Malvinas y una reflexión sobre el documental "Los vencedores": mirar a los isleños de carne y hueso

Los vencedores, de Pablo Aparo (Buenos Aires, 1986), es una película sobre Malvinas. No es estrictamente sobre la guerra, ni sobre la soberanía, aunque está atravesada por ellas. Es, sobre todo, una película sobre un encuentro. Y por eso resulta tan poco frecuente.
Durante décadas los argentinos hablamos sobre las islas. Las convertimos en causa nacional, en herida abierta, en símbolo de la dictadura, en bandera, en duelo irresuelto. Malvinas ocupa un lugar singular en nuestra historia. Pero en ese largo proceso ocurrió algo paradójico. Salvo en momentos muy puntuales de esta larga historia, cuanto más hablamos de las islas, menos pareció importar la gente que vive en ellas.
Los viejos mapas solían señalar los territorios desconocidos con advertencias. Hic sunt dracones: “Aquí hay dragones”. Hic sunt leones: “Aquí hay leones”. Eran fórmulas para nombrar la incertidumbre de los vacíos en los mapas y, al mismo tiempo, para mantenerla a distancia. Tengo la impresión de que durante mucho tiempo los argentinos construimos una leyenda semejante para pensar Malvinas.

Podríamos escribirla en latín: hic sunt insulani, para seguir esa antigua fórmula cartográfica: "Aquí viven los isleños". No porque ignoremos su existencia, sino porque solemos conocerlos a través de imágenes prefabricadas. Son los “kelpers”: para los argentinos, ocupantes británicos, agentes del colonialismo, obstáculos para la negociación o implantados, todo según la posición política de quien los describa. En todos los casos, aparecen antes como argumento que como experiencia humana.
La película de Pablo Aparo se interna precisamente en ese territorio aparentemente desconocido. El punto de partida parece sencillo. Un director argentino viaja a las islas para registrar las marcas de la guerra. Pero lo que emerge no es un documental sobre el conflicto, a los que estamos más acostumbrados, sino sobre las personas que conviven con su recuerdo y habitan ese territorio tan caro en nuestras memorias. Los paisajes, los cementerios, las marcas materiales de la guerra están allí, pero ocupan un segundo plano frente a las conversaciones, los silencios y los vínculos que se establecen con quienes viven en las islas.

La elección es significativa porque desafía una costumbre profundamente arraigada. Los isleños suelen aparecer en el debate argentino como una abstracción. Aquí "los kelpers" se transforman en personas de carne y hueso, y así la simplificación deja paso a una realidad mucho más compleja. Pasan a ser sujetos históricos concretos, con memorias, temores, experiencias y contradicciones propias.
Uno de los mayores méritos de Los vencedores consiste en mostrar esa complejidad sin disolverla. Los isleños que aparecen en la película no son representantes de una causa ni portadores de una verdad alternativa. Son personas atravesadas por una historia específica: la de una comunidad pequeña, marcada por la guerra de 1982, por su vínculo con Gran Bretaña y también por décadas de distancia, desconfianza y desencuentros con la Argentina. Escucharlos no elimina esas tensiones. Las vuelve más visibles. Tampoco les da la razón: solo agrega complejidad al recuerdo y al problema.

Por momentos, la película parece registrar el descubrimiento mutuo de dos mundos que durante mucho tiempo se observaron a través de prejuicios recíprocos. No hay reconciliaciones fáciles ni revelaciones espectaculares. Lo que aparece es algo más valioso: la experiencia concreta de la conversación. En tiempos de consignas rápidas y posiciones inamovibles, no deja de ser una apuesta política.
Una de las dificultades más profundas de la imaginación argentina respecto de Malvinas consiste en pensar a los isleños fuera de los estereotipos. No como obstáculos para una reivindicación ni como personajes secundarios de una historia escrita en otro lugar, sino como habitantes de las islas, atravesados por procesos históricos que también merecen ser comprendidos. Matt, el isleño con quien más tiempo comparte Aparo, el director, parece un estereotipo: no quiere a los argentinos, se reivindica falkland islander (malvinense). Junto con sus padres y su hermana, fue uno del centenar y pico de isleños encerrado en el Salón público de Darwin-Goose Green durante lo que ellos llaman “la ocupación” argentina. Es decir, también vivió la guerra, algo que no solemos tener en cuenta. Porque si los argentinos tardamos años en reconocer el dolor de los familiares, en incluir la historia de las mujeres atrasadas por el conflicto, ¿cómo pedirnos tener en cuenta a quienes consideramos usurpadores? Pero allí están esas historias también.

Los vencedores no resuelve ese problema. Ninguna película podría hacerlo. Pero contribuye a formular mejor la pregunta. Y eso no es poco.
Pablo Aparo comenta que regresó de las islas con más preguntas que certezas. La frase podría funcionar como definición de la mejor tradición documental, pero también del oficio del historiador. Las preguntas verdaderamente importantes son aquellas que vuelven extraño lo que creíamos conocer.

Capítulo aparte, pues quien esto escribe es historiador, y no crítico de cine, es la fotografía extraordinaria, que realza la belleza de ese paisaje amorosamente hostil y duro, de esos espacios inmensos que invitan a la introspección. Destacable el uso de los silencios y los encuadres en las entrevistas. Cualquier espectador argentino con la mínima curiosidad y honestidad intelectual debería terminar de ver la película colmado de preguntas.

El aporte de Los vencedores no consiste en ofrecer una nueva respuesta sobre Malvinas. Tampoco en proponer fórmulas para resolver un conflicto que lleva casi dos siglos. Su contribución es más modesta y, precisamente por eso, más valiosa. Nos recuerda que detrás de las consignas, de los mapas y de las posiciones diplomáticas existe una sociedad concreta. Comprenderla no equivale a aceptar sus argumentos ni a renunciar a los propios. Pero difícilmente pueda pensarse un futuro para la cuestión Malvinas sin un conocimiento más profundo de quienes viven allí. Tal vez sea esa la pregunta que la película deja flotando cuando termina. Y como ocurre con las mejores preguntas, no parece destinada a desaparecer con los créditos finales.
*Los vencedores se proyecta el 7, 21 y 28 de noviembre, a las 22, en Malba Cine, Figueroa Alcorta 3415.
*Federico Lorenz es historiador e investigador especializado en historia argentina reciente y en la Guerra de las Malvinas. Dirigió el Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur hasta septiembre de 2018. Su último libro es Malvinas. Una guerra argentina.
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