Viggo Mortensen, sobre su encuentro con Woody Allen: "Entré a una habitación y, efectivamente, allí estaba él, sentado detrás de un escritorio, sin decirme una palabra"

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A mediados de los años 80, Woody Allen estrenó una de sus comedias románticas más recordadas, ‘La rosa púrpura de El Cairo’ (Woody Allen, 1985), cuya trama, ambientada durante la Gran Depresión, sigue a Cecilia, una camarera de Nueva Jersey atrapada en un matrimonio vacío que acude con frecuencia al cine para escapar a través de la ficción cinematográfica de la opresión de la rutina diaria. Sin embargo, su vida dará un vuelco cuando el protagonista de su película favorita, el arqueólogo y aventurero Tom Baxter, rompa la cuarta pared y abandone mágicamente la pantalla del cine para conocer a Cecilia personalmente.

La película, que estuvo nominada al Oscar en la categoría de Mejor guion original, está protagonizada por un elenco liderado por la expareja del propio Allen, Mia Farrow, Jeff Daniels, Danny Aiello y Dianne Wiest. No obstante, este elenco estuvo a punto de ser completado con la presencia de Viggo Mortensen, el aclamado intérprete que dio vida a Aragorn en la trilogía de ‘El señor de los anillos’ dirigida por Peter Jackson, quien por aquel entonces comenzaba a dar sus primeros pasos en la industria cinematográfica de Hollywood.

Así lo explicó el propio Mortensen durante una intervención pública: “Me dijeron: ‘Woody Allen quiere verte’. A mí y a otros cien actores para el mismo papel, claro. Así que voy y entro en la oficina, y la directora de casting me dice: ‘No te preocupes, el encuentro va a durar muy poco. Vas a entrar, es posible que no te diga nada y, después, te darás cuenta de que tienes que irte, que se ha acabado’. Yo le dije: ‘Pero, ¿no tengo que leer una escena?’ Y ella me contestó: ‘No, no hay escena. Solo quiere verte’. Entré a una habitación y, efectivamente, allí estaba él, sentado detrás de un escritorio, sin decirme una palabra. Yo entro, y me quedo de pie. Había una silla ahí, miro la silla, lo miro a él, él me mira, mira la silla, y al final me arriesgo y me siento. Me sigue mirando y sonríe, porque yo estoy ahí, obviamente, sin saber muy bien qué hacer. No sé, pasarón treinta segundos o quizá un minuto, que me pareció una eternidad, y entonces dice: ‘Gracias’. Algo que según parece ya era mucho. Entonces ahí me doy cuenta: ‘Ah vale, ahora se ha acabado’. Me voy y, al salir, está Juliet Taylor, una mujer muy importante dentro del mundo del casting, y me pregunta: ‘¿Qué tal ha ido? Has estado mucho tiempo, ¿eh? ¡Mucho más que los otros!’ Y yo digo: ‘Genial’. Me pregunta: ‘¿Ha hablado?’, y le digo: ‘Sí, sí, me ha dado las gracias’, y ella me dice: ‘¡Mira qué bien!’”
El intérprete continuó explicando cómo se resolvió aquel extraño proceso de casting: “Después llamé a mi agente, o me pasé por su oficina, ya no recuerdo. El caso es que me preguntaron qué tal había ido, y le digo: ‘Un desastre, terrible’. Bueno, pues ya habían llamado para decirme que tenía el papel. Pensé: ‘¿Ah, sí?’ Pero entonces todo se volvió todavía más raro. Voy al set de rodaje y me encuentro con una sala enorme, llena de actores y actrices jóvenes. Pregunto: ‘¿Qué está pasando? ¿Dónde está el guion?’, y me dicen: ‘No, no, no. No hay guion. Estamos en los años 20, es una fiesta en Hollywood y tú estás en la fiesta. Bueno, vamos a rodar’. Entonces antes de empezar la escena yo le pregunté al director: ‘Espere, señor Allen, ¿qué tengo que hacer exactamente?’ Él me dijo: ‘Tú síguele a él. Él dirá algo y tú reaccionas’. Bueno, pues yo no tenía ni idea de qué hacer. Solo sabía que estábamos en los años 20 en Hollywood. De repente le escucho gritar: ‘¡Acción!’. Fue un desastre. Bueno, rodé esa escena, pero al final no la incluyeron en el montaje de la película”.
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