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Wednesday, November 4, 2026

La “ola azul” y los escenarios posibles tras las “midterms”

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Las encuestas llevan meses de lado demócrata, y estas últimas semanas las distancias entre ambos partidos se vienen intensificando. Ahora bien, si la “ola azul” de este martes resulta ser pequeña o enorme, esto podría cambiar el destino de los próximos dos años de Donald Trump en la Casa Blanca.

Si la fuerza del Partido Demócrata puede concebirse como una “ola azul” en ascenso, la ventaja del Partido Republicano radica en que sus miembros en la Cámara de Representantes, y sobre todo sus senadores, ya se encuentran en una posición elevada desde la que “resistir”. La gran incógnita no es si se está formando una gran ola, sino si esta será lo suficientemente potente como para arrollar a los republicanos que ocupan esas posiciones.

Históricamente, las elecciones de mitad de mandato suelen ser desfavorables para el partido del presidente, y en este ciclo, los índices de aprobación del presidente Trump se sitúan entre los más bajos jamás registrados.

En 2024, Estados Unidos se inclinó hacia la derecha, impulsando el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, y permitiendo que el Partido Republicano obtuviera la mayoría tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado. Apenas dos años después, el país parece estar virando en la dirección opuesta.

Una mujer rellena su papeleta en un centro de votación en Chattanooga, Tennessee, Estados Unidos, el 29 de octubre de 2026, días antes de la jornada de las elecciones de mitad de mandato en EE. UU., que tiene lugar el 3 de noviembre. Foto: Xinhua Li Rui

Escenario 1: la súper ola azul

Si la historia sirve de referencia, las elecciones de mitad de mandato suelen favorecer al partido que no está en el poder. Si a esto le sumamos un presidente históricamente impopular, una guerra con Irán que ha elevado los costos para los consumidores, se dan las condiciones para lo que se denomina una “ola electoral”.

Una súper ola azul sobrepasaría las expectativas que vienen creando las encuestas desde hace semanas: los demócratas no solo podrían hacerse con el control de la Cámara de Representantes, sino superar con creces los 218 escaños necesarios para obtener la mayoría. Podrían ganar no solo la docena de contiendas que los analistas electorales consideran “demasiado reñidas”, sino también arrebatar escaños en territorios de tendencia más conservadora.

En el Senado, este escenario requeriría que los demócratas ganaran todas o la mayoría de las contiendas que actualmente están muy disputadas, incluidas algunas en estados tradicionalmente conservadores. Para conquistar la cámara alta, debería ocurrir al menos una victoria sorprendente en un lugar que no ha elegido a un demócrata en toda una generación, como Texas, o, en el caso de Kansas, en casi un siglo.

Si esto llegara a suceder, los demócratas no solo tomarían el control del Senado, sino que lo harían con uno o dos escaños de margen. Esto podría evitar complicaciones derivadas de un posible desafío legal por parte de los republicanos en Alaska. Ahí, un juez acaba de desestimar una demanda de la administración Trump relacionada con la presencia de dos personas llamadas Dan Sullivan en la boleta electoral.

Un resultado de este tipo supondría un duro revés para Trump y su Partido Republicano, dando lugar a dos años de conflicto entre un Partido Demócrata revitalizado, que tendría firmemente en sus manos las riendas del poder legislativo, y un presidente que rara vez rehúye una confrontación.

De ocurrir esta súper ola, un Senado bajo control demócrata puede bloquear proyectos de ley y rechazar los nombramientos presidenciales, incluidos los de jueces federales, magistrados del Tribunal Supremo, miembros del gabinete y embajadores. Por ello, el control del Senado resulta crucial, ya que su influencia se extiende mucho más allá de los próximos dos años. Los jueces federales son nombrados de forma vitalicia, lo que les permite influir en las decisiones judiciales mucho después de que haya concluido el mandato presidencial.

Escenario 2: una modesta ola azul

Quizás las encuestas no estén del todo equivocadas, pero tampoco del todo en lo cierto. En este escenario, es posible que, si bien los demócratas logran hacerse con los escaños más asequibles en la Cámara de Representantes, los suficiente para obtener una mayoría, esta no sea una mayoría holgada.

Esto significaría que los líderes demócratas en la Cámara tendrían que lidiar constantemente con los sectores más radicales de su propio partido, tanto en el ala izquierda como en el centro, para garantizar los votos necesarios para aprobar leyes. En cuanto al Senado, bajo esta hipótesis, los demócratas apenas lograrían arrebatar uno o dos escaños, mientras que las contiendas en los bastiones conservadores quedarían fuera de su alcance.

Para que se materialice este escenario de un “avance demócrata limitado”, la alta participación demócrata observada en la votación anticipada tendría que verse compensada por un repunte republicano el día de las elecciones. Los esfuerzos de Trump por movilizar a su base en los estados republicanos podrían ayudar a su partido a evitar el peor de los escenarios.

El resultado sería un Congreso dividido, lo cual es la receta para el bloqueo político, en que ambos partidos se opondrían a lo que el otro hace. El profesor Todd Belt sostiene que una victoria demócrata podría limitar considerablemente la capacidad de Trump para llevar adelante su agenda interna: “Si los demócratas ganan cualquiera de las dos cámaras, todos los proyectos de ley que no sean de gasto gubernamental quedarán bloqueados”, declaró a Al Jazeera el analista.

Además, los demócratas podrían utilizar sus comités para investigar a la administración Trump. La Cámara de Representantes también posee la facultad de iniciar un proceso de destitución, o “impeachment” contra el presidente, una potestad exclusiva de este órgano. Eso sí, es difícil que este se apruebe, porque requiere de un porcentaje grande de la cámara para aprobarse.

Sobre el futuro del gobierno en este escenario, que es para muchos el más probable, Belt señaló: “Tradicionalmente, los presidentes que se enfrentan a un gobierno dividido durante sus dos últimos años de mandato tienden a centrarse casi exclusivamente en la política exterior. Creo que lo mismo ocurrirá con Trump”.

En teoría, Trump seguiría siendo presidente y conservaría su poder de veto sobre los proyectos de ley. Para anular dicho veto, se requeriría una mayoría de dos tercios en cada una de las cámaras. Por tanto, incluso si los demócratas logran hacerse con la Cámara de Representantes, les resultaría difícil aprobar leyes que vayan en contra de la voluntad de Trump.

Escenario 3: una ola insuficiente

Este escenario implica que los republicanos logren mantener, con gran resiliencia, el control de ambas cámaras del Congreso. Para que esto suceda, las encuestas, que en el pasado han subestimado el apoyo a Trump, tendrían que estar equivocadas, y la mayoría de las contiendas electorales reñidas tendrían que inclinarse a favor de los republicanos.

No solo sería necesario que los votantes republicanos acudieran a las urnas en cifras sorprendentemente altas, sino que también los votantes independientes y los hispanos, quienes, al parecer, habían empezado a rechazar las políticas de Trump, tendrían que terminar inclinándose a su favor.

Si esto llegara a ocurrir, Trump podría, el miércoles por la mañana, proclamar un mandato electoral renovado y avanzar con su agenda de política nacional y exterior, contando con el respaldo continuo de un Congreso en manos de los republicanos.

De todos modos, no hace mucho tiempo, las encuestas para las midterms decepcionaron.En 2022, durante el gobierno de Biden, se hablaba de una “ola roja”. Sin embargo, el partido republicano no conquistó los escaños que las encuestas le vaticinaban: se quedaron sin el control del Senado, y ganaron una mayoría muy estrecha en la Cámara de Representantes.

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