Chile en PISA: una imagen con más perspectiva

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Los resultados de PISA suelen leerse como una tabla de posiciones. Pero su verdadero valor está en mirar la evolución del aprendizaje y formular preguntas sobre cómo mejorar. La trayectoria de Chile combina avances, estancamiento y nuevos desafíos.
Durante la década de 2000, Chile aumentó notablemente sus resultados en lectura, matemáticas y ciencias. Fue un caso de interés internacional. El avance alcanzó a estudiantes de todos los grupos sociales y ocurrió mientras el sistema educacional aún estaba en expansión. Más mérito aún. La década siguiente fue diferente: los resultados se estancaron, pero Chile no retrocedió. En 2022, primera medición post-pandemia, nuestro país nuevamente fue destacado por estar entre los que mejor habían resistido el impacto educativo de la crisis. En PISA 2025, esto sigue siendo cierto en ciencias, pero no en matemáticas ni en lectura, en donde tuvimos un descenso importante.
Globalmente en esta última década y media Chile ha retrocedido menos que el promedio de la OCDE y sus resultados siguen por encima de los de comienzos de los años 2000 en las tres áreas (en lectura estamos 26 puntos por sobre el 2000 y en matemáticas, 19). No es gran cosa, pero la mayoría de los países desarrollados no pueden decirlo. La imagen general es la de un país que, después de un gran avance inicial, se ha estancado en un nivel medio-bajo, con 2 de cada 5 estudiantes sin adquirir las capacidades fundamentales en lectura y ciencias, y 3 de cada 5 en matemáticas.
¿Por qué caímos ahora? Nadie puede decirlo, se necesita investigación rigurosa antes de atribuir el resultado a una causa única. Hay, sí, señales que merecen atención. En lectura, la caída está fuertemente concentrada entre los hombres, cuyo descenso equivale aproximadamente a un año de escolaridad. En matemáticas, algo similar ocurre entre las mujeres si se consideran las dos mediciones posteriores a la pandemia. A mediano plazo, son los estudiantes de nivel socioeconómico alto y medio quienes muestran los mayores retrocesos. Chile tiene muchos estudiantes con bajo desempeño y casi no tiene estudiantes con habilidades superiores, es un país sin elite educacional.
Algunas hipótesis plausibles son la desconcentración asociada al uso de dispositivos, el exceso de pantallas recreativas, la utilización de inteligencia artificial para sustituir -en vez de potenciar- el esfuerzo intelectual, y la dificultad para sostener una lectura profunda. En Chile se agregan problemas conocidos: interrupciones frecuentes de clases, escaso involucramiento de algunos estudiantes, y ambientes de aula ruidosos y poco productivos. A ello se suman los coletazos de la pandemia.
¿Qué hacer? No necesitamos una fórmula mágica. Chile ya logró una etapa de mejoramiento sostenido, podemos volver a hacerlo. Debemos invertir en capacidades docentes, condiciones para el aprendizaje y programas de apoyo pedagógico, como hicimos durante los años noventa y comienzos de los 2000. Debemos también mirar a las escuelas y liceos que sí logran buenos aprendizajes, mantienen aulas productivas y consiguen involucrar a sus estudiantes. Sabemos dónde están, démosle la palabra. Finalmente, necesitamos fortalecer las escuelas, construir culturas institucionales favorables al aprendizaje y profesionalizar la gestión. La propia experiencia chilena demuestra que mejorar no es una utopía.
Por Cristián Bellei, CIAE, Universidad de Chile
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