ríspido e incómodo, el que a mediados de los 90 desmanteló su fábrica de himnos y discos perfectos para vivir en proceso de creación permanente, el que expuso su vida en un plano secuencia interminable. Ese Charly es el que se ve a través del lente de Maxi Vernazza en el libro que reúne 260 fotografías en una edición de colección.
En julio de 1998, Vernazza entró al departamento de Coronel Díaz y Santa Fe casi sin experiencia, como suplente de un semanario. Tomó algunas fotos durante una entrevista y luego esperó. “Cuando termina ve mis bolsos y me pregunta si necesitaba armar algo. Mientras lo hacía, se sentó a fumar, encendió la videocasetera y se puso a ver un VHS de Prince. Esa primera foto, que la hice probando la luz, es la que está al inicio del libro”, dice a Ñ sobre aquella primera tarde. “Nos fuimos moviendo por toda la casa; yo lo seguía y hacía un disparo en cada lugar. A los 15 minutos me dijo ‘me aburrí’, así que guardé todo y me fui”.
García adoptó la ubicuidad y rapidez de Vernazza enseguida. Al poco tiempo, pidió por él y pronto lo convirtió en un aliado. En el libro, que documenta fecha y lugar de cada sesión con detalle, está la historia de ese vínculo y del García público. Fotos en su dormitorio, en la playa, en tránsito en limusinas o aviones, en los escenarios de Obras, el Colón o el Luna Park, en La Noche del Diez con Diego Maradona o en Casa Rosada, en salas de hotel y de grabación, a la salida de la ducha o en la calle. Alguien en el mundo refleja un tiempo frenético y a un artista que había decidido convertirse en el diapasón de un cambio de milenio traumático.

–¿Por qué decís que Charly es la persona más honesta que conociste?
–Porque es un personaje, pero es lo que es. Como lo veías en el escenario o lo ves en mis fotos es como andaba en su casa, como vivía. No hay pose, todo lo que se ve es auténtico. Siempre me preguntan cómo es él y siempre respondo lo mismo: como lo ves en las fotos.
–¿Cómo fueron los primeros encuentros? Vos trabajabas para un medio de espectáculos y Charly estaba en una etapa donde vida y obra se integran, la exposición es parte de Say No More.
–Sí. A él le gustaba que se viera. Muchas veces me decía “publicalo” o “que esto salga”. Le gustaba mucho ir a la foto de los personajes del año de Gente, por ejemplo. Y se sentaba al lado de Mirtha Legrand, por más que lo mandaban a otro lado. En la primera que estuve lo habían puesto atrás de De La Rúa, que era jefe de Gobierno. Y él miraba para el costado, o le tiraba el humo y las cenizas. Él se ponía donde quería, cerca de los más famosos. Ya después de la internación, fui a hacerle la foto de los personajes a la casa de Palito Ortega en Luján para después insertarlo en la tapa. Le hice una foto parado y otra, sentado. Nico Cúneo, que estaba ahí, le dice que daba bien parado. Y Charly le dice: “Sí, pero sentado voy adelante, va la de sentado”. Siempre estaba muy atento a dónde iba a estar, para qué era la foto. Elegimos esa para cerrar el libro, como prueba de que sobrevivió al mundo Say No More.

–Al mismo tiempo, nunca te dijo “esto no”. ¿De qué manera fuiste modulando qué sacar y qué no?
–En el imaginario ese Charly es un tipo agresivo. Y obviamente lo fue en algunas situaciones, pero conmigo nunca. Siempre digo que muchas veces supe escapar a tiempo. La veía venir, agarraba mis cosas y me iba. Como también supe qué sacar y qué cosas no necesitaba sacar. Él una vez me lo marcó y nunca necesité sacar ninguna foto de más. Sin embargo, en mis fotos más o menos sabés en qué etapa está y cómo está con solo verlas.
–En esa época era común la preocupación por cómo se lo veía, como viviendo al borde. ¿Cómo era el acercamiento en esos momentos?
–Había un “hasta acá” que tenía que llegar y me iba. En algún momento no levantaba la cámara, la dejaba abajo. Pero todo el tiempo que estuve con él siempre era con la cámara. Nunca lo hablábamos, pero yo iba y le sacaba fotos todo el tiempo. No es que le pedía permiso, era un código ya establecido. Yo estaba y estaba con la cámara colgada. Si veía que la situación daba, le sacaba. Nunca me pidió ver una foto. Alguna vez que le quise mostrar, me dijo, “no, no, vos sabés”.

