Jorge Ugalde, imputado por el triple homicidio en La Reina: “Sé que la Fiscalía quiere un culpable, pero no soy yo”

Jorge Iván Ugalde Parraguez (60) ingresa a la sala de clasificación de Gendarmería de la Cárcel Santiago Uno portando un cuaderno. Visiblemente más delgado y de expresión facial rígida, se detiene un instante en la puerta esperando las instrucciones del gendarme que lo acompaña.
Vistiendo una chaqueta café claro y un reloj antiguo en su muñeca izquierda, se sienta en una silla y se toma unos segundos antes de empezar a hablar.
Abre su cuaderno casi justo a la mitad, donde hay varios párrafos ordenados por grupos con pequeños títulos, donde se lee “Amor, Violencia, PDI”. Son puntos que, dice, son importantes recordar en los casi 12 meses que lleva en prisión preventiva en esa cárcel. Antes de iniciar su relato echa una mirada a esos apuntes, como si fuera a rendir un examen donde no quiere dejar pasar alguna parte de su historia.
Ugalde es el principal imputado del crimen del fotógrafo Eduardo Cruz-Coke y sus dos hijos menores de edad, ocurrido el 18 de octubre de 2025 al interior de una casa ubicada en La Reina.
Para el Ministerio Público se trataría de un crimen familiar que tuvo un móvil económico, en atención a una supuesta herencia que dejaría a Cruz-Coke en una sociedad formada entre su hermana y de la que también tenía una parte Ugalde. Una hipótesis que el imputado y su abogado, Marcelo Castillo, rechazan y que dicen que ya fue descartada.
Pero el psicólogo, casado con la hermana de la víctima, Trinidad Cruz-Coke, afirma que es inocente y que no le cabe en la cabeza cómo puede estar imputado en un hecho “tan horroroso”. Es crítico del trabajo de la Fiscalía y, especialmente, del trato que le dio la PDI.
Acepta dar esta entrevista con La Tercera porque, dice, quiere contar su historia y describir el vínculo familiar que lo unió con Eduardo Cruz-Coke por más de 40 años. Es justamente ese su argumento con el que pone en duda la imputación de la Fiscalía: “Yo tenía una vida increíble, ¿para qué la iba a destruir así?”.
Ugalde dice que al interior de la cárcel no lo ha pasado bien. Que los demás imputados cuando lo ven gritan “ahí viene el asesino” y que incluso lo han golpeado. Revela que constantemente tiene una pesadilla que no lo deja tranquilo: sueña que lo tiran a un foso lleno de perros salvajes. Todos los días, incluso cuando encuentra actividades de esparcimiento, como jugar pimpón o leer, una pregunta se clava directo en su cabeza: “¿Qué hago acá?”.
¿Qué recuerda del 18 de octubre de 2025?
Cuando ocurrieron los hechos, yo me encontré a Eduardo en un charco de sangre, no tuve ni siquiera la posibilidad de cerrar sus ojos, fue tan horroroso. Fui a ver a los niños y fue una situación de terror. Yo tenía que avisarles a mi señora y a mis hijos. Mi hija estaba embarazada de siete meses. Mi reacción fue ¿cómo les aviso de esto? ¿Cómo le digo a mi señora ‘tu hermano está muerto en un charco de sangre y tus sobrinos igual? ¿Cómo doy esta noticia? Recuerdo una sensación de shock horrenda. Y luego, después se desencadenaron estos hechos y empezó esta situación bien enloquecida.
¿Cómo fue el momento de su detención?
Me tuvieron desde las tres de la tarde hasta las cinco de la mañana, me trataron de... Mira, mi sensación de terror apareció de pronto. Me estaban interrogando, yo le dije a la persona que me interrogaba: “Oiga, ¿por qué me está tratando así? De pronto llegó un tipo que era como de películas gringas, con suspensores, la corbata desarmada, medio sudado. Y me gritaba: “¡Confiesa!“.
¿Quién era él?
Un funcionario de la PDI.
¿Cómo era su relación con Eduardo?
Conocí a Eduardo a mis 22 años, él tenía 25. Tengo toda una vida con él. Nosotros somos de una familia muy chica, tanto la mía de origen como la nuestra. Y nos veíamos todos los días. Fui de camping con Eduardo, fuimos a viajes. Todas las navidades las teníamos juntos, cuidé a sus papás, bañaba a mi suegro, mi suegra se sentía segura conmigo cuando yo la llevaba al hospital. Eduardo era buen padre y yo también. Éramos muy parecidos. Cuando estaba en su casa, estaba prácticamente todo el tiempo solo. Era muy introvertido, al igual que yo.
