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Sunday, September 27, 2026

Viaje al interior del buque ARC Simón Bolívar, el imponente laboratorio flotante que descifra el fenómeno de El Niño en aguas del Pacífico

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El bramido de los motores diésel-eléctricos del ARC Simón Bolívar no se siente en el cuerpo como una vibración molesta. Es más bien un pulso constante; es el corazón de acero de 83 metros de eslora o longitud que avanza firme abriéndose paso entre las aguas del Pacífico colombiano.

El ARC Simón Bolívar en su travesía para analizar El Niño.

El ARC Simón Bolívar en su travesía para analizar El Niño.

Foto:Carolina Bohórquez / EL TIEMPO

No es un viaje cualquiera; es la 'Misión Océano: capítulo Pacífico 2026' y el Crucero Nacional Erfen, una travesía de 85 tripulantes durante cerca de 100 días orientada a descifrar los secretos mejor guardados del mar y blindar al país ante las amenazas climáticas. 

En los primeros 19 días se ha recopilado toda clase de información para descifrar el fenómeno de El Niño, uno de los monstruos climáticos más impredecibles del planeta. La misión comenzó el pasado 8 de septiembre, cuando este gigante oceanográfico —el buque de investigación científica más avanzado de Colombia— soltó amarras en el muelle de la Sociedad Portuaria Regional Tumaco Pacific Port S.A., en ese rincón del suroccidente de la tierra nariñense.

Adentro, los pasillos blancos y pulcros exudan una mezcla de olor a pintura marina, combustible y café recién colado. En el exterior, el mar es un desierto azul y picado que se extiende hasta perderse en la bruma.

Durante la misión, el buque visita 75 estaciones oceanográficas y la física del agua recopilada allí es la línea de defensa para la toma de decisiones estratégicas del país frente a la variabilidad climática.

El ARC Simón Bolívar, tras zarpar en Nariño.

El ARC Simón Bolívar, tras zarpar en Nariño.

Foto:Carolina Bohórquez / EL TIEMPO

Un laberinto de acero flotante

Abordar el ARC Simón Bolívar es adentrarse en un sofisticado laberinto flotante de alta ingeniería. 

Con esos 83 metros de longitud y 16 metros de ancho, este gigante de los mares se eleva a 7,2 metros de altura. Sus 4,25 metros de profundidad de casco lo consagran como el navío de mayor tamaño y calado fabricado íntegramente en astilleros locales, empleando mano de obra y tecnología 100 % colombianas.

Cruzar sus accesos es sumergirse en un ecosistema hermético y fascinante, donde puertas e imbornales (orificios, desagües o canales hechos en las cubiertas o costados de un navío) y los pasadizos de un blanco impecable obligan a medir cada paso. 

El visitante se encuentra de golpe transitando pasillos estrechos provistos de pasamanos metálicos para soportar los embates del oleaje, pasando de un área a otra en una arquitectura naval diseñada para la ciencia y la supervivencia. En los costados, las pesadas ventanas dobles de seguridad protegen la intimidad de los camarotes del golpe del agua.

El ARC Simón Bolívar con sus tripulantes.

El ARC Simón Bolívar con sus tripulantes durante la travesía en el Pacífico colombiano, a partir del 8 de septiembre de este 2026.

Foto:Dimar

Avanzar por el buque requiere un esfuerzo físico continuo: se deben subir y bajar escaleras empinadas de peldaños donde las botas militares resuenan a cada pisada, conectando los laboratorios, las zonas de descanso y la inmensa cámara de oficiales, un espacio de reuniones dominado por una larga mesa donde la tripulación comparte rancho y debate sobre mapas e hipótesis científicas. 

El interior del ARC Simón Bolívar.

El interior del ARC Simón Bolívar.

Foto:

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Solo al emerger a las cubiertas exteriores, justo al lado de las imponentes estructuras de las grúas y los mástiles de maniobra, el viento del Pacífico y el sol inclemente pegan en el rostro. Allí, la tripulación aprovecha los relevos para mirar el horizonte y resguardarse los ojos de la resolana. Desde esa misma cubierta, tras superar los últimos y exigentes escalones, se accede finalmente al corazón del mando: el puente de gobierno.

Al mando del ARC Simón Bolívar está la capitán de fragata Nathalia Otálora, la primera mujer en asumir el comando de este laboratorio flotante. 

El ARC Simón Bolívar con sus tripulantes.

