Cuidar a nuestros padres

Entre los muchos desafíos que el mundo actual nos presenta respecto de la creciente longevidad, ahondar en el rol de las familias es uno de los más destacados. Prolongar la vida no siempre supone hacerlo en condiciones de autonomía en los planos físico, mental o económico. El progresivo deterioro es un ingrediente tan inevitable como demandante para los cercanos.
El Código Civil y Comercial habla del “deber de asistencia”, una obligación de doble sentido a ejercer por los padres respecto de sus hijos y por los hijos en favor de sus padres, en una inversión de roles para cubrir sus necesidades.
Este deber no se limita únicamente al aporte dinerario. Abarca todo lo que se vuelva necesario para garantizar una vida digna. Ante una pérdida de autonomía, la ley no obliga a la convivencia con padres mayores, pero sí impone sanciones penales por abandono de persona.
Asistir a los padres de manera prolongada demanda una logística para la cual no todos se encuentran preparados. Cuando llega el momento, habiendo más de un hijo, la obligación corre para todos en la forma y proporción que mejor se acuerde según las posibilidades de cada uno. Si no hubiera arreglo, será el juez quien fije la contribución estipendaria que a cada uno corresponda. Al hacerlo, contemplará la capacidad económica de los involucrados y podrá incluso optar por no exigir aporte alguno.
La pregunta es qué ocurre con todo aquello que no se resuelve exclusivamente en el terreno económico, sea porque los padres disponen de recursos o porque ya se resolvió la cuestión monetaria entre los hermanos. Cuando la carga es mayor para uno de los hijos, tanto económicamente como en términos de cuidados, este podrá solicitar una compensación diferencial durante el proceso sucesorio para equilibrar el mayor compromiso.
Los conflictos en las familias se reducen si se adoptan mecanismos preventivos que incluyan dejar directivas médicas sobre qué tratamientos se aceptan o rechazan, la designación anticipada de una persona que actúe como apoyo en el futuro y la constitución de instrumentos patrimoniales para su oportuna administración.
Ninguna de estas cuestiones resulta sencilla, pero sin duda se facilitan las cosas cuando se parte de decisiones expresadas anticipadamente, tanto habladas como fehacientemente documentadas.
En tiempo de redes, existen también comunidades en las que se comparten experiencias y pautas operativas y emocionales, así como datos y recomendaciones de confianza. Una de ellas (www.cuidaranuestrospadres.com), nació de la necesidad de pedir ayuda que tuvo la licenciada en recursos humanos Clara Dumas, quien creó un grupo de Whatsapp que ya cuenta con más de 1000 participantes, organizado en subgrupos temáticos para apuntar a cuestiones puntuales de interés como “cuidadores” u “obras sociales”, entre otros.
Nunca es sencillo tomar las mejores decisiones en un plano tan delicado en el que ni el amor ni el dinero solos parecen alcanzar al momento de construir bienestar para nuestros adultos mayores. El desgaste familiar es inevitable, construir redes de sostén y aprender a cuidar a los que cuidan se vuelve imprescindible.
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