¿Y cómo se llevaba con sus sobrinos, los hijos de Eduardo?
Con E.C.C. la relación era muy buena. Cuando llegaba a la casa, pasaba a la mía. Llegaba a mi pieza, comíamos juntos. Salíamos a pasear en bicicleta. Era un niño muy apegado a mí. Y F.C.C. era un chico que tenía cosas más intelectuales, con la política, por ejemplo. Yo le contaba historias, historias antiguas, mitología griega. Él era feliz con eso.
Volviendo al día de los hechos, usted realizó una serie de actos que para la Fiscalía son indicios del crimen. Por ejemplo, que compró una máscara de gorila. ¿Por qué hizo eso?
Mi nieto tenía un disfraz de gorila, pero sin máscara, y yo la compré. Nadie sabía eso. No tiene ningún sentido lo de la máscara. Si Eduardo me hubiese visto con una máscara, habría dicho este es Jorge con una máscara. Tampoco tiene rastros genéticos míos.
¿Nunca se la puso?
No, pues, no me la puse.
Otro punto es la bolsa con la que salió a pasear a su perra. Para los investigadores ahí llevaba, presuntamente, el arma homicida. ¿Por qué botó la bolsa al río?
Te explico lo de la bolsa. Había limpiado mi casa y mi auto. El auto estaba lleno de cáscaras de mandarinas que comían mi señora y mi nieto y las puse en esa bolsa. Sabía que había un basurero en la ciclovía de Tobalaba. Y cuando iba caminando por la ciclovía, venía un ciclista. Empecé a tirar la cuerda de la Rama (su perra) y ella no se me acercaba. Entonces yo me vi con la sensación de que se viene este ciclista y estaba con la Rama. Tiré la bolsa al río y agarré a la Rama. La bolsa era reciclable, tenía caca de perro y cáscaras de mandarinas. Yo trabajé en una empresa de retail y sabía que eso no era un desastre ecológico.
¿O sea la bolsa tenía solo caca de perro y cáscaras?
Sí, no tenía ni siquiera papeles.
Respecto de las pruebas en su contra están las lesiones que usted presentó. De acuerdo a los investigadores, esto daría cuenta de un supuesto enfrentamiento físico con Eduardo. ¿Cómo se explican esas lesiones?
Yo mido 1,64... La cámara de los carabineros que ingresaron el 18 de octubre a la casa muestra que yo no tengo lesiones en el tabique. Yo me lo debo haber hecho el día siguiente. Pasó un tiempo en que a mí me han interrogado. Y lo demás que tomó la PDI... Por eso digo que tengo un sueño que me tiran a un foso donde hay perros. No entiendo por qué la PDI copió y pegó estas heridas que me tomaron.
¿Como así?
Copió una de las heridas y la pegó en otro lado para que hubiese dos.
¿Dice que hicieron un montaje?
Sí. Hicieron un montaje. Y además confundieron centímetros con milímetros. Por eso digo que ellos quieren un culpable.
¿Por qué dice que mide 1,64? ¿Qué tiene que ver eso?
Él tenía tres años más que yo, pero era un hombre ágil y mucho más grande. ¿Cómo iba yo a agarrarlo? Yo hago yoga, ni un brillo, ese es mi ejercicio, nunca he aprendido artes marciales, no sé pelear.
¿Qué piensa de la hipótesis de la Fiscalía sobre que lo que hay detrás del crimen es una motivación económica?
Ya lo tienen claro, se demostró que no hay un fin económico. Tampoco me volví loco, yo no estoy loco. El peritaje del Instituto Médico Legal dice que yo soy imputable. Nunca he tenido una reacción violenta, tengo un carácter, digo las cosas como son, pero nunca ha sido distinto de las palabras.
Encargado de la biblioteca
Ugalde dice que bastaron pocas horas desde su ingreso a Santiago Uno para que se diera cuenta de lo difícil que sería su paso por la prisión.
Usted es una persona que no tenía roce con el mundo delictual, nunca antes estuvo en la cárcel. ¿Cómo ha sido estar aquí?
Gendarmería se ha portado increíble, cumplen con los procedimientos. El trato es horrendo, porque tú escuchas a la población penal (justo se escuchan gritos de internos en módulos afuera de la sala). Sin embargo, yo de Gendarmería recibí básicamente un trato de protección. Pero he estado en calabozos donde me quieren linchar.
¿Le pasó?