El ARC Simón Bolívar, zarpando desde Tumaco, Nariño.

Foto:Carolina Bohórquez / EL TIEMPO

Desde el puente de mando, con la mirada fija en el horizonte azul, la comandante Otálora detalla con precisión quirúrgica la trascendencia geopolítica y científica de la travesía:"La Comisión Colombiana del Océano y la Dirección General Marítima, a través del Centro de Investigación Oceanográfica e Hidrográfica del Pacífico. Asimismo, en este marco se desarrolla la campaña Pacífico Azul, Geografía del Azul Profundo, liderada por Parques Nacionales Naturales de Colombia en la articulación con Dimar, Fondo Acción y el programa Herencia Colombia. Esta no es solamente una expedición científica, es una misión de país en la cual se integran tecnologías, capacidades geográficas, investigación científica y cooperación nacional e internacional para responder preguntas fundamentales sobre el Pacífico y respaldar decisiones estratégicas para Colombia".

El ARC Simón Bolívar.

El ARC Simón Bolívar.

Foto:Carolina Bohórquez / EL TIEMPO

La capitán Otálora enfatiza en que la Misión Océano, capítulo Pacífico 2026, se estructuró sobre tres grandes ejes: "La variabilidad climática, mediante el estudio regional del fenómeno de El Niño Erfen. Hará levantamientos hidrográficos orientados a fortalecer la seguridad marítima y la protección ambiental para favorecer el aprovechamiento sostenible de los recursos marinos".

La comandante del buque ARC Simón Bolívar, la capitán de Fragata Nathalia María Otálora Murillo.

La comandante del buque ARC Simón Bolívar, la capitán de Fragata Nathalia María Otálora Murillo.

Foto:

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De su primer componente, el componente Erfen, esta expedición corresponde a la versión 65 del Crucero para el Estudio Regional del Fenómeno del Niño. Es una iniciativa que contribuye a las acciones estratégicas del decenio de las ciencias oceánicas para el desarrollo sostenible, promulgadas por la Asamblea General de las Naciones Unidas y coordinadas a nivel regional por la Comisión Permanente del Pacífico Sureste, que articula los esfuerzos de Colombia, Ecuador, Perú y Chile para analizar la evolución de las condiciones océano-atmosféricas del Pacífico Sureste.

La comandante deja en claro que el Simón Bolívar es una pieza clave en el tablero de la ciencia global. "Se habla de un Súper Niño, pero no podemos determinar ni confirmar que efectivamente lo tenemos hasta obtener datos en el mar, procesarlos y poder darle un parte de tranquilidad al país para analizar las acciones que se deben tomar", manifiesta con ahínco.

Reitera sobre la utilidad de desafiar las olas con un impacto directo en la vida cotidiana de millones de sudamericanos. Según Otálora, la información obtenida contribuirá a mejorar los sistemas de alerta temprana y la gestión del riesgo de desastres, así como a orientar acciones relacionadas con la seguridad hídrica, la generación de energía, la actividad pesquera, la protección de los ecosistemas y la adaptación al cambio climático. Esta plataforma, el ARC Simón Bolívar, es utilizada, pues, por distintas instituciones para evaluar ecosistemas oceánicos, procesos climáticos, hacer monitoreo ambiental y determinar el alcance de la conservación de áreas marinas protegidas.

El ARC Simón Bolívar funciona como un laboratorio flotante donde convergen las mentes y capacidades de la Armada de Colombia, el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras José Benito Vives de Andréis (Invemar), el Ideam y las universidades del Valle y Nacional y, en un esfuerzo de cooperación internacional, el Instituto Oceanográfico y Antártico de la Armada del Ecuador (Inocar). Esta articulación demuestra que la cooperación institucional permite ampliar las capacidades del Estado y producir resultados de mayor visión, explica la capitán.

Dar vida a este laboratorio flotante, dedicado por completo a la ciencia marina, requirió una inversión de 50 millones de dólares y cerca de 100.000 horas-hombre de puro ingenio, diseño e ingeniería nacional.

El ARC Simón Bolivar.

El ARC Simón Bolivar, su travesía para analizar el fenómeno de El Niño.

Foto:Carolina Bohórquez / EL TIEMPO

Los ojos en la penumbra: al estilo de una película de submarinos

De vuelta al interior del puente de gobierno, el ambiente evoca de inmediato las escenas de suspenso de las clásicas películas de submarinos. La luz es tenue para no entorpecer la visibilidad hacia el exterior y en medio de esa penumbra azulada resplandecen las consolas electrónicas. 