–¿Hubo algún quiebre o la confianza se fue creando progresivamente?
–Nunca entendí bien por qué se dio. Porque yo encima no era fan de él. No me gustaba su música, para nada. Yo escuchaba Los Violadores, Sex Pistols, The Clash, Los Ratones Paranoicos. Pero la primera vez que entré a ese departamento mi cabeza hizo un giro. Ese día salí como confundido. Y ya la segunda lo amaba, y a partir de ahí lo empecé a seguir a todos lados.
–En ese momento quizás no era difícil llegar a él pero sí quedarse. ¿Cómo era estar en su órbita?
–La aventura era estar. Para mí estar con él era hermoso. Yo le decía al subdirector de la revista “me voy a ver a Charly”, y él me decía bueno, avisame. Y al otro día salía la nota, con lo que yo le generaba. Charly me dijo alguna vez que le gustaba el resultado, y que le gustaba mi forma de trabajar. A mí me gusta estar la mayor cantidad de tiempo posible e ir registrando lo que el personaje hace, sin molestar demasiado. Y nunca hablé de más.
Las fotos, solo
–¿Qué diferencia había entre el personaje del escenario y el de abajo?
–No había. La primera vez, cuando llego, él ya estaba haciendo la nota en una habitación. Yo entro, tiro dos fotos y el periodista dice que le gustaba hacer las notas solo. Entonces salgo. Al salir para hacer las fotos, Charly le dice “las fotos me gusta hacerlas solo”. No fue la única vez que tuvo ese gesto. Cuando salió de la internación fue a ver a Peter Gabriel. Fui a hacer la foto de ese encuentro, que fue entre el escenario y el camarín, en un pasillo. Gabriel le preguntaba si era verdad que se había tirado del noveno piso. Y Charly le decía que sí, que estaba en YouTube. Ese día el productor del show se pone con ellos y me dice: “¿Querés probar la luz?” En realidad quería la foto, pero sin pedirla. Entonces Charly le dice “él no necesita probar nada”.

–¿Qué te iba diciendo la transformación del departamento sobre Charly?
–El departamento fue cambiando de caos, pero siempre era un caos total. Pero siempre estaba limpio. Hay una foto del baño, que se ve el inodoro, y vos decís “esto es terrible”, pero si mirás bien está el rollito de papel higiénico, la bolsita en el tacho de basura. Y siempre me llamó la atención que cuando te quería mostrar algo que había grabado, algún demo, metía la mano en un montón de cables y cosas y sacaba el CD que te quería mostrar. Había orden en el caos.
–Había gente que lo creía perdido; sin embargo, Say No More es una etapa muy productiva para él.
–Sí. Yo estuve en la grabación de Kill Gil en Nueva York, y hay una foto de él recostado sobre la consola, que era gigante. Era llamativo porque él no tenía celular, computadora ni internet. Tenía el teléfono fijo y escritos en la pared los números necesitaba. Pero en la grabación de Kill Gil manejaba todo. No solo la consola: estaba solo grabando todos los instrumentos. Había un ingeniero de sonido yankee que no hablaba y nadie más. Así hizo todo el disco.

–¿Viajaste especialmente?
–No, viajé a cubrir la última participación de Kirchner como presidente en la ONU. Yo no tenía ni idea que estaba Charly en Nueva York. Lo encontré a su manager en el hotel y le pregunté si podía ir a verlo. Charly dijo sí, entonces cambié el pasaje y me quedé como tres días más. Pero él estaba todo el día en el estudio. Las fotos que tengo son del primer día, que salimos en una limo al hotel Pensilvania, donde paraba él. Después era todo el día en el estudio. Yo entraba y Santiago Zambonini, su manager, aprovechaba para salir un poco. Yo me quedaba horas ahí: asistiendo y haciendo las fotos. Me daba una cámara de video para que lo filme.
–En muchas fotos se lo ve en soledad. ¿Dirías que era una condición de su vida en ese momento?
–Hay gente que estuvo cerca en esa época y me dice “yo nunca te vi”. Bueno, qué sé yo, las fotos están. Yo no salía con él, yo lo fotografiaba. Creo que hay mucho de la soledad del ídolo, sí. Hay una, de su cumpleaños 56 creo, que le hice a la salida. En el escenario y el camarín estuvieron todos brindando. Y de repente lo veo irse, lo seguí y le hice una foto por un pasillo verde, saliendo solo. Me escuchó, se detuvo, posó y después me dijo “al final siempre me voy solo”. Y se fue. Lo que decís, me lo dijo.

–La foto de cierre también es en soledad, pero con otro semblante, ya después de la internación. ¿Cómo fue esa última sesión con él?
–Emocionante. Me acuerdo de ir a Luján y ver cómo lo cuidaban Palito y Angelina, los hijos. Charly dormía en la habitación de al lado de ellos, lo adoptaron con mucho amor. Esa vez entré al living y él estaba sentado con ellos. Armé el fondo con las luces, nos dimos un abrazo. Y le hice las fotos. Estaba bien, contento.
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