El pragmatismo internacional de Kast para moverse entre aliados y adversarios ideológicos
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La escena ocurrió durante la comida de la inauguración de la Cumbre Iberoamericana en Madrid. El mandatario José Antonio Kast conversaba con Francina Armengol, presidenta del Congreso de los Diputados y militante del PSOE, cuando le comentó que una de sus primeras actividades en España había sido un almuerzo con Santiago Abascal, líder de Vox y adversario de Pedro Sánchez, a quien enfrentará en las elecciones de noviembre.
Según presentes, a Armengol le sorprendió que, aunque sabía que Kast era de derecha, no lo asociaba al perfil de dirigentes cercanos a Abascal y, a la vez, lo veía dispuesto a conversar con naturalidad con representantes de otro signo político.
El episodio refleja el estilo que Kast busca imprimirle a sus relaciones internacionales: un trato directo y distendido con dirigentes de distintas sensibilidades. En La Moneda buscan distinguirlo de la imagen confrontacional de exponentes de la nueva derecha latinoamericana, como Javier Milei, Abelardo de la Espriella o Nayib Bukele.
Su paso por España mostró esa dualidad. Kast se reunió con Abascal; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y Alberto Núñez Feijóo, líder del Partido Popular, pero también consideró relevante concretar una reunión de trabajo con Sánchez, pese a las diferencias políticas.
Era una oportunidad para hacer visible que los vínculos institucionales no quedan supeditados a las afinidades políticas. Esa misma lógica se expresó en la intervención de Kast ante el plenario de la cumbre, donde optó por un discurso centrado más en lo institucional y sobrio, sin entrar en controversias ideológicas. Un registro que contrastó con el de Milei, quien en la misma instancia equiparó al socialismo con el fascismo, en una alusión dirigida a uno de los anfitriones: Sánchez.
En Palacio descartan que esa forma de relacionarse busque posicionar a Kast como líder de la derecha regional. Aunque hoy Latinoamérica tiene mayoría de gobiernos de derecha y centroderecha, la intención es mantener interlocución con todos, sin importar su signo político. Y si eso le otorga algún tipo de liderazgo, dicen, será consecuencia de su gestión y no un objetivo deliberado de La Moneda.
Esa directriz también se expresó en la última elección en Brasil. Pese a su cercanía con la familia Bolsonaro, Kast abrió un canal de diálogo con Luiz Inácio Lula da Silva antes de asumir.
Tras el triunfo del brasileño, se distinguió de Milei: reconoció rápidamente el resultado y se comunicó con Lula para felicitarlo.
Durante su paso por el Vaticano, un periodista del medio Estadão lo abordó por ese vínculo. “Él ganó la elección y pude comunicarme con él. Ha sido una relación muy buena, permanente en el tiempo y estable”, respondió.
La próxima parada será la APEC, a mediados de noviembre, donde Kast coincidirá con los principales líderes de Asia-Pacífico.
El embajador chino Niu Qingbao ya anunció un encuentro de Kast con Xi Jinping, un líder en las antípodas de su proyecto político y con quien Chile mantiene asuntos pendientes. Entre ellos está el cable submarino impulsado por China, que ha tensionado la relación con Estados Unidos y pondrá a prueba la capacidad del presidente para equilibrar su relación con ambas potencias.
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