Elena Poniatowska: El idioma ayöök
l idioma ayöök, también conocido como mixe es una lengua indígena de México que se habla en la región de la Sierra Norte o Distrito Mixe en el estado de Oaxaca. Significa “gente de la lengua de las montañas”, precisamente, porque la región tiene elevaciones mayores a 3 mil metros, con profundas cañadas y ríos de aguas turbulentas, que dificultan la comunicación entre las mismas comunidades. Según el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (Inali), el ayöök pertenece a la familia lingüística mixe-zoque y tiene seis variantes que están en grado de “riesgo no inmediato” de desaparecer, con 136 mil hablantes actualmente y 25 municipios de Oaxaca.
El escritor Mito Reyes, originario de Totontepec Mixe, Oaxaca, es doctor en literatura hispánica por el Colegio de San Luis (Colsan) y forma parte del Colectivo Mixe (Colmix), que investiga y difunde el conocimiento mixe. En agosto de este año, el autor presentó su primera novela, Kopk Poj: El aliento de la montaña, en la 37 Feria Internacional del Libro de Antropología e Historia (Filah), gran logro editorial al publicar a autores en lenguas indígenas.
–Soy Mito Reyes y mi novela Kopk Jop: El aliento de la montaña se basa en Las Argonáuticas, de Apolonio de Rodas, pero el personaje es un filarmónico, un músico de Oaxaca que tiene un “don de la Montaña”, quien pide explicaciones de este portento musical.
–¿Por qué la montaña?
–Entre nosotros tenemos que “rendir costumbre”. La montaña es nuestro dios, esa es la expresión en mixe: ofrendar un gallo, derramar mezcal y “hacer” palabras que sólo conocen los especialistas en los rituales, es lo que nos ayuda a hablar con la montaña.
–¿Quién publicó la novela?
–Penguin Random House con el sello editorial Grijalbo. Ellos están empezando a publicar a autores indígenas. La mía es la primera novela de cuatro que planean lanzar. Viene una novela de un compañero zoque, yo soy mixe –somos primos, de la misma familia lingüística– y también se publicarán dos compañeros tsotsiles. Estamos abriendo espacio en las grandes editoriales para las lenguas que no lo han tenido.
–Pero, ¿qué motiva esta iniciativa editorial?
–Hay una pensadora mixe, Yásnaya Elena Gil, a quien a la editorial le dijo que quería publicar autores indígenas, y empezaron a buscar manuscritos. Yásnaya sabía que yo ya tenía un libro preparado, y les gustó mucho. Empezamos a trabajarlo en 2025 y lo publicaron en julio de este año.
–Es una gran alegría, Mito. ¿Cuál es su oficio?
–Estudié literatura, pero hago investigación, y ahora escribo. En Anyukojm (Totontepec Mixe) damos clases de historia ayöök, de textiles ayöök, de autogobierno ayöök, de geografía ayöök. Ayöök es mixe.
Mito Reyes pronuncia con orgullo y decisión cada palabra en su lengua. Es conmovedor escucharlo.
–¿Por qué le quiere dar tanta fuerza a lo que es mixe?
–Porque es lo que soy y porque para conocer nuestra historia tenemos que hacer nuestra propia educación, porque no nos la dan en las escuelas. Si no lo hacemos nosotros, nadie lo va a hacer. Formo parte de un colectivo llamado Colmix; somos 13 personas de distintas comunidades: politólogos, biólogos, lingüistas, diseñadores gráficos, y yo que estudié literatura. Tenemos una editorial pequeña, y publicamos nuestros materiales.
–¿Por qué no publicó su novela en esa editorial?
–Porque no tendría alcance con un tiraje de 200 libros, y no podría yo haber venido a platicar con usted. No hubiera conseguido que me presentaran en la Ciudad de México, en Guadalajara, en San Luis Potosí. No podría hacerlo solo, no tengo dinero para comprar boletos de avión e ir a la feria del libro de Guadalajara. La editorial me apoya en estos momentos.
–Mito, pero, ¿por qué la montaña? –insisto.
–Todas nuestras montañas son mágicas, sagradas. La montaña principal de mi pueblo, Totontepec, se llama Anicätl. Cada comunidad Mixe tiene la suya y la de mi novela se llama Kopk Poj, que significa “el alma del cerro”. Para nosotros, el viento y el espíritu son exactamente lo mismo. Este libro está inspirado por un viento de montaña. En la cultura ayöök, las bandas filarmónicas son muy importantes; por lo menos hay dos en cada comunidad. Deben tener más de 20 músicos, si son menos, se considera agrupación. Las bandas están conformadas por el clarinete, la trompeta, el trombón, el saxofón tenor, el saxofón alto, los trombones de vara, los cornos, los bajos, las tarolas y tamboras; una buena banda debe tener unos 70 integrantes. Existen desde hace tres siglos; primero fueron parte de las capillas de viento de los dominicos y después se incorporaron a las comunidades. Cuando se separó la Iglesia del Estado se volvieron comunitarias; desde entonces acompañan fallecimientos, nacimientos, bodas, la fiesta de cada comunidad, las vísperas y maitines, las calendas. Ese es el servicio que brindan y es muy apreciado. De nuestros compositores más notables, se dice que tienen el don del cerro, porque el aliento de la montaña les sopla en el oído. Por eso el libro se llama El aliento de la montaña.
