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Monday, October 12, 2026

España, Argentina y su legado histórico y cultural: una relación con un profundo pasado, un sólido presente y un gran porvenir

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Hoy, los españoles en todo el mundo, y los incontables amigos de España en Argentina, celebramos la Fiesta Nacional de mi país. Es la jornada en la que nos reunimos, procuramos dejar de lado las diferencias, y recordamos juntos: lo que fuimos, lo que hemos logrado ser hoy, y lo que queremos seguir ofreciendo al mundo. Con serenidad, con sentido de la responsabilidad, y también con legítimo orgullo.

Por eso quiero aprovechar esta tribuna para compartir unas breves reflexiones sobre la dimensión histórica y cultural de las relaciones entre Argentina y España, dos países que son, y siempre serán, en el mejor y más sincero sentido de la expresión, hermanos.

Esa dimensión fraternal cobra un especial significado este año en el que conmemoramos el CCL aniversario de la fundación del Virreinato del Río de La Plata, una fecha que no pretende mirar sólo al pasado, sino que nos invita a reflexionar para comprender mejor quiénes somos y qué vínculos queremos seguir fortaleciendo de cara al futuro. Dos siglos y medio después, no cabe duda de que la historia entretejida de manera conjunta por tantas generaciones permanece viva como parte de nuestra memoria compartida y, por tanto, de nuestra identidad. A través de nuestra lengua, de nuestras familias, de nuestras ciudades, de nuestros autores, de nuestras expresiones artísticas y de nuestros valores compartidos nos reconocemos mutuamente como fruto de ese legado común. Esa herencia nos permite ahora ser socios estratégicos, no sólo por la densidad y la intensidad de nuestros reconocidos vínculos, sino también por nuestra pertenencia a espacios regionales, iberoamericanos, euroatlánticos y globales en los que estamos llamados a entendernos, cooperar y construir juntos.

España y Argentina nos hemos acompañado siempre en los mejores y en los más complicados momentos de nuestra historia, con solidaridad y afecto, sabedores de nuestra herencia y de la responsabilidad que tenemos de transformarla en un futuro de prosperidad compartida, más si cabe, en el contexto de nuestras democracias consolidadas. En este recorrido, hemos sabido trabajar juntos en lo bilateral y en lo multilateral, en lo regional y en lo global, con el compromiso de seguir profundizando esos vínculos, que, como socios inevitables, reconocemos como una de nuestras principales fortalezas, la cual, debemos seguir cuidando, siempre desde el respeto y profunda amistad.

Pocas sociedades mantienen un grado de conocimiento cultural mutuo comparable al de España y Argentina. La cultura argentina forma parte desde hace décadas de la vida cotidiana española, y, a su vez, la cultura española encuentra en Argentina uno de sus públicos más atentos y a la vez exigentes. Y no me refiero únicamente a nuestra lengua común, ni a una relación construida sobre la siempre respetable nostalgia. Hablo, sobre todo, de un intercambio continuo, popular y siempre contemporáneo. Una circulación, en doble sentido, de creadores, obras, ideas y sentimientos, la cual se produce con una naturalidad difícilmente igualable.

Esta suerte de cercanía cultural se manifiesta hoy en día en múltiples variedades y prácticamente en todos los ámbitos y disciplinas de la creación y la producción culturales.

La música ofrece, quizás, uno de los ejemplos más visibles. En España, muchas generaciones han crecido escuchando a Gustavo Cerati, Alejo Stivel, Ariel Roth, Charly García, Fito Páez, o Andrés Calamaro, mientras que artistas más recientes como Nathy Peluso, Trueno, Bizarrap o Lali Espósito, ya forman parte del paisaje musical español, sin necesidad de ser presentados como representantes de una cultura extranjera. Algo semejante pasa en sentido inverso: el público argentino conoce, sigue y escucha a los músicos españoles y los incorpora con naturalidad a su propio universo cultural. Rosalía, hace tan sólo unos meses, Aitana estos días, o La Oreja de Van Gogh el próximo año, son solo algunos ejemplos. Se podrían añadir muchos más, como Vetusta Morla o Arde Bogotá. La lista es extensa.

Lo mismo ocurre en el ámbito de la música clásica. Recientemente se ha celebrado el LXXX aniversario de la muerte de Manuel de Falla, con intenso reflejo en numerosas actividades, particularmente en el Festival España Sonora, organizado este año con la Fundación Kónex. También cabe recordar la conmemoración de los ciento cincuenta años del nacimiento de Pau Casals. Ambos compositores conocieron, quisieron y respetaron mucho a la Argentina.

Todo ello, lo moderno y lo clásico, muestra hasta qué punto conviven los distintos lenguajes y las distintas generaciones musicales de nuestros países.

El sector audiovisual, y más concretamente el cine, constituye otro territorio compartido: Ricardo Darín, Leonardo Sbaraglia, Cecilia Roth, Soledad Villamil, Joaquín Furriel, Guillermo Francella o Darío Grandinetti son rostros tan reconocibles para el público español como pueden serlo en Argentina intérpretes como Penélope Cruz, José Sacristán o Javier Bardem, directores como Pedro Almodóvar o Rodrigo Sorogoyen. Y, en sentido contrario, Juan José Campanella, Marcelo Piñeyro o Adolfo Aristarain. Las numerosas coproducciones, la presencia habitual de cineastas en festivales y carteleras, y el trabajo conjunto de productores españoles y argentinos, han terminado por configurar algo que se parece más a un ecosistema común que a una simple suma de intercambios.