Sí, me pasó eso. Cuando llegué aquí, en el primer minuto en lo que se llama calabozos rojos, me pegaron, me rompieron la cabeza. En el primer minuto ya estaba golpeado. Tuve que decirle al funcionario de Gendarmería que me sacara, porque venían ocho o 10 personas y decían ‘ese es el asesino’.
¿Qué actividades hace para pasar el tiempo?
Leo. Gendarmería tiene ciertas restricciones para entrar libros. Pero logré quedar a cargo de la biblioteca de mi módulo. Entonces, yo voy, me consigo libros, he leído todo lo que hay. He leído El Evangelio según Jesucristo, de José Saramago; El hombre que amaba a los perros, de Leonardo Padura. Algunos de la Isabel Allende que han andado por ahí. He leído el Romancero gitano, de Federico García Lorca. Estoy leyendo uno muy bonito de Ciro Alegría que se llama La Serpiente de Oro. Y otro que es un libro que tiene, no sé, 1.100 páginas, que se llama Shantaram, que es un libro de un tipo que llega a la India. Y me tranquiliza, porque la cárcel de la India es tanto peor que esta.
“La Fiscalía quiere un culpable”
Una semana después de que ocurriera el crimen, la esposa y la hija de Ugalde (60) se reunieron con él para sostener una conversación franca. Trinidad Cruz-Coke, hermana de Eduardo, le preguntó directo: “¿Fuiste tú?”. Ugalde dice que no tardó en responder que no.
¿Su familia le preguntó alguna vez si usted mató a Eduardo Cruz-Coke?
Sí.
¿Y qué respondió?
Que no. Mi esposa me dijo: “Más allá de cualquier cosa, mi amor nunca estará en juego. Si tú lo hiciste, dime”. Mi hija también me preguntó: “¿Papá, fuiste tú?“. Mi familia es directa.
¿Qué les dijo?
Que no. Las miré a los ojos y dije que no. Y agradezco que me lo hayan preguntado. Yo soy inocente. Yo no lo he hecho, no tengo por dónde haber cometido este crimen tan horroroso. Sé que la Fiscalía quiere un culpable, pero no soy yo. Es como en las películas, quieren un culpable. Y yo no soy ese culpable. La ley dice que el fiscal tiene que tener un principio de objetividad. Han mentido en muchas cosas, han ocultado peritajes.
Si hubiese cometido un crimen como este, ¿sería capaz de reconocerlo?
No tengo cómo pensar en que hubiese cometido un hecho así, pero mi familia tiene la verdad en la mesa.
Si usted no fue, ¿entonces quién fue?
(Se toma unos segundos) No sé, Eduardo era un tipo muy chistoso. Sus amigos eran pocos. La única persona que conozco que ha tenido muchos problemas con él, que ha sido violenta con él, es su exmujer. Porque ella es la única persona que ha llegado a golpearlo. Él puso orden de alejamiento de ella. Ella lo trataba muy mal. La gente que la conoce a ella dice que era muy violenta con él. Pero yo no conozco a nadie más que haya tenido un problema. Eduardo era una muy buena persona.
¿Y su relación con Carolina Grellet, esposa de Eduardo, cómo era?
Yo la conocí a ella antes de que se involucrara con Eduardo, porque ella era psicóloga y trabajamos juntos en una consultora. Mis recuerdos de ella son pequeños, porque trabajábamos en áreas un poco distintas. Yo trabajaba en selección de personal y ella trabajaba en desarrollo organizacional. Estábamos juntos, digamos, pero no revueltos. No tuve mucha convivencia.
Después, cuando fue pareja de Eduardo, ¿tenían un buen vínculo entre los cuatro o cómo era esa relación?
Al inicio había una relación como de almuerzos. Como esta familia era chica, pasábamos de vez en cuando algunas navidades. Me acuerdo una Navidad en que ella hizo unas lasañas. Todo se transformó cuando nacieron los niños.
¿Por qué se transformó?
Ella es como si hubiese entrado en una necesidad de dinero permanente. Y entonces se rompieron las relaciones.
Ugalde interrumpe súbitamente la entrevista y se dirige al gendarme que acompaña en la sala: “¿Jefe, no me va a dejar el avión?”. Con el avión se refiere al traslado que hacen los gendarmes para que los internos de su módulo vayan a almorzar. Dice que en la tarde tiene visitas y que tiene que comer y tomar sus remedios.
“Ya perdí la esperanza en el Ministerio Público, ellos no quieren encontrar la verdad. Nosotros como familia vamos a buscar la verdad y la vamos a encontrar”, cierra al despedirse.
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