7 películas que deberías ver al menos una vez en la vida

Hay películas que son algo más que puro entretenimiento. Y que con el correr de las décadas se han convertido en forma de entender el espectáculo cinematográfico. Claro está, el llamado séptimo arte posee una relevancia que trasciende el solo ser popular o rentable. Eso, para convertirse en uno de los pilares culturales más influyentes de la sociedad contemporánea. Desde sus primeras proyecciones a finales del siglo XIX, el cine demostró una capacidad única para documentar la historia. Lo que le permitió capturar la esencia de diferentes épocas, modas y transformaciones sociales.
Pero además, el cine es de hecho una forma de entender la evolución de la cultura. Eso, al combinar elementos de la literatura, música, fotografía y teatro para explorar la identidad de la sociedad a la que pertenece. A la vez, para crear una inmersión profunda que altera nuestra percepción de la realidad. Las películas no solo reflejan el mundo tal como es, sino que también actúan como un poderoso motor de cambio ideológico y político. Por lo que desafían narrativas dominantes y promueven el activismo a través de documentales y ficciones comprometidas.
Sin embargo, más allá de su evidente impacto socioeconómico, la verdadera magia del cine radica en su profunda función psicológica. También en su innegable capacidad para despertar la empatía humana. Todo, lo que se resume en varias cintas que han calado hondo en la forma en como se comprende al cine como patrimonio y legado. Si te interesa el tema, te dejamos 7 películas que todo amante del cine debería ver al menos una vez. De un clásico de todas las épocas a una reflexión sobre la ciencia ficción y hasta una mirada a las clases sociales desde la ironía. Todo para los amantes del cine y su importancia.
Ciudadano Kane (1941)

Sí, lo sabemos, puede parecer una respuesta obvia. Pero en realidad, Ciudadano Kane es algo más que un nombre en un texto sobre el cine. Es la película que dio sentido al drama cinematográfico tal y como lo conoces en la actualidad. Y además, fue la primera gran cinta en analizar al cine como herramienta para entender los cambios sociopolíticos y culturales de su época. Además, se trata de una obra que desafió la idea del cine solo como una pieza de entretenimiento para graneros o como ferias.
Dirigida, escrita y protagonizada por un joven Orson Welles de apenas 25 años, esta obra maestra asombra por ser relevante incluso ahora. Y eso se debe a que su premisa se basa en el tema universal del poder y el tiempo. Para eso, su trama sigue la investigación de un grupo de periodistas que intenta descifrar el significado de un misterio inquietante. La última palabra pronunciada por el magnate de la prensa Charles Foster Kane antes de morir: Rosebud.
Más allá de su atrapante estructura narrativa no lineal, que rompió con los moldes de la época, la película transformó para siempre el lenguaje audiovisual. Eso, gracias a sus innovaciones técnicas. Welles, junto al director de fotografía Gregg Toland, perfeccionó el uso del foco profundo. Esta, una técnica que permitía mantener nítidos tanto el primer plano como el fondo de la escena, otorgando una tridimensionalidad inédita a la pantalla. Además, introdujo techos en los decorados para forzar contrapicados expresionistas que magnificaban la figura del protagonista. Lo que reflejó visualmente su desmedida ambición y posterior decadencia moral. Todo un prodigio visual que la transforma en una de las películas que deberías ver si amas el cine.
El piano (1993)

Escrita y dirigida por la neozelandesa Jane Campion, esta producción es un drama de época que rompió el molde en lenguaje y técnica. En especial, porque a pesar de ser profundamente poético, gótico y sensorial, es honesto, crudo y duro. Una combinación que se convirtió en estándar de oro para un tipo de cine que todavía sigue siendo vigente. En especial, al explorar los límites de la comunicación, el deseo reprimido y la autonomía de la mujer.
Ambientada a mediados del siglo XIX, la trama sigue a Ada McGrath (Holly Hunter), una mujer escocesa víctima de un matrimonio concertado. Pero que además decidió dejar de hablar en su infancia y cuya única vía de expresión es su piano. Al desembarcar en las costas de Nueva Zelanda, su rígido esposo vende el instrumento a un colono local llamado Baines. Lo que desata un complejo y pasional pacto de trueque. Por lo que Ada debe dar clases a cambio de recuperar sus teclas.
Campion utiliza una estética visual de tonos fríos, húmedos y texturas ásperas que contrastan con la ardiente sensualidad que se va gestando entre los protagonistas. La banda sonora minimalista y desgarradora de Michael Nyman funciona como el verdadero torrente de voz y de emoción de Ada. Uno además, que termina fundiéndose con los encuadres líricos de la directora en los imponentes paisajes boscosos y costeros de la isla. Lejos de las convenciones del melodrama histórico de la industria tradicional, la cinta es una exploración cruda de la sensualidad. También del aislamiento físico y el desapego colonial.
2001: Una odisea del espacio (1968)