El silencio es casi sagrado, interrumpido únicamente por el murmullo de los motores y el barrido constante, rítmico y matemático de las pantallas entre las directrices de la capitán Otálora y las palabras que musitan los subalternos. En este cubículo de "como unos 10, 8 metros cuadrados aproximadamente", el peligro no se ve con los ojos; se detecta en forma de ecos parpadeantes.

El suboficial Luis Ramos.

El suboficial primero Luis Alberto Ramos.

Foto:Carolina Bohórquez / EL TIEMPO

Allí, concentrado frente al monitor principal, se encuentra el suboficial primero Luis Alberto Ramos. Él es el radarista del buque, el hombre encargado de interpretar los fantasmas lumínicos que aparecen en la pantalla en mitad de la nada. "Yo soy el encargado de la parte de los radares, de detectar los contactos que están alrededor del buque", relata a sus 37 años y con casi 20 en la Armada con la voz pausada de quien está acostumbrado a mantener la calma. 

En altamar, una mancha imprevista en su pantalla puede ser un buque mercante en ruta de colisión, una panga pesquera sin luces o una amenaza silenciosa. Sus ojos son, literalmente, el escudo del gigante de acero.

Para Ramos, esta tensa rutina es el resultado de un largo camino que comenzó desde la base más humilde de la jerarquía naval. "Empezamos en la escuela como alumnos, primero somos grumetes, después ascendemos a marineros, marinero primero; cada cierto tiempo hacemos exámenes, nos miden para ascensos y ya con el favor de Dios, el año que viene ya cumplo dos décadas de servicio en la Armada", explica sobre la rigurosa disciplina del escalafón militar.

Hijo de un peluquero civil que trabajaba en la escuela oficial, Ramos creció fascinado por los uniformes y el misticismo del mar en Cartagena. 

Hoy, consolidado como primera tripulación con cuatro años ininterrumpidos, sirviendo a abordo del ARC Simón Bolívar, observar el horizonte de su propia carrera con la misma precisión con la que calcula las millas náuticas: "El próximo grado es jefe, ya me faltan dos años más". 

El ARC Simón Bolívar en su travesía para analizar El Niño.

El ARC Simón Bolívar en su travesía para analizar El Niño.

Foto:Carolina Bohórquez / EL TIEMPO

Mientras el ascenso llega, regresa su mirada al monitor, donde los haces de luz siguen buscando contactos en el misterioso Pacífico profundo a través de cartas electromagnéticas. Apunta a una pantalla, mientras continúa su instrucción para certificarse en el futuro como oficial de guardia.

Dice que el ARC Simón Bolívar ejerce soberanía sin disparar un solo proyectil. "Este buque en especial no es un buque de guerra, no tiene cañones y demás", aclara Ramos con serenidad. "En caso de una guerra, un conflicto con otro país, nosotros pasamos a ser buques hospitales, buques de apoyo. Según las normas, las leyes de enfrentamiento a nivel internacional, el Derecho Internacional Humanitario y demás, los buques militares no deberían atacarnos a nosotros, porque somos buques hospitales", afirma.

El ARC Simón Bolívar en su travesía para analizar El Niño.

El interior del ARC Simón Bolívar durante su travesía para analizar El Niño. 

Foto:Carolina Bohórquez / EL TIEMPO

Mentes brillantes al servicio del mar

A unos pasos del radar, la teniente de corbeta Sofía Ayola encarna el relevo generacional y la excelencia académica de la oficialidad naval colombiana. A sus cortos 21 años, su historia denota una mente brillante: se graduó del colegio con apenas 15 años tras arrasar en las pruebas del Estado con un puntaje de 389 puntos, una cifra que le habría abierto las puertas de cualquier universidad del país. Sin embargo, su norte siempre estuvo claro.

"Principalmente, quise servir a mi país. Y segundo, poder tener muchos conocimientos en cuanto a la Marina. Me he trasladado al grupo oceanográfico en el que se está haciendo básicamente todo lo relacionado con el país", explica la joven cartagenera sobre su vocación.

Sosteniendo un cuaderno robusto donde cada minuto cuenta, Ayola supervisa la rigurosidad del viaje, mientras el barco se inclina suavemente por el oleaje.

"Se toman todas las medidas necesarias. La velocidad, la dirección del viento, todo lo que necesitamos", comenta. 