Otro ejemplo extraordinario de esta proximidad son las artes escénicas. Buenos Aires, con sus centenares de salas y una vida escénica difícil de encontrar en otras ciudades, continúa fascinando a nuestros actores y directores, y también a nuestros visitantes. La reciente edición del Festival Internacional de Teatro de Buenos Aires volvió a dar muestra de este diálogo, a través de la presencia de creadores y compañías teatrales de España.

Por lo que se refiere a las bellas artes, también se constituyen en un territorio privilegiado. Además de la presencia de artistas españoles en museos argentinos de distinta naturaleza, destacaría la reciente exposición del gran artista conceptual española Isidoro Valcárcel en el Centro Cultural Recoleta (actualmente en Parque España de Rosario), o la exposición que acoge actualmente el Museo Nacional de Bellas Artes de tapices de Francisco de Goya en Buenos Aires llegados de la Galería de las Colecciones Reales de Madrid (Patrimonio Nacional). Antes, la extraordinaria muestra “Itinerarios artísticos entre la Argentina y España:1880-1930”, también en el Bellas Artes de Buenos Aires, puso de manifiesto, hasta principios de agosto pasado, los fecundos viajes de ida y vuelta, entre nuestros países, en el ámbito de las artes plásticas. Una prueba más de que el patrimonio no pierde su identidad cuando viaja, sino que adquiere nuevas lecturas de España.

Pero para comprender verdaderamente nuestra relación cultural, hay que mirar también hacia atrás y recordar que millones de españoles encontraron en Argentina una nueva vida. Con ellos llegaron a este país costumbres, periódicos, compañías teatrales, asociaciones y maneras muy diversas de entender el mundo. Posteriormente, cuando España atravesó unos de los momentos más dolorosos de su historia, Argentina volvió (como siempre) a ser generosa, acogiendo a sus exiliados: se convirtió en uno de los lugares donde pudo sobrevivir una parte fundamental de nuestra cultura y de nuestro pensamiento, que la dictadura y su incultura habían expulsado. Además de un refugio, Argentina se convirtió en un lugar de creación. Aquí continuaron escribiendo, editando, enseñando y pensando numerosos españoles: Rafael Alberti, Mara Teresa León, la Editorial Losada, Alfonso Rodríguez Castelao y tantos otros, de sobra conocidos.

Recordar todo esto resulta especialmente pertinente cuando nos aproximamos a 2027. Porque entonces se cumplirá un siglo de aquel año que dio nombre a una de las constelaciones de intelectuales más extraordinarias de la cultura española contemporánea, la Generación del 27. Una generación cuya historia tampoco puede entenderse completamente sin Iberoamérica y, especialmente, sin Argentina, país estrechamente vinculado a muchos de sus protagonistas, desde Federico García Lorca (de cuyo asesinato se cumplen en 2026 90 años) hasta la artista Maruja Mayo, pasando por Luis Cernuda, Rosa Chacel, Francisco Ayala y otra larga relación de nombres ilustres para la cultura en español. Y esa conmemoración coincidirá con otro acontecimiento de especial relevancia: la participación de España, por primera vez como País Invitado de Honor, en la LI Feria Internacional del Libro de Buenos Aires (abril/mayo de 2027). Esta elección tiene una dimensión que excede ampliamente la editorial. La Feria será una ocasión de mirar hacia atrás, pero sobre todo de mirar hacia adelante. El lema del pabellón español deja claro el compromiso del Gobierno de mi país con ese fecundo legado compartido, y también con un futuro convergente: “El poder de las letras. Memoria, exilio y democracia”. Con tal motivo habrá ocasión de conocer nuevos escritores, nuevos creadores, bajo un principio plural y diverso, en el que tengan espacio todas las variedades de la edición bibliográfica.

En definitiva, nuestra relación no debe limitarse a administrar una herencia, por más que esta sea extraordinaria, en lo histórico y en lo humano, y explique por qué Argentina y España son dos pilares de la gran comunidad panhispánica e iberoamericana. El desafío consiste en conseguir que esa proximidad histórica siga siendo productiva para las nuevas generaciones. Precisamente, esa cercanía será uno de los ejes centrales de la XXX Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, los próximos 4 y 5 de noviembre en Madrid, en lo que volverá a ser un espacio de diálogo y colaboración entre todos los que componemos esa imprescindible comunidad política, social, cultural y bilingüistica.

Por eso, cuando contemplamos hoy en Buenos Aires los tapices de Goya; cuando un músico argentino llena un recinto en Madrid; cuando una actriz española llena una sala en Rosario; cuando recuperamos la memoria de los exiliados; o cuando nos preparamos para proyectar tantas cosas importantes en una de las grandes ferias editoriales del mundo, estamos construyendo una misma historia. Seguimos fortaleciendo todo aquello que nos acerca y une, frente a lo que, mucho menos relevante, se pretende divisivo o controvertido.

Tal vez esa sea una de las mejores maneras de celebrar este 12 de octubre: comprendiendo que aquello que hoy nos reúne no es solamente lo que fuimos, sino lo que somos y, sobre todo, lo que todavía podemos hacer juntos. Siempre, y por encima de cualquier avatar pasajero, juntos.

El autor de esta columna es embajador de España en Argentina.

Embajador de España en la Argentina

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