La drástica ruptura de Moeve y Galp explica lo difícil que es transformar el negocio energético en España

Varios meses después de anunciar un principio de acuerdo para la integración de sus negocios, se ha hecho público que Moeve y Galp han roto las negociaciones. Así lo han comunicado este lunes 26 a primera hora, al no haber «alcanzado unos términos definitivos que cumplieran sus respectivos criterios estratégicos», como recoge el diario ABC.
De haberse producido, el resultado hubiera sido un gigante de 3.500 estaciones de servicio y unas ventas agregadas superiores a 6,5 millones de toneladas de productos petrolíferos, informa El Economista, lo que les habría permitido disputar a Repsol el dominio comercial.
Un acuerdo no vinculante. El pasado mes de enero se hacía público que la segunda petrolera de España y la primera de Portugal empezaban a entablar conversaciones para llevar a cabo una fusión. Sobre la mesa estaban los negocios tradicionales de refino y distribución y venta, y el objetivo de ponerse a la cabeza en el mercado energético ibérico, por delante de la empresa líder Repsol. Aunque se esperaba un acuerdo para mediados de año, en julio pospusieron el plazo de las conversaciones y emplazaron la decisión al segundo semestre de 2026. Finalmente, la decisión ha llegado.
Según el comunicado, las compañías atribuyen la ruptura a la inestabilidad de los mercados y los precios de la energía. La presidenta del Consejo de Administración de Galp, Paula Amorim, ha lamentado la falta de acuerdo y la oportunidad perdida que supone para crear un operador europeo. En paralelo, Maarten Wetselaar, consejero delegado de Moeve, ha afirmado que, tras la falta de alianzas, la compañía española seguirá estando plenamente centrada en seguir ejecutando su transformación.
Dos plataformas energéticas. El acuerdo contemplaba la integración de partes muy relevantes de ambas empresas, aunque no habría sido, en ningún caso, una fusión completa. Por un lado, se habría creado una plataforma industrial, IndustrialCo, para concentrar los negocios B2B, como el refino, la química, el trading, las moléculas verdes o los combustibles bajos en carbono. En esta parte, además, se preveía la agrupación de las refinerías de Cádiz y Huelva en España y la de Sines en Portugal. Esta última, al ser la única del país, levantó ciertos recelos sobre la pérdida de soberanía energética lusa. Por otro lado, también se hubiera erigido RetailCo, más centrada en movilidad y en la venta de combustibles, carga de vehículos eléctricos y otros servicios para clientes minoristas.
La transformación energética no se detiene con la ruptura. Lo curioso de esta transacción es que a partir de ahora, ambas compañías seguirán sus caminos separados hacia un objetivo común: avanzar hacia alternativas al petróleo, utilizando precisamente los beneficios del negocio tradicional para financiar esa transformación. Como explicó en febrero El País, las petroleras buscan reorganizarse y separar industria y cliente para poder repartir riesgos ante el reto regulatorio y financiero que supone la transición energética.
Por un lado, Moeve ha iniciado la construcción del mayor proyecto de hidrógeno verde de Europa para la producción de energía sostenible, dentro de su estrategia Positive Motion. Además, cuenta El Mundo que la empresa ya ha desinvertido más del 70% de sus activos de exploración y producción de petróleo y ha redirigido dos tercios de sus inversiones hacia proyectos de transición energética. Por otro, Galp mantendrá su compromiso con la transformación de sus actividades comerciales e industriales para hacerlas más sostenibles y competitivas, en el largo plazo, aunque seguirá centrándose en el crecimiento de upstream y las fases iniciales de la cadena de suministro.
Así habría sido el gigante ibérico. La fotografía hubiera quedado así: el accionariado de Moeve, el fondo soberano de inversión de los Emiratos Árabes Unidos Mubadala y el grupo estadounidense Carlyle tendrían el control de IndustrialCo, con el 80%, mientras que Galp se quedaría con el 20% restante. En cuanto a RetailCo, las dos empresas se repartirían el control al 50%, dejando fuera otros negocios de Galp.
Todo esto se hubiera materializado en una red ibérica de más de 3.500 estaciones de servicio (frente a las 3.800 del competidor Repsol, según RTP) y una capacidad combinada de procesamiento de crudo cercana a 700 mil barriles al día. La operación en su conjunto estaba valorada, según fuentes del mercado que recoge El Mundo, en más de 15.000 millones de euros y había tenido una buena reacción bursátil que no ha logrado mantenerse tras el anuncio de la ruptura, al menos en el caso de Galp.
Imagen | Tomasz Zielonka
En Xataka | España y Portugal han demostrado cómo se lidera la transición energética: 82% de electricidad limpia
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