Trump y MAGA en su peor momento: El desafío del Partido Republicano tras la derrota en las legislativas

“Imaginen, por favor, que estoy en la boleta electoral”, suplicaba el presidente Donald Trump a los republicanos en sus actos de campaña de cara a las elecciones de mitad de mandato. Pero los electores frustrados por sus políticas, que han encarecido el costo de la vida, votaron en su contra el martes pasado y le propiciaron al Partido Republicano una histórica derrota.
Así, los votantes estadounidenses otorgaron una victoria contundente a los demócratas en las elecciones de mitad de mandato, superando con creces todas las expectativas. Con el control de ambas cámaras del Congreso -la Cámara de Representantes y el Senado-, el partido tendrá ahora a su disposición poderosos instrumentos de investigación y supervisión, restricciones al gasto federal y la capacidad de bloquear a los nominados de Trump, incluso para las vacantes en la Corte Suprema.
“Fue un repudio al nivel del Watergate”, dijo Ted Cruz, quien pronto será el único senador republicano de Texas, en un pódcast. El personero culpó a los políticos republicanos por ignorar las señales de advertencia.

“Muchos políticos republicanos parecen no entenderlo, y simplemente no les importa”, dijo. “La comida es carísima. La gasolina es carísima. El diésel es carísimo. Los seguros son carísimos. La vida es carísima”.
En este contexto, los expertos han señalado que el poder de Trump no hará más que menguar a partir de ahora. La derrota del martes deja a una administración en declive terminal.
Ronna McDaniel, presidenta del Comité Nacional Republicano durante el primer mandato de Trump, declaró el miércoles a Fox News que las elecciones no fueron solo una ola demócrata, sino “una rebelión republicana”.
Los expertos han señalado que no se trató solo del número de victorias demócratas, sino que también de su magnitud. Fue una noche de triunfos aplastantes. Por ejemplo, James Talarico, de Texas, derrotó a su rival republicano por 12 puntos; Jon Ossoff, de Georgia, por 18, y Roy Cooper, de Carolina del Norte, por 20.

Trump demostró en la semana que él y su agenda para un segundo mandato representan ahora un poderoso lastre electoral, lo que provocó que su partido perdiera cargos estatales que antes se consideraban inexpugnables en bastiones republicanos como Texas, Iowa, Kansas e incluso potencialmente Mississippi, donde un candidato demócrata al Senado lideraba por un estrecho margen el jueves por la noche, con el recuento de votos aún en marcha.
Y el mandatario no perdió tiempo en distanciarse de los resultados: “¡No estaba en la boleta, y si lo hubiera estado, habríamos ganado por goleada!”, escribió en Truth Social, su plataforma de redes sociales, culpando a la cadena Fox News por dar voz a los demócratas.
“Los republicanos se enfrentan a la enorme tarea de revitalizar un partido definido por Trump durante la última década, al tiempo que deben gestionar sus probables maniobras para imponer lealtad y consolidar un plan de sucesión MAGA”, escribió en un artículo Laurel Rapp, directora del programa de Estados Unidos de Chatham House. “Los resultados de las elecciones de mitad de mandato ofrecen la evidencia más clara hasta el momento de que la cercanía a Trump será cada vez más insostenible. Esto podría abrir la puerta a una mayor independencia y cierta resistencia dentro del Congreso republicano, particularmente en lo referente a la guerra con Irán y las súplicas de Trump a Vladimir Putin”, añadió.
La experta señaló que mientras el Partido Republicano mira hacia 2028, el propio Trump puede ser uno de sus mayores obstáculos para forjar una nueva plataforma que elimine algunos de los elementos más impopulares de su legado, como son las guerras costosas, trastornos económicos relacionados con los aranceles y acusaciones de corrupción, al tiempo que conserve los elementos que les resultan atractivos para su base electoral.

En este contexto, los llamados para erradicar a Trump de la política de la derecha resuenan con más fuerza que nunca desde la primera de sus tres candidaturas presidenciales, indicó The Washington Post. “Pero en un partido que, durante la última década, se ha transformado a imagen y semejanza del presidente hasta un punto antes inimaginable, los líderes y activistas republicanos están descubriendo que crear un partido ‘post-Trump’ es más fácil decirlo que hacerlo”, añadió el diario.
“Es como el horizonte de sucesos de un agujero negro”, dijo al Post un estratega republicano que no quiso ser identificado. “Trump ejerce una enorme influencia. Y más allá de eso, sabes que las cosas van a ser diferentes, pero no sabes cómo serán”.
El activista, que apoya la agenda de Trump y el movimiento MAGA, afirmó al periódico que el partido debe encontrar la manera de liberarse del control de Trump, pero que hacerlo planteará desafíos filosóficos, políticos e incluso logísticos, hasta el punto de considerar la programación de una convención nacional que aún está a dos años de distancia: “¿Tolerará Trump no ser el último orador en la Convención Nacional Republicana? Creo que es una incógnita”.
¿Fin de la era Trump?
El experto de la Universidad de Chicago Robert Pape indicó que el ejemplo más cercano en la historia estadounidense de la debacle republicana es lo ocurrido con Richard Nixon. En enero de 1973, tras una victoria aplastante en 49 estados, Nixon contaba con un 67% de aprobación. Diecinueve meses después, dejó la Casa Blanca con un 24%.