–Entonces, su novela habla de la buena música.
–Sí. Los personajes son Mónico González y sus hijos Filarmónico y Armonio. Uno de los hijos debe lidiar con las consecuencias y la sombra del don de su padre, porque Mónico es el mejor músico de la región. Para agradecer o corresponder los dones, tenemos que dar el respeto; es como hacer una ofrenda, un agradecimiento.
–¿Quiénes son los dioses de los mixes?
–Nuestros dioses principales son la Tierra, la Montaña y los Muertos.
–¿Todos los muertos?
–Sólo los de la comunidad, “Los que vivieron antes”. A Armonio, el hijo menor de don Mónico, lo mandan a estudiar a la capital del país y pierde la lengua, porque quien sale del pueblo es muy difícil que vuelva.
–¿Se encandila con la capital?
–Pienso que el sistema educativo nacional está diseñado para abandonar nuestras comunidades, para dejar de ser mixes. Los conocimientos que adquirimos difícilmente podemos aplicarlos en el pueblo. La intención de la escuela mexicana es que hablemos español, no ayöök. No nos enseñan a ser mixes y mexicanos al mismo tiempo. A mis padres los golpeaban para que no hablaran ayöök; a mí ya no me tocaron golpes, pero en la escuela no nos enseñan nuestra lengua. Eso le sucede a Armonio: se va a estudiar a la ciudad, pierde su identidad mixe y se siente huérfano. Pierde el sentido de pertenencia. No es de la capital ni de la comunidad, porque ya no lo reciben bien. Es un desterrado en ambos lados.
–Es muy doloroso e injusto.
–En la novela también hablo del dolor físico y espiritual. Hay otro personaje[, Ixyam, que significa dolor, y es el narrador, quien crea a los primeros tres personajes.
–Mito, ¿dónde hizo sus estudios universitarios?
–En la ciudad de Oaxaca estudié el bachillerato, fui a un Centro de Bachillerato Tecnológico Industrial y de Servicios. Ahí enseñan desarrollo de maquinaria, dibujo técnico para arquitectura, computación; son bachilleratos orientados al trabajo. La licenciatura la hice en la Universidad de Guadalajara; ahí mismo estudié la maestría, y el doctorado lo hice en San Luis Potosí. Cuando terminé, me regresé a mi pueblo.
–¿Cuántos habitantes tiene su comunidad?
–Alrededor de mil 700 personas; nos conocemos todos. El municipio tiene como 5 mil habitantes. El problema es que los niños ya no hablan mixe, por eso urge el trabajo que estamos haciendo. Los bebés son monolingües en español. Yo aprendí mixe como segunda lengua; mis papás no me quisieron enseñar, pero decidí aprenderlo ya siendo adulto. Por eso decidí no dar clases en universidades, sino mejor regresar a mi pueblo y enseñar allá. En la primaria de mi pueblo, sólo hay dos niños hablantes de mixe; estamos a una generación de que desaparezca, si no hacemos algo ahorita, en 30 años ya no habrá hablantes de ayöök.
–Usted salió de su comunidad para hacer una carrera universitaria. ¿Lo rechazaron cuando regresó?
–No, porque nunca perdí el lazo, pero no sé sembrar, no se me da bien mi milpa, porque no sé en qué fecha sembrar. No sé hablar ritualmente; a veces me dicen: “mejor dilo en español”, perdí ese conocimiento mientras estuve fuera. Pienso que nunca dejé de ser de la comunidad. El problema más grave es para quien ya no nació ahí y quiere integrarse; no los aceptan fácilmente.
–Pero ellos se lo pierden porque en vez de enriquecerse se van estrechando.
–Tiene usted toda la razón, es lo que intentamos decir, que tenemos que abrazarnos entre todos, porque estamos intentando reparar muchas cosas dentro de nosotros mismos. Tenemos que apoyar a los que quieren volver; también tenemos que apoyar a los que quieren salir, porque es nuestro derecho ir y venir. En la comunidad decimos que todos somos mixes, porque lo mixe no es el color de piel, sino el recuerdo de todo lo que saben nuestros padres, nuestros abuelos.
Kopk Poj: El aliento de la montaña, de Mito Reyes, es una nueva propuesta literaria en español pero acompañada de la lengua ayöök que el autor nos entrega en “un retrato poderoso sobre la memoria colectiva, la fragilidad humana y la fuerza transformadora de la música, emblema identitario del pueblo mixe que, como sus bandas de aliento, se reinventa en cada nota para seguir existiendo”.
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