Patrick Criado, sobre la competitividad entre los actores: "Sinceramente, yo nunca he visto a mis compañeros como rivales que te quitan el papel"

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Patrick Criado se sube al tatami por primera vez con 'Karateka', la nueva película de Aritz Moreno ('Ventajas de viajar en tren') basada en la épica historia real de la olímpica Sandra Sánchez, para ponerse en la piel de un personaje para el que el karate es mucho más que un deporte. La preparación le llevó a entrenar junto a deportistas de élite y, sobre todo, a observar de cerca a Jesús del Moral, la persona real que inspiró su personaje. Más allá de aprender movimientos, Criado encontró en él una forma distinta de entender la disciplina, el esfuerzo y el camino hacia un objetivo.

Y quizá ahí esté uno de los puntos de encuentro más interesantes entre el karate y la interpretación: los sacrificios, los fracasos, la competitividad y la necesidad de aprender a convivir con el "no". En 'Karateka', el actor de 'Amarga Navidad' se ha encontrado con una filosofía que también ha terminado trasladando a su propia profesión: no obsesionarse con llegar a un lugar concreto, sino aprender a disfrutar del camino. Hablamos con Patrick Criado en el Festival de San Sebastián sobre la preparación de su personaje, los maestros que han marcado su carrera, las renuncias de la profesión y todo lo que el deporte de élite le ha enseñado sobre el oficio de actor.

¿Cómo te has preparado para este personaje? ¿Tuviste la oportunidad de conocer a gente real vinculada al karate?
Lo bonito de este proyecto es que el personaje que interpretaba lo tenía al lado continuamente. Desde el minuto uno, cuando me presentaron el proyecto y decidí hacerlo, estaba con Jesús (Del Moral). Ya desde los entrenamientos intentaba, un poco como un loco, observarle, mirarle de arriba abajo y pensar: "Vale, este tipo se mueve así, se mueve asá". Pero, sobre todo, poder entender también su filosofía, su manera de entender la vida. Era bonito poder preguntarle todo lo que necesitaba saber. Para él, el karate no es solo una disciplina, un deporte o su trabajo, sino una manera de entender la vida, de estar en el mundo.
¿Tuviste que prepararte mucho físicamente? ¿Habías practicado karate antes?
Sí, me tuve que preparar y entrenar bastante, sobre todo para estar en forma y aguantar los entrenamientos. Al final, los que hacíamos eran entrenamientos de élite y los hacíamos con los deportistas de élite con los que ellos entrenaban, para que viéramos también cómo entrenaban. Para aguantarlos a nivel físico te exigía estar en muy buena forma. Yo había hecho boxeo alguna vez, en el gimnasio de mi barrio, algún año y tal, pero no conocía la disciplina como tal.

En una parte de la película se dice "No nos peleamos, no nos peleamos". ¿Te has quedado con algo de esa filosofía de vida después de hacer la película?
Sí. Yo creo que seguramente me ha modificado en varios aspectos y me ha cambiado la vida. Es lo que ocurre cuando conoces a gente que lucha tanto por lo que quiere, pero desde el amor a lo que hace, sin que les frene el resto de gente ni los obstáculos que encuentran en el camino. Se mantienen firmes en lo que quieren conseguir y, sobre todo, aunque persigan un objetivo y es lo que les impulsa y lo que les anima, ven el camino, ven lo que van consiguiendo y lo que van logrando. Aceptan que lo importante es disfrutar ese camino y ser fiel a uno mismo. Eso es algo que, en este camino, por ejemplo, en el del cine y la televisión, es importante decírselo a uno mismo: no hay que llegar a ningún sitio en concreto. Lo importante es tener un camino y hacerlo desde el amor y todo el aprendizaje que vas teniendo. Y eso ellos lo llevan muy en el corazón.
La profesión de actor y el deporte de élite tienen muchas cosas en común. ¿Has sentido que tu carrera también te ha obligado a hacer determinadas renuncias?
Sí. Yo creo que todo siempre exige un sacrificio. Y es hasta donde uno esté dispuesto. El deporte de élite exige mucha renuncia: tienes que tener un estilo de vida saludable, ser disciplinado, tener mucho respeto por lo que haces. Es duro. Y bueno, pues como esta profesión en muchos casos: la inestabilidad, el no saber hacia dónde va uno a veces, la exposición mediática, seguramente renuncias al anonimato en algunos momentos, en algunos casos, depende de la persona que seas. Pero bueno, ahí renuncias y eso hay que aceptarlo en la vida. Cuando uno algo quiere, algo le cuesta. Y eso era muy importante de entender: las renuncias que ellos han tenido, pero todo lo que han ganado gracias a ese sacrificio.

En el deporte, una derrota puede ser comparable a un «no» en un casting. ¿Cómo se aprende a convivir con ese rechazo?
En general, yo creo que en una carrera de un actor sí hay muchos más "no" que "sí", y es algo con lo que hay que lidiar. Ese rechazo no es personal, es que simplemente no estaba hecho para ti. Y eso tienes que trabajarlo y colocarlo. Seguramente sean mochilas que uno va cargando a lo largo de toda su vida.
La película habla también de la importancia del camino y del proceso. ¿Qué te ha enseñado en ese sentido la historia de Sandra Sánchez?
Hay una cosa que propone la película que es muy interesante y muy bonita. Por ejemplo, en el caso de Sandra Sánchez, su rival, cómo se toma algo que le ocurre y cómo se toma algo que le ha pasado en su vida, sin hacer spoilers, es muy importante. Y a día de hoy también, dónde está Sandra y con la salud mental con la que ha llegado a retirarse, y el porqué. Yo creo que también hay mucho de entender que ella estaba ahí por el camino, por el proceso, no solo por el objetivo. Porque si el objetivo luego no sale, no le ves el sentido a todo ese esfuerzo. Entonces es muy importante también dotarle de ese sentido al camino, para que no se te desmonte todo.

En la película también se habla de los maestros. ¿Has tenido alguno en tu carrera al que puedas considerar una figura equivalente a los sensei?
Hace no muchos años descubrí al maestro, profesor de teatro y de interpretación Fernando Piernas, que me ha dado un lugar, un espacio donde expresarme, donde entender que no se va al resultado, donde darle un concepto, una visión más espiritual al camino del actor y al oficio. Y considero que gracias a él he llegado a un sitio en el que me gusta estar y me gusta mirar la vida desde ahí. También creo que hay maestros en cada sitio. Cada vez que hablas con alguien puedes ver su maestría de algo. Seguramente, yo creo que uno, cuando está abierto, recibe lecciones de cualquier persona. A mí me enseñan mucho las personas que se llevan dedicando toda su vida a algo y lo hacen con amor, desde el panadero hasta la persona que te vende lo que sea. En cualquier oficio hay gente que han llegado a ser maestros de lo suyo, y eso te enseña mucho.
Otro punto en común entre el deporte y la interpretación es la competitividad. ¿Cómo has vivido tú esa parte de la profesión?
Sinceramente, yo nunca he visto he visto a mis compañeros actores como competidores o como rivales que te quitan el papel. Siempre intento mantenerme en que lo que es para mí, es para mí y, lo que no, no ha sido. Es verdad que en el deporte es diferente. Ahí sí que hay un rival, hay una competición, hay un ganador y hay un perdedor. Y cuando uno pierde se tiene que enfrentar al fracaso. Aquí viene todo el aprendizaje y el bagaje que uno lleva a sus espaldas: si has conseguido sacar de ese fracaso una lección que te impulsa hacia adelante o si, al contrario, te tira para atrás.
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