“El índice de aprobación de Trump entre los votantes del martes fue del 38%. En la curva de Nixon, eso equivale al verano de 1973. Las grabaciones acababan de salir a la luz y los peores meses de Nixon aún estaban por llegar”, indicó.
“Podemos decir, sin hipérbole ni regodeo: este es el fin de la era Trump”, declaró el miércoles Tucker Carlson, presentador de pódcasts y antiguo amigo-enemigo de Trump, afirmando que “no habrá vuelta atrás en una generación” del daño que el presidente ha causado al Partido Republicano.
“El señor Trump fue el artífice de la ruina. Él eligió a los candidatos a los que apoyar, tomó las decisiones estratégicas, decidió qué decir y cuándo gastar el dinero de su fondo de campaña. (Al final de la campaña, según el New York Times, cuando el precio de los anuncios se había disparado, él lo consideraba ‘mi dinero’)”, escribió en una columna en The Wall Street Journal, Peggy Noonan, quien fuera la escritora de los discursos de Ronald Reagan.
“Está furioso y echa la culpa a todo: fueron las encuestas de Fox News; si hubiera estado en la boleta electoral, habría ganado por goleada; Greg Abbott es un republicano moderado. ¡Por favor! Fuiste tú, Fredo”, añadió.

“Una pérdida de esta magnitud tiene muchas causas, y un río tan caudaloso, muchas fuentes. Fue una sensación generalizada de inseguridad financiera, agravada por los altos precios, relacionados con la guerra, pero también impulsados por los aranceles. Y fue la corrupción”, indicó.
En todo caso, no será fácil que los republicanos puedan alejarse del mandatario. De hecho, él encabeza una poderosa maquinaria de gasto electoral que -según el Post- ha recaudado casi 450 millones de dólares en este ciclo y, a mediados de octubre, contaba con más de 164 millones de dólares disponibles.
El diario también recordó que pese a las críticas de figuras de su sector, como la de Carlson, conserva el apoyo de la mayoría de los medios de comunicación de derecha. Importantes instituciones conservadoras se han alineado explícitamente con el movimiento de Trump, al igual que una nueva generación de jóvenes asesores y activistas republicanos.
Rapp, de Chatham House, indicó que la visión de futuro del Partido Republicano deberá conectar no solo con los votantes de MAGA, sino también con los republicanos centristas e independientes, cuya ausencia en las elecciones de mitad de mandato le costó caro al partido. Si bien los mensajes de los candidatos sobre la inmigración ilegal y la delincuencia violenta coinciden con las preocupaciones de los votantes republicanos, no lograron calar hondo.
“La relación de Trump con el partido será la mayor fisura en la derecha. A medida que se acercan las elecciones de 2028, los candidatos republicanos podrían ver mayor peligro en mantenerse fieles a Trump que en empezar a distanciarse de él. Los republicanos también podrían tener dificultades para mantener unido al grupo parlamentario y evitar traiciones y deserciones, sobre todo si las investigaciones de los demócratas logran destituir a altos cargos”, indicó.
Uno de los que se mencionan que podría tener un futuro complejo es el vicepresidente J.D. Vance, quien se ha esforzado por posicionarse como el heredero de Trump y, según The Economist, puede esperar una competencia feroz si, finalmente, decide presentarse como candidato presidencial.
“Quiere atribuir la derrota de los republicanos únicamente a la guerra contra Irán, de la que se ha distanciado con cautela. Pero, a pesar de su ambivalencia, los aspirantes republicanos no le permitirán eludir la responsabilidad por la agenda completa de Trump. Algunos historiadores sitúan el inicio de la campaña presidencial el 2 de noviembre, cuando Ron DeSantis, gobernador republicano de Florida, acusó a miembros anónimos de su partido de manipular a los estadounidenses fingiendo que la guerra no había aumentado los costos, así como del corporativismo y los fracasos en inteligencia artificial y grandes empresas tecnológicas”, indicó la revista.
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