El registro manual no perdona errores en altamar. Es un libro de minutos que se tiene que llenar. Antes, durante y después de la navegación. Señala minuciosamente, mientras el viento golpea con fuerza los cristales del puente.

El ARC Simón Bolívar con sus tripulantes y científicos, haciendo análisis en el mar.

El ARC Simón Bolívar con sus tripulantes y científicos, haciendo análisis en el mar.

Foto:Dimar

Misión cumplida bajo la sombra de El Niño

La travesía en alta mar ha dado sus frutos más importantes. El capitán de navío Juan Carlos Olarte, subdirector de Desarrollo Marítimo de la Dirección General Marítima (Dimar), confirma a EL TIEMPO el cierre de la primera gran fase: "El día de ayer 25 de septiembre de 2026, se dio el cierre satisfactorio de las actividades desarrolladas en el marco del Crucero Nacional Erfen 2026".

El ARC Simón Bolívar no dejó cabos sueltos en el mapa. Según el balance del capitán Olarte, "se dio cumplimiento a la totalidad de las actividades programadas, completando 19 estaciones preplaneadas en esta fase y una estación adicional en Candelilla de la Mar, un corregimiento de Tumaco, logrando así cumplir con el compromiso país de mantener el monitoreo de las condiciones océano-atmosféricas del Pacífico colombiano en el marco del Programa Erfen".

El ARC Simón Bolívar con sus tripulantes y científicos, haciendo análisis en el mar.

El ARC Simón Bolívar con sus tripulantes y científicos, haciendo análisis en el mar.

Foto:Carolina Bohórquez / EL TIEMPO

Los datos recolectados en el laboratorio flotante encienden alarmas para el clima de la región. "De manera preliminar, el análisis del componente físico evidencia que las condiciones observadas en el Pacífico colombiano son consistentes con los análisis y pronósticos de fuentes internacionales, los cuales apuntan hacia condiciones asociadas a un evento El Niño de intensidad muy fuerte", advierte el alto oficial.

El capitán Olarte concluye trazando la hoja de ruta para los próximos meses: "A partir de este momento se continuará con el procesamiento, control de calidad y análisis integral de la información física, química, biológica y meteorológica recolectada, para la consolidación de los resultados técnicos del crucero. Considerando el fenómeno atípico, la Dirección General Marítima (Dimar) continuará monitoreando las condiciones a través de la plataforma integrada de los sistemas de Vigilancia y Monitoreo del Pacífico colombiano, así como de los índices climáticos del Centro de Investigaciones Oceanográficas e Hidrográficas del Pacífico de la Dimar". 

Asimismo, asegura "la proyección de dos cruceros adicionales en 2027 durante el pico máximo y el desenlace del fenómeno (de El Niño) que se proyectan para el primer trimestre y mitad de año del 2027, respectivamente".

Zarpe del ARC Simón Bolívar desde Tumaco, Nariño, el 8 de septiembre de este 2026.

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Zarpe del ARC Simón Bolívar desde Tumaco, Nariño, el 8 de septiembre de este 2026.

Foto:

El eco del zarpe en tierra nariñense

El verdadero impacto de la Misión Océano 2026 no se queda atrapado en los equipos de medición ni en las pantallas digitales del puente. 

El viaje comenzó abajo, en la tierra firme y calurosa de Tumaco, donde la comunidad despidió hace dos semanas al gigante con una mezcla de nostalgia y profunda esperanza geopolítica. 

Tumaco, Nariño.

Tumaco, Nariño.

Foto:Carolina Bohórquez / EL TIEMPO

Para el municipio, ver partir esta plataforma construida localmente simboliza un paso crucial hacia el futuro. El alcalde de Tumaco, Félix Antonio Henao, no ocultó el significado histórico de este hito para su región: "Es una oportunidad muy grande porque hemos venido luchando desde el 2024 por la reactivación del puerto, donde hoy solo se ocupaba para todo el tema de hidrocarburos; era combustible que podía llegar desde Buenaventura o de otra parte del país", recalca el mandatario con la mirada puesta en un puerto verdaderamente productivo y científico.

Todos lo que hicieron posible la travesía del ARC Simón Bolívar para adentrarse en el Pacífico y estudiar El Niño.

Todos lo que hicieron posible la travesía del ARC Simón Bolívar para adentrarse en el Pacífico y estudiar El Niño.