El director Stanley Kubrick concibió esta obra no solo como una película de ciencia ficción. También, como una experiencia visual y filosófica pura que desafía la percepción humana. Con un guion coescrito junto al célebre autor Arthur C. Clarke, la película traza un viaje monumental que abarca eras. Por lo que va desde los albores de la humanidad con el despertar de los homínidos hasta el viaje interestelar hacia Júpiter de la nave Discovery 1. Esta, comandada por astronautas que deben lidiar con la perturbadora e imprevista rebelión de la inteligencia artificial HAL 9000.
Kubrick minimizó los diálogos para permitir que las imágenes de un realismo científico asombroso se volvieran líricas. También, que la música clásica de compositores como Johann y Richard Strauss guiara la narrativa de forma poética. Los efectos especiales, diseñados de manera puramente analógica décadas antes de la existencia del CGI moderno, todavía sorprenden. Eso, al capturar la inmensidad, el silencio y la majestuosidad del cosmos de un modo que sigue resultando visualmente deslumbrante en la actualidad.
El famoso corte de montaje que transforma un hueso lanzado al aire por un simio en una sofisticada nave espacial flotando en el vacío cósmico hizo historia. Eso, al sintetizar millones de años de evolución tecnológica en un solo segundo, un hito absoluto de la edición cinematográfica. Una película que deberías ver al menos una vez en la vida si amas al cine como arte.
Los siete samuráis (1954)

Dirigida por el maestro japonés Akira Kurosawa, esta épica producción es la piedra angular del cine de acción moderno. También, una de las obras más influyentes de la historia. Ambientada en el Japón feudal del siglo XVI, la trama narra la desesperada misión de un grupo de guerreros desempleados. En especial, cuando el grupo acepta defender a una aldea de campesinos del asalto constante de una banda de despiadados bandidos a cambio de comida.
Kurosawa revolucionó por completo la forma de filmar el movimiento y los enfrentamientos armados. Todo, al introducir por primera vez el uso de múltiples cámaras simultáneas para capturar diferentes ángulos de una misma acción. Además de emplear la cámara lenta para acentuar el impacto dramático y físico de la violencia en el espectador. Para los anales de la historia del cine y una película que deberías ver al menos una vez.
Pulp Fiction (1994)

La segunda película de Quentin Tarantino puede parecer muy contemporánea para una lista histórica. Pero de hecho, es un ejemplo radical de evolución técnica y narrativa. Con una estructura fragmentada y cronológicamente desordenada, el guion entrelaza las historias de dos asesinos a sueldo con crisis existenciales. Eso, con la de un boxeador en decadencia que se niega a perder una pelea arreglada. Todo para unirse con la de la glamorosa esposa de un gánster y una joven pareja de ladrones de poca monta.
El verdadero triunfo de la cinta radica en lo brillante de sus diálogos ingeniosos, rápidos y cargados de humor negro. Pero además, en el uso hábil de la edición y la capacidad plástica de la imagen para combinar historias disímiles. Por si eso no fuera suficiente, el uso audaz de una banda sonora repleta de surf rock y soul clásico redefinió la idea del soundtrack. Una combinación extraordinaria que sostiene no solo el lenguaje visual y narrativo de la cinta, sino que la convierte en infaltable en la historia del cine.
Casablanca (1942)

Nacida como una producción de estudio estándar durante los caóticos años de la Segunda Guerra Mundial, esta película es la combinación de varias cosas. Por un lado, un experimento afortunado que logró sostener la idea de un lenguaje político de forma elaborada y sofisticada. Por el otro, una reflexión acerca del dolor colectivo. El resultado es una pieza única sobre la guerra, que extrañamente jamás fue concebida para serlo.
Ambientada en la ciudad marroquí controlada por el régimen de Vichy, la trama sigue a Rick Blaine. Este, un cínico y desencantado expatriado estadounidense interpretado por Humphrey Bogart. Uno, además, con una historia complicada. Su café se convierte en el epicentro de refugiados que intentan escapar del nazismo. Su vida se descarrila por completo cuando entra al local Ilsa Lund, el gran amor de su pasado encarnado por Ingrid Bergman. Una mujer misteriosa que ahora busca visados para su esposo, un líder de la resistencia checa.
La fotografía en glorioso blanco y negro utiliza las sombras del cine negro para reflejar la ambigüedad moral. Mucho más, de una época donde la supervivencia personal chocaba de frente con el deber ético. Sensible, caótica y singular, este clásico de clásicos es la película que deberías ver al menos una vez en tu vida.
Parásitos (2019)

El director surcoreano Bong Joon-ho hizo historia al ganar el Premio de la Academia a la Mejor Película por esta pequeña maravilla siniestra. Pero además, abrió el debate acerca de cómo una cinta puede tener escalas de interpretación social y cultural. Todo, gracias a este deslumbrante thriller satírico que examina de manera despiadada la brecha socioeconómica moderna. La trama sigue a la empobrecida familia Kim, cuyos miembros recurren a ingeniosos engaños y falsificaciones para trabajar. O en cualquier caso, intentar hacerlo. Pero su mayor objetivo es parasitar la lujosa mansión de la acaudalada e ingenua familia Park.
Pero aunque todo parece una comedia, pronto se vuelve absurdo y demencial. Eso debido a un giro que transforma el humor en un thriller asfixiante y una tragedia de proporciones demoledoras. La arquitectura de las casas juega un rol fundamental en la narrativa visual. Eso, al utilizar las líneas verticales, las escaleras infinitas y la iluminación natural para plasmar geográficamente la jerarquía social. También, la inamovilidad de las clases. Una travesía de horrores que se vuelve cada vez más inquietante, hasta un final angustioso que forma parte de la historia del cine. Una película indispensable en tu colección.

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