Foto:Carolina Bohórquez / EL TIEMPO

“El gran reto de conservar nuestros océanos empieza por conocerlos”, dice Sandra Bessudo, directora de Parques Nacionales Naturales, destacando que el conocimiento de estos paisajes submarinos será la herramienta definitiva para su protección legal y ambiental.

Natalia Arango Vélez, directora ejecutiva del Fondo Acción, resalta que la suma de autoridades, academia y sociedad civil permite análisis más robustos: “Ampliamos el alcance geográfico de las investigaciones y estudiamos más áreas”. 

El punto de partida no fue casualidad. El gerente de Operaciones de la Sociedad Portuaria Tumaco Pacific Port, Arley Silva, destaca el valor de la región: “El zarpe de estas misiones evidencia el papel estratégico del Puerto de Tumaco. Contribuir a comprender el cambio climático impulsa también el desarrollo socioeconómico regional”.

El ARC Simón Bolívar con sus tripulantes y científicos, haciendo análisis en el mar.

Despedida al ARC Simón Bolívar.

Foto:Carolina Bohórquez / EL TIEMPO

Ese caluroso 8 de septiembre, bajo un sol inclemente que hacía hervir el pavimento del muelle, la banda marcial del Colegio Técnico Militar Almirante de Tumaco tocaba con una disciplina admirable para despedir al buque. Rompiendo filas tras la ceremonia, con la frente en alto y sosteniendo con gracia su bastón de mando de 1,38 metros fabricado en un ligero material 'balsudo', se encontraba la joven bastonera Angélica Escobar. 

A sus escasos 12 años, cursando un octavo grado de apenas 11 alumnos, el mar corre por sus venas de forma literal: es tumaqueña e hija de Carlos Escobar, un funcionario encargado del área de contaminación de la Dimar, y de Yolima Ante, una profesora local.

A pesar de las largas horas soportando la resolana, los ojos de Angélica brillaban al ver la imponente silueta del Simón Bolívar alejarse rompiendo las olas. Para ella, el buque no es únicamente una obra maestra de ingeniería pesada, es un espejo del mañana. "Significa mucho porque gracias a que nosotros somos colegios vinculados con la vida militar, también nos inspira a nosotros para muy pronto estar allá", confiesa con madurez absoluta. 

A unos metros de ella, erguida en sus 1,68 metros de estatura, la tumaqueña Alana Vargas Ardila, de 16 años, miraba fijamente el imponente casco gris del navío. Alana cursa décimo grado y lleva cuatro años en el mismo plantel técnico militar, un lugar donde su historia comenzó con un matiz inesperado: "La verdad, a mí me metieron por castigo", expresa con una sonrisa sincera y pícara. "Pero ahora estando en el colegio, yo creo que me siento mejor acá que en el colegio donde estuve antes. Nosotros tenemos un lema que dice: 'Pocos buenos y orgullosos'. La convivencia entre todos es muy buena".

Para Alana, ver zarpar a la capitán Otálora y a la teniente Ayola redefinió su propio horizonte. Aunque su verdadera vocación está en las aulas académicas, ya encontró el punto de intersección perfecto para servir al país: "En mis planes está eso, pero la carrera que yo quiero hacer no la da la institución: Psicología. A mí me encanta escuchar a la gente, darles consejos", sostiene con convicción. Su plan de vida ya está perfectamente trazado con las coordenadas del éxito: "Cuando termine la carrera en la Universidad Autónoma de Occidente, en Cali; me voy a meter como oficial de la Armada", asegura, proyectándose como una futura psicóloga militar encargada de cuidar la salud mental de quienes pasan meses aislados en altamar.

Al final, mientras el navío de manufactura colombiana gana mar adentro perdiéndose en el azul profundo, queda en el aire una certeza innegable: el ARC Simón Bolívar no solo partió cargado de radares, laboratorios y una veintena científicos listos para blindar al país contra las inclemencias de El Niño; se llevó consigo, flotando sobre las aguas del Pacífico, la semilla y los sueños de toda una nueva generación que ya espera su turno para gobernar la inmensidad azul.

Entretanto, en el puente de mando, las consolas disminuyen su brillo. La capitán Otálora, la teniente Ayola, el suboficial Ramos y más de 80 tripulantes siguen dejando su huella en el mar abierto, demostrando que la soberanía de la nación también se ejerce cruzando laberintos de acero bajo luces LED, leyendo pantallas de radar, llenando minuciosos libros de minutos y llevando el ingenio de la ciencia colombiana a los confines del océano.

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